domingo, 15 de agosto de 2010

Atletismo: El duelo que nunca fue

Siempre que se acerca un congreso del Comité Olímpico Internacional (IOC), empiezan los esfuerzos de varios deportes por lograr su aceptación dentro del programa olímpico.
Esta semana se publicó que el softbol rechazó una propuesta de la Federación Internacional de Beisbol por buscar de manera conjunta regresar al programa olímpico, del cual estarán ausentes en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, pero será hasta el año 2013 cuando se determine qué competencias formarán parte de esos juegos.
Una noticia que llamó mucho más mi atención, es que la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo (IAAF) ha lanzado la propuesta de que la carrera a campo traviesa sea admitida dentro del programa olímpico… de invierno.
El cross country formó parte del programa olímpico veraniego hasta Paris 1924, pero las extremas condiciones del clima, que provocaban desmayos e insolaciones frecuentes entre varios competidores, motivaron su exclusión, manteniéndose sólo como la última de las 5 pruebas del pentatlón moderno. No obstante, la Copa Mundial de la especialidad se mantiene vigente y atrae a gran cantidad de espectadores donde se desarrolla.
Se espera que el IOC determine si la disciplina será aceptada o no durante su congreso de julio del año próximo en Durban, Sudáfrica, donde se dará a conocer la sede de los juegos invernales del año 2018.
A mí me encantaría que esta disciplina fuera aceptada por un aspecto poco comentado: por ver si Finlandia decide volver por sus fueros en el atletismo de gran fondo.
Hoy en día muchos aficionados jóvenes seguramente no lo recuerdan, pero antes de que los corredores de África (particularmente, de Kenya, Etiopía, Argelia y Marruecos) empezaran a dominar casi a placer las carreras atléticas, desde los 1,500 metros hasta la maratón, los mandones en estas distancias eran precisamente los finlandeses.
Aquel dominio inició con el legendario Hannes Kohlemainen, quien se convirtió en una figura incluso histórica para su país. Sus éxitos en los juegos olímpicos de Estocolmo 1912, en los que Finlandia recibió un permiso especial para competir por separado pese a ser todavía una provincia de Rusia, fueron una gran motivación para los movimientos independentistas finlandeses. Se cuenta que cuando ganó y se izó la bandera de la Rusia zarista, él declaró “habría preferido perder, para no tener que ver esa bandera”.
Kohlemainen ganó los 5 mil, 10 mil metros y cross country en Estocolmo, y ya con su país plenamente independiente, regresó en Amberes 1920 a ganar la Maratón.
En el período entre las dos guerras mundiales, pocos eran los que podían retar a los fineses en las grandes distancias. Al nombre del sucesor de Kohlemainen, el gran Paavo Nurmi, se fueron sumando los Ville Ritola, Harri Larva, Eino Purje, Lauri Lehtinen, Lauri Virtanen, Albin Stenroos, Martti Martelin,Volmari Iso-Hollo, Armas Toivonen, Ilmari Salminen, Gunnar Hockert, Arvo Askola…
Sin embargo, algo sucedió después de la II Guerra Mundial, que los finlandeses tuvieron poca trascendencia en el gran fondo, apenas con una medalla de bronce de Veikko Karvonen en la Maratón de Melbourne ’56.
Durante los 70s, Pekko Vasala y Laase Viren dieron alguna esperanza al atletismo finlandés de regresar por sus glorias pasadas, cuando el primero ganó el oro en los 1,500 metros de Munich ’72, y el segundo se proclamó bicampeón de 5 mil y 10 mil metros esos juegos y en Montreal ’76.
Pero eso terminó siendo el “canto del cisne”. Una vez que los africanos se consolidaron como los mandones del gran fondo, los finlandeses prácticamente desaparecieron incluso a nivel continental, donde los británicos, franceses, rusos y hasta los españoles se convirtieron en las nuevas potencias.
A mí me interesaría mucho ver si, ante el dominio físico de los africanos pero en una superficie que favorece a los escandinavos, Finlandia por fin se decide a retomar el sitial que alguna vez le perteneció. La memoria de Kohlemainen y todos los que le siguieron bien lo valdría, ¿no creen?

miércoles, 11 de agosto de 2010

Atletismo: Que se investiguen las secuelas

Hace un par de días, el cuerpo sin vida de Antonio Pettigrew fue encontrado en el asiento trasero de su automóvil, aparentemente por una sobredosis de somníferos.
Su muerte debería abrir un debate amplio sobre uno de los aspectos olvidados dentro de la actual era del dopaje que aqueja al deporte profesional: ¿qué rehabilitación se ofrece a los atletas después de su admisión y penalidad por el uso de este tipo de sustancias?
Pettigrew resulta un caso notable dentro de esta lucha, ya que es de los pocos atletas que admitió de motu propio su culpabilidad y que decidió tomar parte activa como vocero en la lucha contra el doping. Ello le significó conservar su puesto como asistente de entrenador de atletismo dentro del programa atlético de la Universidad de Carolina del Norte (UNC).
“No me arrepiento de la determinación en absoluto, pero en retrospectiva debo admitir que la sigo viendo como una de las decisiones más difíciles que haya tenido que tomar en mi vida”, admitió el Director Atlético de UNC, Dick Baddour, quien agregó que “nos permitió observarlo directamente. Estaba realmente arrepentido, y era muy abierto u honesto respecto de lo que hizo, y toda la gente con la que platicamos así nos lo confirmó”.
Si en un caso como el de Pettigrew, quien aparentemente tuvo el mayor de los arrepentimientos, se presentó este tipo de desenlace, ya sea por suicidio o por accidente, ¿qué problemas internos no pasarán los atletas que se niegan a reconocer su problema, y que esto incluso pueda ser un indicio de que han caído en una adicción irreversible?
Antonio prometía ser el gran rival de Michael Johnson en los 400 metros planos, y al menos así parecía durante el III Campeonato Mundial de Atletismo efectuado en Tokio, Japón, en 1991. Conquistó el oro en el evento individual, con un crono de 44.57 segundos para superar al británico Roger Black (44.62) y a su compatriota Danny Everett (44.63). Fue además el ancla del relevo 4x400 que se llevó la medalla de plata en los mismos juegos, perdiendo por apenas 4 centésimas de segundo ante el relevo británico (2:57.57 contra 2:57.53 de los vencedores).
Sin embargo, el ascenso meteórico de Johnson relegó a todos sus contemporáneos, incluído Pettigrew, a un segundo plano. Por ello resultó tan extraño el casi milagroso retorno que tuvo a partir de 1997, logrando formar parte de la posta estadounidense de 1600 metros en los Mundiales de Atletismo de 1997, ’99 y 2001, así como los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.
Lamentablemente, el tiempo demostraría que logró tal resurgir gracias a los químicos del tristemente célebre laboratorio BALCO.
Tanto él como Jerome Young fueron encontrados culpables de doping positivo durante el caso BALCO, lo que significó la anulación y pérdida de medallas de los relevos norteamericanos en todos los eventos arriba citados.
Así pues, el caso de Pettigrew debería ser una llamada de alerta sobre las secuelas no sólo físicas, sino también de personalidad, que las sustancias prohibidas pueden dejar en los atletas, y que pueden manifestarse incluso muchos años después.
Pero… ¿se hará?

lunes, 9 de agosto de 2010

NFL: ¿Y los otros 5, qué?

Una nueva clase ha sido inducida al Salón de la Fama del Futbol Americano Profesional en Canton, Ohio, y desde luego, hemos escuchado continuamente que es encabezada por Jerry Rice y Emmitt Smith, respectivamente líder receptor y líder corredor de todos los tiempos en la historia de la NFL.
Son sin duda elogios más que merecidos para dos jugadores que hicieron época en la liga y que llegan a Canton en su primer año de elegibilidad, pero, ¿por qué nadie se ha tomado la molestia de comentar a la afición, en los medios electrónicos, quienes fueron los restantes cinco miembros de esta generación?
Son pocos los años en que se elige al máximo de 7 jugadores que pueden cada año formar parte del recinto de los inmortales, y sólo la presencia de Rice y Smith ya daría un sólido prestigio a este grupo; sin embargo, esta clase no es considerada ya "una de las más sólidas en la historia del recinto de los inmortales" nada más por ellos dos. Los otros cinco también tienen grandes historias que contar.
Y quizás la más grande de todas sea la de Dick LeBeau, quien fuera uno de dos seleccionados por el Comité de Veteranos.
Fueron 32 años los que LeBeau tuvo que esperar para ingresar a Canton como jugador, aunque hoy en día es reconocido como una de las mejores mentes defensivas. En una época donde casi todos sus contemporáneos han sido desechados por "viejos", LeBeau se ha mantenido como uno de los más respetados coordinadores defensivos en la NFL.
LeBeau todavía le tocó la era de la substitución limitada en las filas colegiales, donde formó parte del equipo de la Universidad Estatal de Ohio que logró el título nacional de 1957 bajo la dirección de Woody Hayes, jugando como esquinero y corredor.
Sus 14 años dentro de la NFL los jugó con los Leones de Detroit, conformando una de las mejores duplas de cornerbacks en la historia de la liga con Dick "El Tren Nocturno" Lane. A la fecha, LeBeau se mantiene dentro de los 10 mejores interceptores de todos los tiempos, pues tomó 62 envíos de los pasadores contrarios a lo largo de su carrera.
Como asistente ha pasado a la historia como creador del sistema "Zone Blitz" (Carga de Zona), que llevó a los Acereros de Pittsburgh a ganar las ediciones XL y XLIII del Super Bowl. Es tan querido por sus jugadores que ha recibido el mote de "Coach Dad" (Entrenador Papá). Absolutamente todo el equipo actual de los Acereros estuvo presente en Canton para su inducción.
El otro seleccionado por el Comité de Veteranos fue el famoso "zambo", Floyd Little, quien fue tres veces All-American con la Universidad de Syracuse, en la que tuvo que seguir los pasos de un backfield integrado ni más ni menos que por Jim Brown (considerado por muchos el mejor jugador de todos los tiempos en la NFL) y Ernie Davis (el primero jugador de raza negra que logró ganar el Trofeo Heisman).
Little fue la sexta selección global del primer draft conjunto NFL-AFL en 1967, y fue la primer selección de primera ronda que accedió firmar un contrato con los Broncos de Denver, la franquicia más perdedora en los 10 años de vida de la Liga Americana. Little fue apodado simplemente "La Franquicia", pues sus actuaciones frenaron por fin frecuentes rumores de que los Broncos serían trasladados a otra ciudad.
Pese a ser la única verdadera amenaza en el ataque de los de Colorado, Little fue líder corredor de la Conferencia Americana en 1970 (901 yardas en 209 acarreos) y de toda la NFL en 1971 (1,133 yardas en 284 intentos), siendo ese año el primer corredor en la historia de Denver en rebasar las mil yardas en una temporada.
A lo largo de 9 campañas profesionales acumuló 1,641 acarreos para 6,323 yardas (séptimo mejor de la historia al momento de su retiro) y 43 touchdowns. Fue parte de los fundadores del anillo de honor de los Broncos, y su número 44 fue el primero que retiro esta franquicia en su historia.
John Randle es uno de los pocos jugadores que llegaron a la NFL como novato agente libre que logra su ingreso al Salón de la Fama, egresado de la Universidad de Texas A&I (la misma de la que salió el back defensivo Darrell Green), Randle es el tackle defensivo que ha logrado más capturas de QB en la historia de la liga (137.5), una hazaña que tiene triple mérito, dado que por lo general los tackles son los que abren camino para que los alas y linebackers externos logren las capturas, y además Randle fue menospreciado en todo el draft por su baja talla para un tackle defensivo (1.85 m).
Rickey Jackson tuvo una relevante trayectoria universitaria en la Universidad de Pittsburgh, pero fue pasada por alto al ser conocido como "el otro ala", pues del lado contrario se encontraba uno de los mejores alas defensivos en la historia de la NCAA, Hugh Greene, el liniero defensivo que ha estado más cerca de ganar el trofeo Heisman. llegó a la NFL en la segunda ronda del draft de 1981, y fue tomado en el turno global 51 por los Santos de Nueva Orleans, es el primero de los cuatro miembros de la renombrada "Dome Patrol" que llega al Salón de la Fama, y de hecho el primer jugador que jugó sus mejores años en la liga con los Santos que es admitido en el recinto. Jugó con los de Louisiana hasta 1993, y en sus últimos dos años pasó a los 49ers de San Francisco, donde ganó el único anillo de Super Bowl en su carrera, en la edición XXIX.
Russ Grimm fue coequipero de Jackson en la Universidad de Pittsburgh. Se el conoció como "El Cerdo de Listón Azul" en la histórica línea ofensiva de los Pieles Rojas de Washington de los 80s y principios de los 90s, pues fue el único miembro de esa unidad que fue All-American universitario.
Fue tomado en el turno global 69 del mismo draft de 1981, y uno de los pocos guardias ofensivos que han llegado a Canton. Ganó tres Super Bowls con los Pieles Rojas, y uno más como coach de línea ofensiva de los Acereros, de hecho en el mismo staff que LeBeau. Fue el último candidato desechado por Pittsburgh para ocupar la vacante dejada por Bill Cowher como entrenador en jefe, puesto que fue finalmente otorgado a Mike Tomlin. Tras ello, Grimm decidió seguir al penúltimo candidato desechado, Ken Whisenhunt, para integrar el staff de los Cardenales de Arizona que perdió el Super Bowl XLIII ante los Acereros de Tomlin.
Sin duda, más allá de Rice y Smith, esta clase tiene nombres con méritos suficientes para hacer de ésta una clase memorable.