Anoche, me resultó muy reconfortante ver a un Bud Grant entero, a sus 83 años de edad, cargado en hombros por sus ex pupilos de los Vikingos de Minnesota, al aire libre en el Estado de la Universidad de Minnesota, a menos de cinco grados bajo cero, como sus Vikingos tantos años jugaron en aquella extraordinaria, para la historia de la franquicia púrpura, década de los 70s.
Por ello, me causó tanto impacto el enterarme esta mañana que, a los mismos 83 años de edad, y luego de una prolongada enfermedad, ha fallecido Enzo Bearzot.
Curiosamente fallece un 21 de diciembre, exactamente en el aniversario 42 de la muerte de Vittorio Pozzo.
Fueron 44 años los que el pueblo italiano tuvo que esperar, desde que Pozzo guiara a los azzurri a la conquista del bicampeonato en Francia ’38, para que Bearzot los llevara a reconquistar la supremacía del futbol mundial.
Pero en cierto sentido, ese título fue por muchos aspectos más meritorio. No hubo detrás un dictador ordenando “si usted no gana, que Dios lo ampare”, ni allanando el camino en base a arbitrajes amañados y permitiendo el juego sucio; hubo en cambio un sonado escándalo de apuestas que amenazó con desmantelar al equipo que, en todo caso, fue una decepción para la prensa local durante la Eurocopa de 1980, donde los italianos fueron anfitriones y tuvieron que conformarse con un cuarto lugar, quedando detrás de la desconocida Bélgica en su grupo eliminatorio, y perdiendo el tercer puesto en una prolongada tanda de penalties ante Checoslovaquia.
En medio, Italia tuvo que sufrir la devastación de una Guerra Mundial en la que estuvo del lado perdedor, la tragedia aérea de Superga en la que perdieron a la base del equipo que pudo darles la propiedad de la Copa Jules Rimet, 20 años antes de que fueran los brasileños los que finalmente la conquistaron, a costa de ellos mismos en la gran final disputada en el Estadio Azteca.
Ello sin contar con las acérrimas críticas del resto del mundo futbolístico por la creación y desarrollo del infausto sistema táctico del “catenaccio”, del cual, al paso de los años, se derivaría la inmortal frase de un igualmente célebre entrenador mexicano: “El que quiera divertirse en el futbol, mejor que se vaya al circo”.
La Italia de Bearzot calificó al mundial de España ’82, el primero en dar 24 boletos a la fase final en vez de los 16 que eran tradicionales, en el segundo lugar del Grupo 5 de la eliminatoria europea, por detrás de Yugoslavia.
Tras las críticas por ello, por convocar a Paolo Rossi pese a un año de inactividad por el escándalo de apuestas, y una primera fase mundialista que lograron librar con tres magros empates, y ni siquiera por diferencia de goles, sino por un gol más a favor que Camerún (mismo que le fue robado a los africanos en su partido ante Polonia), Bearzot fue de los primeros entrenadores en crear la figura del “silencio notocioso”, convirtiendo a la concentración de su equipo en un auténtico “bunker”, pero decidido a flotar o hundirse con sus decisiones.
Nadie daba la más mínima oportunidad a Italia en el Grupo “C” de la segunda fase, disputado en el diminuto (para las exigencias de un Mundial) Estadio de Sarriá, en Barcelona, y donde quedaron emparejados con los campeones mundiales de Argentina, dirigidos por César Luis Menotti y ya contando con Diego Maradona, y el únánime favorito para llevarse la corona, Brasil, dirigido por Telé Santana y que en la primera fase lograra tres victorias, con 10 goles a favor y sólo dos en contra.
Luego de un triunfo ante Argentina por 2-1 que ya parecía suficientemente milagroso, enfrentaron a Brasil con el hándicap de que un empate daba el pase a semifinales a los amazónicos… tal como en 1950, cuando un empate les daba la Copa del Mundo ante Uruguay.
Y como en 1950, recibiendo un gol en los instantes finales, Brasil regresó a casa con las manos vacías. Paolo Rossi anotó tres goles esa tarde para llevar a los azzurri a la semifinal, y dos más en esa instancia ante Polonia, con la que habían empatado a cero en la primera fase, para estar, contra todo pronóstico y toda lógica, en la gran final ante la República Federal de Alemania, que se había llevado la Eurocopa anterior en el propio territorio italiano, y que en la semifinal ante Francia demostró que apelaría a lo que fuera para coronarse, como la artera agresión de Harald Schumacher a Patrick Battiston dejó más que claro.
Sin embargo, una vez que Rossi abrió el camino con su sexto gol consecutivo, mismo que le dio el campeonato de goleo individual del torneo, sólo hubo un equipo en la cancha. De la mano del veterano arquero Dino Zoff, la RFA se convirtió en el primer equipo en ser dejado en cero en una final de Mundiales. Italia ganó 3-0, y conquistó así uno de los más improbables títulos mundiales en la historia.
Bearzot se retiraría de la selección tras el fracaso en la defensa de su título en México ’86. No regresó al futbol hasta 2002, cuando fue nombrado presidente del Sector Técnico de la Federación Italiana de Futbol (FIGC), cargó que dejó en 2005.
Descanse en paz.
martes, 21 de diciembre de 2010
lunes, 20 de diciembre de 2010
NFL: Injugable…
El campo del TCF Bank Stadium, casa habitual del equipo de futbol americano de la Universidad de Minnesota, ha sido calificado de “injugable”.
Lo peor es que la declaración fue hecha por un pateador de despeje, cuyo sueldo actual, incluso con el ajuste inflacionario, sobraría para pagar el salario que, en su momento, recibía una de las líneas defensivas más poderosas en la historia de la NFL, y que no se limitó a jugar en un campo “injugable”, sino que en ese campo labró su camino para disputar cuatro Super Bowls.
Cierto, no ganaron ninguno, pero ¿a cuántos super bowls ha llegado el plantel actual?
El vetusto Estadio Metropolitano de Bloomington cerró sus puertas en 20 de diciembre de 1981, con una derrota de los Vikingos ante los Jefes de Kansas City por 10-6. Fueron 21 torneos los que los Vikingos jugaron en ese escenario, antes de emigrar en 1982 al confortable “Hubert H. Humphrey Metrodome”, un estadio con un techo inflable calificado en su momento como una pesadilla para los beisbolistas, pero un sueño para los jugadores de futbol americano.
Quienes tuvimos la oportunidad de ver partidos en el viejo estadio al aire libre, no olvidaremos aquellas escenas, con las porristas entrando al campo en trineos empujados por perros huskies, con un ataque terrestre de poder encabezado por Chuck Foreman siguiendo el bloqueo de Brent McClanahan, e incluso un QB adelantado a su tiempo, que se las arreglaba para encontrar a receptores tan espectaculares como Ahmad Rashad y Sammy White, en la persona del hoy miembro del Salón de la Fama, Fran Tarkenton.
Incluso, en ese estadio injugable, el despejador Neil Clabo llegó a integrar el segundo equipo All-Pro en 1975. ¿Tiene Kluwe alguna réplica para eso?
Carl Eller, Allan Page y Jim Marshall fueron por varios años los ejes de la línea defensiva conocida conocida como “The Purple People Eaters” (Los Caníbales Púrpura). Tanto tiempo pasaron juntos y en activo, que incluso recibieron los apodos de “Tutankamen”, “Ramsés” y “Matusalem”, respectivamente.
Marshall incluso era el poseedor del récord de partidos consecutivos para un jugador de campo que Brett Favre rompiera hace unos cuantos años. La mayoría de esos juegos fueron precisamente en el Metropolitano.
Bud Grant, el Head Coach de los Vikingos de 1967 a 1983, retiraba los calentadores de las laterales y prohibía a sus jugadores utilizar guantes. Consideraba que el clima inhóspito debía ser una ventaja para su equipo, y sus resultados así lo avalaron.
“Sabíamos que a cierta hora, la bruma de los grandes lagos subía al estadio, así que entrábamos al campo y empezábamos a invocar ‘Odín… Odín…’. Era algo que ya sorprendía y espantaba a los rivales”, comentaba Marshall, una de las más inexplicables ausencias en el Salón de la Fama de Canton, en un documental.
Pocos equipos lo tuvieron más difícil en esos años que los Carneros de Los Angeles. Cuatro veces llegaron los dirigidos por Chuck Knox a Bloomington en calidad de favoritos, y cuatro veces se fueron con las manos vacías.
Tal vez, y sólo tal vez, ese “aburguesamiento” de los Vikingos tenga algo que ver con esa maldición que parece perseguirlos, desde que Gary Anderson fallara aquel gol de campo que impidió a los Vikingos llegar al Super Bowl XXXIII cuando eran muy amplios favoritos… hace ya 12 años.
Lo peor es que la declaración fue hecha por un pateador de despeje, cuyo sueldo actual, incluso con el ajuste inflacionario, sobraría para pagar el salario que, en su momento, recibía una de las líneas defensivas más poderosas en la historia de la NFL, y que no se limitó a jugar en un campo “injugable”, sino que en ese campo labró su camino para disputar cuatro Super Bowls.
Cierto, no ganaron ninguno, pero ¿a cuántos super bowls ha llegado el plantel actual?
El vetusto Estadio Metropolitano de Bloomington cerró sus puertas en 20 de diciembre de 1981, con una derrota de los Vikingos ante los Jefes de Kansas City por 10-6. Fueron 21 torneos los que los Vikingos jugaron en ese escenario, antes de emigrar en 1982 al confortable “Hubert H. Humphrey Metrodome”, un estadio con un techo inflable calificado en su momento como una pesadilla para los beisbolistas, pero un sueño para los jugadores de futbol americano.
Quienes tuvimos la oportunidad de ver partidos en el viejo estadio al aire libre, no olvidaremos aquellas escenas, con las porristas entrando al campo en trineos empujados por perros huskies, con un ataque terrestre de poder encabezado por Chuck Foreman siguiendo el bloqueo de Brent McClanahan, e incluso un QB adelantado a su tiempo, que se las arreglaba para encontrar a receptores tan espectaculares como Ahmad Rashad y Sammy White, en la persona del hoy miembro del Salón de la Fama, Fran Tarkenton.
Incluso, en ese estadio injugable, el despejador Neil Clabo llegó a integrar el segundo equipo All-Pro en 1975. ¿Tiene Kluwe alguna réplica para eso?
Carl Eller, Allan Page y Jim Marshall fueron por varios años los ejes de la línea defensiva conocida conocida como “The Purple People Eaters” (Los Caníbales Púrpura). Tanto tiempo pasaron juntos y en activo, que incluso recibieron los apodos de “Tutankamen”, “Ramsés” y “Matusalem”, respectivamente.
Marshall incluso era el poseedor del récord de partidos consecutivos para un jugador de campo que Brett Favre rompiera hace unos cuantos años. La mayoría de esos juegos fueron precisamente en el Metropolitano.
Bud Grant, el Head Coach de los Vikingos de 1967 a 1983, retiraba los calentadores de las laterales y prohibía a sus jugadores utilizar guantes. Consideraba que el clima inhóspito debía ser una ventaja para su equipo, y sus resultados así lo avalaron.
“Sabíamos que a cierta hora, la bruma de los grandes lagos subía al estadio, así que entrábamos al campo y empezábamos a invocar ‘Odín… Odín…’. Era algo que ya sorprendía y espantaba a los rivales”, comentaba Marshall, una de las más inexplicables ausencias en el Salón de la Fama de Canton, en un documental.
Pocos equipos lo tuvieron más difícil en esos años que los Carneros de Los Angeles. Cuatro veces llegaron los dirigidos por Chuck Knox a Bloomington en calidad de favoritos, y cuatro veces se fueron con las manos vacías.
Tal vez, y sólo tal vez, ese “aburguesamiento” de los Vikingos tenga algo que ver con esa maldición que parece perseguirlos, desde que Gary Anderson fallara aquel gol de campo que impidió a los Vikingos llegar al Super Bowl XXXIII cuando eran muy amplios favoritos… hace ya 12 años.
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viernes, 17 de diciembre de 2010
Futbol: Reivindicación africana, desastre mexicano.
En unas cuantas horas, el club africano Tout Puissant Mazembe, de la República Democrática del Congo, estará enfrentando al poderoso Internazionale de Milán en la gran final del Campeonato Mundial de Clubes, evento que hace 10 años ocupó el lugar de la Copa Intercontinental para involucrar a los campeones de las demás confederaciones afiliadas a la FIFA, dado que este último torneo estaba reservado para los campeones de las confederaciones europea (UEFA) y Sudamericana (Conmebol).
Y quien me diga que el triunfo del conjunto congoleño sobre el Inter de Porto Alegre en la ronda semifinal, no es la mayor sorpresa en la historia de cualquiera de los dos eventos, será bienvenido a un sabroso debate.
Tras la decepcionante actuación que tuvieron las naciones del continente negro durante el reciente mundial en casa, en el que sólo Ghana logró superar la primera fase, muchos expertos de UEFA y Conmebol (y algunos de CONCACAF, por supuesto), proclamaron el inicio del declive del balompié africano. Ahora, el desempeño de este club crea esperanzas en que esta gran cantera esté de regreso y se fortalezca en los próximos años.
El T.P. Mazembe nació en 1939, cuando su país todavía era una colonia de Bélgica, bajo el nombre de Holy Georges F.C., bajo el auspicio de una orden de monjes de la órden benedictina. En 1944 fue rebautizado como Holy Paul F.C. Años después, cuando la orden religiosa dejó la administración del equipo a una firma llantera, el equipo asumió el nombre de F.C. Englebert, agregando años más tarde el término “Tout Puissant” (Todo poderoso) a su nombre.
Tras la independencia, en 1960, del entonces denominado Congo-Kinshasa (llamado así para distinguirlo del Congo-Brazzaville, que era colonia francesa), el Club Englebert empezó a reestructurarse. Durante la dictadura de Mobutu Sese Seko, quien incluso cambió la denominación del país por la de Zaire, el equipo adoptó el nombre nativo de T.P. Mazembe.
En 1974, “Los Cuervos”, mote del equipo, aportaron 7 jugadores a la selección de Zaire que fue la primera del Africa negra en calificar a una fase final de Copa del Mundo, en Alemania ’74. Antes, solo dos naciones del norte del continente había estado presentes: Egipto (Italia ’34) y Marruecos (México ’70).
El equipo nacional, bajo la dirección del técnico yugoslavo Blagoja Vidinic, tuvo una desastrosa actuación, recibiendo 16 goles en apenas tres partidos, sin lograr un tanto a favor en sus duelos ante Escocia (0-2), Yugoslavia (0-9) y Brasil (0-3). Aquel partido ante los yugoslavos igualó la marca de la mayor goleada en la historia de los mundiales en ese momento.
El contingente del Mazembe en aquel mundial incluyó al portero Mwamba Kazadi (pese a tanto cuero encajado, considerado el mejor jugador de su equipo en aquel mundial), los defensas Ilunga Mwepu, Mwanza Mukombo y Tshimen Bwanga; los mediocampistas Kamunda Tshinabu y Kafula Ngoie, y el arquero suplente Otepa Kalambay
El TP Mazembe es el tercer equipo más ganador en la historia de la Liga del Congo, y el máximo fuera de la capital del país, con un total de 10 campeonatos. Sólo dos conjuntos de Kinshasa, AS Vita Club y DC Motema Pembe, con 12 cetros cada uno, superan al conjunto de la ciudad sureña de Lubumbashi.
Los Cuervos han ganado la Copa Africana de Clubes en cuatro oportunidades divididas en dos bicampeonatos: 1967-68 y 2009-10. Ello les permitió calificar a la edición anterior del Mundial de Clubes, donde terminaron en el sexto lugar luego de perder sus dos partidos disputados: 2-0 ante el Pohang Steelers de Corea del Sur, y 3-2 ante el Auckland City F.C. de Nueva Zelanda.
Aunado a ello, el equipo protagonizó una bochornosa batalla campal en un partido de la Copa de Africa ante el club APR de Rwanda, en el Estadio Nacional de Kigali, donde dos de sus jugadores, Basisila Lusadisu y Mabi Mputu, agredieron físicamente al árbitro del encuentro. Mputu, futbolista del año para la Confederación Africana en 2009, recibió una sanción de un año que le privó de estar presente en Abu Dhabi para el torneo intercontinental.
Durante la fase de grupos del actual torneo, el club Esperance de Túnez propinó al Mazembe una goleada de 3-0 que motivó la salida del entrenador francés Diego Garzitto y la llegada del senegalés Lamine N’Diaye, un movimiento extraño, ya que históricamente los futbolistas africanos han demostrado poca disciplina ante los estrategas del propio continente, pero N’Diaye impuso el en el equipo, según explica el veterano portero actual de los rojiblancos, Muteba Kidiaba: “Nuestro entrenador cree en el trabajo duro, pues sin él el talento es inútil, y en la concentración total, pues sin ella el trabajo duro no tiene sentido”.
En la gran final de la Copa Africana de este año, el TPM cobró cumplida venganza del Esperance, vapuleándolo con un marcador global de 6-1, para luego disponer de los Tuzos del Pachuca por 2-1 en la primera etapa del actual mundial, un resultado que fue casi unánimemente calificado de “ridículo” por la prensa mexicana.
Mayor reconocimiento recibieron los centroafricanos por parte de la prensa carioca, luego de que los africanos derrotaran al Inter de Porto Alegre por 2-0 en la semifinal. Los rojiblancos de Brasil ya saben lo que es ganar este evento, el cual conquistaron en 2006 en Japón, derrotando en la gran final por 1-0 al Barcelona de España.
El Tout Puissant Mazembe ya llegó a donde ningún otro equipo no sudamericano ni europeo jamás ha llegado, superando a los representantes de naciones que destinan varias veces más recursos a su futbol, como Corea, Japón, Arabia Saudita, Emiratos Arabes, y por supuesto, México.
Claro, nuestros directivos pueden emprender medidas para que ese dinero sea mejor invertido, o, mucho más probablemente, escudarnos en esa frase que a últimas fechas ha sido casi un himno para cualquier fracaso que encaramos ante un rival inferior.
“SEGUIMOS PENSANDO QUE SOMOS MEJORES QUE…”
Y quien me diga que el triunfo del conjunto congoleño sobre el Inter de Porto Alegre en la ronda semifinal, no es la mayor sorpresa en la historia de cualquiera de los dos eventos, será bienvenido a un sabroso debate.
Tras la decepcionante actuación que tuvieron las naciones del continente negro durante el reciente mundial en casa, en el que sólo Ghana logró superar la primera fase, muchos expertos de UEFA y Conmebol (y algunos de CONCACAF, por supuesto), proclamaron el inicio del declive del balompié africano. Ahora, el desempeño de este club crea esperanzas en que esta gran cantera esté de regreso y se fortalezca en los próximos años.
El T.P. Mazembe nació en 1939, cuando su país todavía era una colonia de Bélgica, bajo el nombre de Holy Georges F.C., bajo el auspicio de una orden de monjes de la órden benedictina. En 1944 fue rebautizado como Holy Paul F.C. Años después, cuando la orden religiosa dejó la administración del equipo a una firma llantera, el equipo asumió el nombre de F.C. Englebert, agregando años más tarde el término “Tout Puissant” (Todo poderoso) a su nombre.
Tras la independencia, en 1960, del entonces denominado Congo-Kinshasa (llamado así para distinguirlo del Congo-Brazzaville, que era colonia francesa), el Club Englebert empezó a reestructurarse. Durante la dictadura de Mobutu Sese Seko, quien incluso cambió la denominación del país por la de Zaire, el equipo adoptó el nombre nativo de T.P. Mazembe.
En 1974, “Los Cuervos”, mote del equipo, aportaron 7 jugadores a la selección de Zaire que fue la primera del Africa negra en calificar a una fase final de Copa del Mundo, en Alemania ’74. Antes, solo dos naciones del norte del continente había estado presentes: Egipto (Italia ’34) y Marruecos (México ’70).
El equipo nacional, bajo la dirección del técnico yugoslavo Blagoja Vidinic, tuvo una desastrosa actuación, recibiendo 16 goles en apenas tres partidos, sin lograr un tanto a favor en sus duelos ante Escocia (0-2), Yugoslavia (0-9) y Brasil (0-3). Aquel partido ante los yugoslavos igualó la marca de la mayor goleada en la historia de los mundiales en ese momento.
El contingente del Mazembe en aquel mundial incluyó al portero Mwamba Kazadi (pese a tanto cuero encajado, considerado el mejor jugador de su equipo en aquel mundial), los defensas Ilunga Mwepu, Mwanza Mukombo y Tshimen Bwanga; los mediocampistas Kamunda Tshinabu y Kafula Ngoie, y el arquero suplente Otepa Kalambay
El TP Mazembe es el tercer equipo más ganador en la historia de la Liga del Congo, y el máximo fuera de la capital del país, con un total de 10 campeonatos. Sólo dos conjuntos de Kinshasa, AS Vita Club y DC Motema Pembe, con 12 cetros cada uno, superan al conjunto de la ciudad sureña de Lubumbashi.
Los Cuervos han ganado la Copa Africana de Clubes en cuatro oportunidades divididas en dos bicampeonatos: 1967-68 y 2009-10. Ello les permitió calificar a la edición anterior del Mundial de Clubes, donde terminaron en el sexto lugar luego de perder sus dos partidos disputados: 2-0 ante el Pohang Steelers de Corea del Sur, y 3-2 ante el Auckland City F.C. de Nueva Zelanda.
Aunado a ello, el equipo protagonizó una bochornosa batalla campal en un partido de la Copa de Africa ante el club APR de Rwanda, en el Estadio Nacional de Kigali, donde dos de sus jugadores, Basisila Lusadisu y Mabi Mputu, agredieron físicamente al árbitro del encuentro. Mputu, futbolista del año para la Confederación Africana en 2009, recibió una sanción de un año que le privó de estar presente en Abu Dhabi para el torneo intercontinental.
Durante la fase de grupos del actual torneo, el club Esperance de Túnez propinó al Mazembe una goleada de 3-0 que motivó la salida del entrenador francés Diego Garzitto y la llegada del senegalés Lamine N’Diaye, un movimiento extraño, ya que históricamente los futbolistas africanos han demostrado poca disciplina ante los estrategas del propio continente, pero N’Diaye impuso el en el equipo, según explica el veterano portero actual de los rojiblancos, Muteba Kidiaba: “Nuestro entrenador cree en el trabajo duro, pues sin él el talento es inútil, y en la concentración total, pues sin ella el trabajo duro no tiene sentido”.
En la gran final de la Copa Africana de este año, el TPM cobró cumplida venganza del Esperance, vapuleándolo con un marcador global de 6-1, para luego disponer de los Tuzos del Pachuca por 2-1 en la primera etapa del actual mundial, un resultado que fue casi unánimemente calificado de “ridículo” por la prensa mexicana.
Mayor reconocimiento recibieron los centroafricanos por parte de la prensa carioca, luego de que los africanos derrotaran al Inter de Porto Alegre por 2-0 en la semifinal. Los rojiblancos de Brasil ya saben lo que es ganar este evento, el cual conquistaron en 2006 en Japón, derrotando en la gran final por 1-0 al Barcelona de España.
El Tout Puissant Mazembe ya llegó a donde ningún otro equipo no sudamericano ni europeo jamás ha llegado, superando a los representantes de naciones que destinan varias veces más recursos a su futbol, como Corea, Japón, Arabia Saudita, Emiratos Arabes, y por supuesto, México.
Claro, nuestros directivos pueden emprender medidas para que ese dinero sea mejor invertido, o, mucho más probablemente, escudarnos en esa frase que a últimas fechas ha sido casi un himno para cualquier fracaso que encaramos ante un rival inferior.
“SEGUIMOS PENSANDO QUE SOMOS MEJORES QUE…”
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lunes, 13 de diciembre de 2010
NCAA: La nueva imagen del Big Ten
La más antigua de las agrupaciones existentes en la actualmente llamada “Subdivisión de Tazones” de la División I, la Conferencia de los “10 Grandes” tendrá una nueva imagen a partir de la próxima semana, en la que tendrá un total de 12 equipos con la incorporación de la Universidad de Nebraska.
La agrupación nació bajo el nombre de “Conferencia del Oeste” en 1896, con la participación de siete instituciones. Cinco de sus ellas han sido integrantes permanentes de la agrupación desde ese entonces: Illinois, Minnesota, Northwestern, Purdue y Wisconsin.
Otro más, Michigan, tuvo diversos problemas con la liga que produjeron su salida en un par de ocasiones a principios del Siglo XX, hasta retornar definitivamente en 1917.
El séptimo miembro fundador, la Universidad de Chicago, canceló su programa de futbol americano entre 1939 y 1963, militando actualmente en la División III.
Con el paso del tiempo otras instituciones se fueron incorporando: Indiana e Iowa (1900), Ohio State (1913) y Michigan State (1953). Es con la llegada de esta última institución cuando adopta la denominación como “Conferencia de los 10-Grandes”, la cual no cambió pese a que en 1990 la Universidad Estatal de Pennsylvania (Penn State) se convirtió en el onceavo afiliado.
Para su primer torneo con 12 equipos, el cual le permitirá organizar un juego de campeonato que seguramente tendrá una enorme cobertura informativa, la agrupación contará con dos divisiones.
En la división “Líderes” estarán Illinois, Indiana, Ohio State, Penn State, Purdue y Wisconsin; en el sector “Leyendas” jugarán Iowa, Michigan, Michigan State, Minnesota, Nebraska y Northwestern.
Así mismo, la conferencia ha creado 18 trofeos, cada uno de los cuales rendirá homenaje a dos figuras en la historia de la Agrupación.
TROFEO STAGG-PATERNO: Será el trofeo a que se hará acreedor el equipo vencedor del juego de campeonato, y honra las figuras del coach de la Universidad de Chicago Amos Alonzo Stagg (1892-1932) y del actual timonel de Penn State, Joe Paterno (1966 a la fecha), el máximo ganador en la historia de la Subdivisión de Tazones.
TROFEO GRANGE-GRIFFIN: Será entregado al Jugador Más Valioso de la Gran Final. Rememora a Harold “Red” Grange, back de la Universidad de Illinois (1923-25), considerado el primer superestrella del futbol americano a lo largo y ancho de los Estados Unidos, y Archie Griffin, corredor de Ohio State y a la fecha el único doble ganador del Trofeo Heisman en la historia (1972-75).
TROFEO FORD-KINNICK: Al jugador con mayor liderazgo a la largo de su carrera, en honor a Gerald Ford, Guardia de la Universidad de Michigan (1932-34) que llegó a ser Presidente de los Estados Unidos tras el escándalo “Watergate”; y Nile Kinnick, corredor de Iowa que ganó el trofeo Heisman en 1939 y falleció como piloto durante la II Guerra Mundial.
TROFEO DUNGY-THOMPSON: Se entregará a un jugador que a lo largo de su carrera se haya distinguido por su labor humanitaria fuera de los emparrillados. En honor al QB de Minnesota Tony Dungy (1973-76), primer coach de raza negra en ganar un Super Bowl, y el corredor de Indiana Anthony Thompson (1986-89), actualmente administrador en su Alma Mater y ministro religioso en Bloomington.
TROFEO GRAHAM-GEORGE al Jugador Ofensivo del Año: En honor al QB de Northwestern Otto Graham (1941-43), quien ganara 7 campeonatos en 10 temporadas en las ligas AAFC y NFL con los Cafés de Cleveland; y el corredor de Ohio State Eddie George (1992-95), ganador del Trofeo Heisman en 1995, y a la fecha el último ganador del magno galardón universitario que ha tenido una carrera estelar en la NFL.
TROFEO NAGURSKI-WOODSON al Jugador Defensivo del Año: en honor a Bronko Nagurski, tres veces All-America en la Universidad de Minnesota (1927-29) y el jugador con el dedo más grande que haya recibido un anillo de campeón de la NFL; y Charles Woodson, el primer jugador predominantemente defensivo que recibiera el Trofeo Heisman, en 1997.
TROFEO HAYES-SCHEMBECHLER al Entrenador del Año: unirá por siempre a los coaches que llevaran a su máximo esplendor la “Guerra de las 100 Yardas”, monopolizando casi absolutamente el título de la Conferencia durante dos décadas. Hayes dirigió a Ohio State durante 28 temporadas (1951-78) y todavía posee el récord de victorias en la historia de la Conferencia (205); Bo Schembechler fue su asistente antes de asumir la dirección de la Universidad de Michigan durante 21 torneos (1969-89), en los que acumuló 194 triunfos.
TROFEO THOMPSON-RANDLE EL al Novato (Freshman) del Año: loa al corredor de Minnesota Darrell Thompson (1986-89), primer Freshman que se proclamó líder corredor del Big Ten en 1986; y Antwan Randle El, actualmente receptor de los Acereros de Pittsburgh, pero que como QB de Indiana (1998-2001) fue el primer jugador en la historia de la División I de la NCAA en tener más de 40 touchdowns terrestres y lanzar más de 40 TDs aéreos.
TROFEO RIMINGTON-PACE al Liniero Ofensivo del Año: Recuerda a Dave Rimington, centro de la Universidad de Nebraska (1979-82) que en su último año ganara los trofeos Outland y Lombardi a nivel nacional; y Orlando Pace, tackle de Ohio State (1994-96) que en su último año ganó el trofeo Outland y la designación como Jugador Ofensivo del Año en la Conferencia, único jugador de línea que, hasta la fecha, ha logrado esta última designación.
TROFEO SMITH-BROWN al Liniero Defensivo del Año: En honor al ala defensivo de Michigan State Bubba Smith (1964-66), dos veces electo al primer equipo All-America (¿Recuerdan al Teniente Hightower en las películas de la saga “Loca Academia de Policía”?); y el ala defensivo de Penn State Courtney Brown (1996-99), primer ganador de un premio para su institución como miembro del Big Ten, al ganar el título de Defensivo del Año de la conferencia en 1999.
TROFEO GRIESE-BREES al Quarterback del Año: En honor a dos pasadores de Purdue, Bob Griese (1964-66), ganador de dos anillos de Super Bowl con los Delfines de Miami; y Drew Brees (1997-2000), ganador del pasado Super Bowl con los Santos de Nueva Orleans. Brees guió además a los Caldereros al Rose Bowl por primera vez desde 1967.
TROFEO AMECHE-DAYNE al Corredor del Año: Remembranza dos corredores de Wisconsin, Alan “Horse” Ameche, fullback de que ganara el Heisman en 1954 y marcara uno de los touchdowns más importantes en la historia de la NFL, el que definió el “Más Grande Partido Jamás Jugado” a favor de los Potros de Baltimore sobre los Gigantes de Nueva York en la gran final de 1958; y Ron Dayne (1996-99), también ganador del Heisman en su última temporada.
TROFEO TATUM-WOODSON al Back Defensivo del Año: En honor al recientemente fallecido cornerback de Ohio State Jack “Assassin” Tatum (1968-70), dos veces All-America y que estuvo entre los cinco finalistas por el Trofeo Heisman en 1970; y al profundo de Purdue Rod Woodson (1983-86), tres veces miembro del equipo ideal del Big Ten, y más tarde nominado a 11 Pro Bowls y ganador de dos Super Tazones en la NFL.
TROFEO BUTKUS-FITZGERALD al Linebacker del Año: Rememora a Dick Butkus, linebacker de Illinois (1962-64) que fue dos veces All-America y al que muchos todavía consideran el mejor linebacker en la historia de la NFL; y Pat Fitzgerald, apoyador de Northwestern (1993-96) que fue el primero en la historia en ganar dos veces los trofeos Chuck Bednarik y Bronko Nagurski a nivel nacional.
TROFEO RICHTER-HOWARD al Receptor del Año: Pat Richter fue receptor de Wisconsin (1960-62), All-American en su última temporada, jugó 8 años en la NFL y llegó a ser Director Atlético de su Alma Mater; Desmond Howard, receptor de la Universidad de Michigan (1989-91) fue el primer receptor abierto en ganar el Trofeo Heisman (1991), además de ser el JMV del Super Bowl XXXI con los Empacadores de Green Bay.
TROFEO KWALICK-CLARK al Ala Cerrado del Año: Kwalick, TE en Penn State (1966-68) fue dos veces All-America y tuvo una sólida carrera de 8 años con los 49ers de San Francisco en la NFL; Dallas Clark, quien jugó en la Universidad de Iowa (1999-2002) inició trayectoria como linebacker antes hacer el cambio a TE en 2001. Ha sido uno de los receptores favoritos de Peyton Manning con los Potros de Indianápolis y ya tiene un anillo de Super Bowl.
TROFEO BAKKEN-ANDERSEN al Pateador (kicker) del Año: Honra a dos pateadores escandinavos, el noruego Jim Bakken, quien jugó para Wisconsin (1959-61) y después jugó 17 temporadas en la NFL, la mayoría de ellas con los Cardenales de San Luis, retirándose, en su momento, como el cuarto mejor anotador en la historia de la liga profesional; y al danés Morten Andersen, pateador de Michigan State (1978-81) que jugara 26 años en la NFL y a la fecha todavía posee el gol de campo más largo en la historia del Big Ten (63 yardas).
TROFEO EDDLEMAN-FIELDS al Despejador (Punter) del Año: En honor a Dike Eddleman, pateador de Illinois (1946-48) que destacara no sólo por su pateo, sino que fue astro en tres deportes con su institución y fue incluso JMV del Big Ten en basquetbol; Brandon Fields, de Michigan State (2003-06) fue tres veces electo al equipo ideal de la Conferencia, y actualmente juega con los Delfines de Miami.
Debo decir que en este último trofeo me extrañó no ver el nombre de Reggie Roby, despejador de la Universidad de Iowa (1979-82), y que con su elegante estilo revolucionó la posición en la NFL como nadie, fuera de Ray Guy, lo haya hecho.
En fin, hay que reconocer que los 18 trofeos cumplen con su función de dar homenaje a figuras emanadas de las escuelas miembros del Big Ten que han dado realce al rudo deporte de las tackleadas.
¿O usted qué opina?
La agrupación nació bajo el nombre de “Conferencia del Oeste” en 1896, con la participación de siete instituciones. Cinco de sus ellas han sido integrantes permanentes de la agrupación desde ese entonces: Illinois, Minnesota, Northwestern, Purdue y Wisconsin.
Otro más, Michigan, tuvo diversos problemas con la liga que produjeron su salida en un par de ocasiones a principios del Siglo XX, hasta retornar definitivamente en 1917.
El séptimo miembro fundador, la Universidad de Chicago, canceló su programa de futbol americano entre 1939 y 1963, militando actualmente en la División III.
Con el paso del tiempo otras instituciones se fueron incorporando: Indiana e Iowa (1900), Ohio State (1913) y Michigan State (1953). Es con la llegada de esta última institución cuando adopta la denominación como “Conferencia de los 10-Grandes”, la cual no cambió pese a que en 1990 la Universidad Estatal de Pennsylvania (Penn State) se convirtió en el onceavo afiliado.
Para su primer torneo con 12 equipos, el cual le permitirá organizar un juego de campeonato que seguramente tendrá una enorme cobertura informativa, la agrupación contará con dos divisiones.
En la división “Líderes” estarán Illinois, Indiana, Ohio State, Penn State, Purdue y Wisconsin; en el sector “Leyendas” jugarán Iowa, Michigan, Michigan State, Minnesota, Nebraska y Northwestern.
Así mismo, la conferencia ha creado 18 trofeos, cada uno de los cuales rendirá homenaje a dos figuras en la historia de la Agrupación.
TROFEO STAGG-PATERNO: Será el trofeo a que se hará acreedor el equipo vencedor del juego de campeonato, y honra las figuras del coach de la Universidad de Chicago Amos Alonzo Stagg (1892-1932) y del actual timonel de Penn State, Joe Paterno (1966 a la fecha), el máximo ganador en la historia de la Subdivisión de Tazones.
TROFEO GRANGE-GRIFFIN: Será entregado al Jugador Más Valioso de la Gran Final. Rememora a Harold “Red” Grange, back de la Universidad de Illinois (1923-25), considerado el primer superestrella del futbol americano a lo largo y ancho de los Estados Unidos, y Archie Griffin, corredor de Ohio State y a la fecha el único doble ganador del Trofeo Heisman en la historia (1972-75).
TROFEO FORD-KINNICK: Al jugador con mayor liderazgo a la largo de su carrera, en honor a Gerald Ford, Guardia de la Universidad de Michigan (1932-34) que llegó a ser Presidente de los Estados Unidos tras el escándalo “Watergate”; y Nile Kinnick, corredor de Iowa que ganó el trofeo Heisman en 1939 y falleció como piloto durante la II Guerra Mundial.
TROFEO DUNGY-THOMPSON: Se entregará a un jugador que a lo largo de su carrera se haya distinguido por su labor humanitaria fuera de los emparrillados. En honor al QB de Minnesota Tony Dungy (1973-76), primer coach de raza negra en ganar un Super Bowl, y el corredor de Indiana Anthony Thompson (1986-89), actualmente administrador en su Alma Mater y ministro religioso en Bloomington.
TROFEO GRAHAM-GEORGE al Jugador Ofensivo del Año: En honor al QB de Northwestern Otto Graham (1941-43), quien ganara 7 campeonatos en 10 temporadas en las ligas AAFC y NFL con los Cafés de Cleveland; y el corredor de Ohio State Eddie George (1992-95), ganador del Trofeo Heisman en 1995, y a la fecha el último ganador del magno galardón universitario que ha tenido una carrera estelar en la NFL.
TROFEO NAGURSKI-WOODSON al Jugador Defensivo del Año: en honor a Bronko Nagurski, tres veces All-America en la Universidad de Minnesota (1927-29) y el jugador con el dedo más grande que haya recibido un anillo de campeón de la NFL; y Charles Woodson, el primer jugador predominantemente defensivo que recibiera el Trofeo Heisman, en 1997.
TROFEO HAYES-SCHEMBECHLER al Entrenador del Año: unirá por siempre a los coaches que llevaran a su máximo esplendor la “Guerra de las 100 Yardas”, monopolizando casi absolutamente el título de la Conferencia durante dos décadas. Hayes dirigió a Ohio State durante 28 temporadas (1951-78) y todavía posee el récord de victorias en la historia de la Conferencia (205); Bo Schembechler fue su asistente antes de asumir la dirección de la Universidad de Michigan durante 21 torneos (1969-89), en los que acumuló 194 triunfos.
TROFEO THOMPSON-RANDLE EL al Novato (Freshman) del Año: loa al corredor de Minnesota Darrell Thompson (1986-89), primer Freshman que se proclamó líder corredor del Big Ten en 1986; y Antwan Randle El, actualmente receptor de los Acereros de Pittsburgh, pero que como QB de Indiana (1998-2001) fue el primer jugador en la historia de la División I de la NCAA en tener más de 40 touchdowns terrestres y lanzar más de 40 TDs aéreos.
TROFEO RIMINGTON-PACE al Liniero Ofensivo del Año: Recuerda a Dave Rimington, centro de la Universidad de Nebraska (1979-82) que en su último año ganara los trofeos Outland y Lombardi a nivel nacional; y Orlando Pace, tackle de Ohio State (1994-96) que en su último año ganó el trofeo Outland y la designación como Jugador Ofensivo del Año en la Conferencia, único jugador de línea que, hasta la fecha, ha logrado esta última designación.
TROFEO SMITH-BROWN al Liniero Defensivo del Año: En honor al ala defensivo de Michigan State Bubba Smith (1964-66), dos veces electo al primer equipo All-America (¿Recuerdan al Teniente Hightower en las películas de la saga “Loca Academia de Policía”?); y el ala defensivo de Penn State Courtney Brown (1996-99), primer ganador de un premio para su institución como miembro del Big Ten, al ganar el título de Defensivo del Año de la conferencia en 1999.
TROFEO GRIESE-BREES al Quarterback del Año: En honor a dos pasadores de Purdue, Bob Griese (1964-66), ganador de dos anillos de Super Bowl con los Delfines de Miami; y Drew Brees (1997-2000), ganador del pasado Super Bowl con los Santos de Nueva Orleans. Brees guió además a los Caldereros al Rose Bowl por primera vez desde 1967.
TROFEO AMECHE-DAYNE al Corredor del Año: Remembranza dos corredores de Wisconsin, Alan “Horse” Ameche, fullback de que ganara el Heisman en 1954 y marcara uno de los touchdowns más importantes en la historia de la NFL, el que definió el “Más Grande Partido Jamás Jugado” a favor de los Potros de Baltimore sobre los Gigantes de Nueva York en la gran final de 1958; y Ron Dayne (1996-99), también ganador del Heisman en su última temporada.
TROFEO TATUM-WOODSON al Back Defensivo del Año: En honor al recientemente fallecido cornerback de Ohio State Jack “Assassin” Tatum (1968-70), dos veces All-America y que estuvo entre los cinco finalistas por el Trofeo Heisman en 1970; y al profundo de Purdue Rod Woodson (1983-86), tres veces miembro del equipo ideal del Big Ten, y más tarde nominado a 11 Pro Bowls y ganador de dos Super Tazones en la NFL.
TROFEO BUTKUS-FITZGERALD al Linebacker del Año: Rememora a Dick Butkus, linebacker de Illinois (1962-64) que fue dos veces All-America y al que muchos todavía consideran el mejor linebacker en la historia de la NFL; y Pat Fitzgerald, apoyador de Northwestern (1993-96) que fue el primero en la historia en ganar dos veces los trofeos Chuck Bednarik y Bronko Nagurski a nivel nacional.
TROFEO RICHTER-HOWARD al Receptor del Año: Pat Richter fue receptor de Wisconsin (1960-62), All-American en su última temporada, jugó 8 años en la NFL y llegó a ser Director Atlético de su Alma Mater; Desmond Howard, receptor de la Universidad de Michigan (1989-91) fue el primer receptor abierto en ganar el Trofeo Heisman (1991), además de ser el JMV del Super Bowl XXXI con los Empacadores de Green Bay.
TROFEO KWALICK-CLARK al Ala Cerrado del Año: Kwalick, TE en Penn State (1966-68) fue dos veces All-America y tuvo una sólida carrera de 8 años con los 49ers de San Francisco en la NFL; Dallas Clark, quien jugó en la Universidad de Iowa (1999-2002) inició trayectoria como linebacker antes hacer el cambio a TE en 2001. Ha sido uno de los receptores favoritos de Peyton Manning con los Potros de Indianápolis y ya tiene un anillo de Super Bowl.
TROFEO BAKKEN-ANDERSEN al Pateador (kicker) del Año: Honra a dos pateadores escandinavos, el noruego Jim Bakken, quien jugó para Wisconsin (1959-61) y después jugó 17 temporadas en la NFL, la mayoría de ellas con los Cardenales de San Luis, retirándose, en su momento, como el cuarto mejor anotador en la historia de la liga profesional; y al danés Morten Andersen, pateador de Michigan State (1978-81) que jugara 26 años en la NFL y a la fecha todavía posee el gol de campo más largo en la historia del Big Ten (63 yardas).
TROFEO EDDLEMAN-FIELDS al Despejador (Punter) del Año: En honor a Dike Eddleman, pateador de Illinois (1946-48) que destacara no sólo por su pateo, sino que fue astro en tres deportes con su institución y fue incluso JMV del Big Ten en basquetbol; Brandon Fields, de Michigan State (2003-06) fue tres veces electo al equipo ideal de la Conferencia, y actualmente juega con los Delfines de Miami.
Debo decir que en este último trofeo me extrañó no ver el nombre de Reggie Roby, despejador de la Universidad de Iowa (1979-82), y que con su elegante estilo revolucionó la posición en la NFL como nadie, fuera de Ray Guy, lo haya hecho.
En fin, hay que reconocer que los 18 trofeos cumplen con su función de dar homenaje a figuras emanadas de las escuelas miembros del Big Ten que han dado realce al rudo deporte de las tackleadas.
¿O usted qué opina?
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domingo, 12 de diciembre de 2010
Olímpicos: Las Razones del 2008
Me gustaría pensar que, por lo menos, el señor Jacques Rogge se tomó la molestia de viajar a Oslo, Noruega, para la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz 2010. Es lo menos que podría hacer después de que el Gobierno de la República Popular de China pusiera tan en evidencia la falsedad de las razones por las que, supuestamente, fue conferida a esa nación la sede de los Juegos Olímpicos del 2008 a la Ciudad de Beijing.
Su presencia sería demasiado reconocible como para que ningún medio informativo, hasta el momento, la haya comentado.
Muchos luchadores por la independencia del Tibet lo advirtieron desde mucho antes del día de la votación para otorgar esos juegos, efectuada el 13 de julio de 2001 en Moscú: el gobierno chino no tenía la menor intención de cambiar sus actitudes para con el resto del mundo, sus promesas de apertura al mundo eran totalmente huecas.
Los jefes de misión de la candidatura ofrecieron que los juegos podrían llevar a progresos en materia de derechos humanos y otras cuestiones. Como buenos políticos, no nos dijeron mentiras. Sólo verdades a medias.
La actitud que han asumido respecto al ganador del Premio Nobel, Liu Xiaobo, ha confirmado lo que ellos mismos dijeron en alguna fase de ese proceso: “Los Derechos Humanos en China son diferentes a los del resto del mundo”.
China recibió la sede apenas en la segunda ronda de votaciones, dejando atrás las candidaturas de Osaka (Japón), Estambul (Turquía), París (Francia) y Toronto (Canadá).
Amnistía Internacional lo confirmó en un análisis presentado a menos de 10 días de la ceremonia inaugural: “Las autoridades chinas han roto su promesa de mejorar la situación de los derechos humanos en el país y traicionado los valores fundamentales del olimpismo. No existe ningún progreso para cumplir estas promesas, sólo se ha continuado el deterioro. A menos que las autoridades hagan un drástico cambio de dirección, el legado de la Olimpíada de Beijing no será positivo para los derechos humanos en China”.
Particularmente me ofendió la declaración de la cancillería de aquel país, Jiang Yu, cuando declaró, después de calificar la ceremonia como “una farsa política”, que “no representa el deseo de la mayoría de las personas del mundo, especialmente de los países en vías de desarrollo”. Fue esta declaración la que me motivó a escribir esto.
¿A qué horas el gobierno Hu Jintao nos preguntó a los países en vías de desarrollo nuestra opinión? Si no les importan las opiniones de su propio pueblo, ¿pueden tener la desfachatez de decir que representan mi opinión y la suya, amable lector?
Podrá usted estar de acuerdo con ellos, y está usted en todo su derecho, pero, ¿realmente usted cree que mantienen encarcelado a Liu Xiaobo, y en arresto domiciliario a su esposa, porque USTED así lo exige?
Claro, a lo mejor China frena sus exportaciones de fayuca a nuestro país, o peor aún, exigen sus derechos de pago de regalías por nuestro propio himno nacional o por nuestra imaginería de la Virgen de Guadalupe, que en algún momento reclamaron como propias, pero ni me pueden impedir cantar mi himno ni me pueden cobrar por mi devoción guadalupana. Ni a mí, ni a usted, ni a ningún mexicano con un orgullo tan legítimo de ser mexicano como el que ellos tienen, muy respetable por cierto, de ser chinos.
Pero ¿realmente una cúpula puede determinar qué debe pensar un chino, o más aun, que es ser un chino y qué no?
Para echarle tierra al asunto. China creo su premio “Confucio” y se lo otorgó al presidente de Taiwán, quien dijo “gracias, pero no, gracias”. ¿Acaso nadie les ha dicho que lo primero que Taiwán exige, es su reconocimiento como una nación independiente por parte de la China Continental? ¿Por qué cree usted que Taiwán no desfila con su lábaro patrio en las olimpíadas? Por esto.
Tal vez no estaba tan mal aquella señorita panameña cuando dijo que Confucio había sido el creador de la confusión… aunque más bien creo que es el gobierno chino el que está demostrando eso, no Confucio.
No nos engañe usted, señor Rogge: el otorgar la sede de los Juegos Olímpicos del 2008 a la ciudad de Beijing obedeció a tres factores fundamentales, el económico, el financiero y el monetario. No nos venda la idea de que hubo factores deportivos (si bien no se puede negar el poderío deportivo de ese país) involucrados en ese proceso.
Esa silla vacía en Oslo, primera vez que esto sucede desde 1936, cuando otro autócrata (Adolfo Hitler) impidió la presencia de otro disidente “criminal” (Carl von Ossietzky), debería tener un significado particularmente especial para usted, señor Rogge.
Esperemos que la conclusión no sea la misma que hace 74 años, pero el bien del mundo entero.
Su presencia sería demasiado reconocible como para que ningún medio informativo, hasta el momento, la haya comentado.
Muchos luchadores por la independencia del Tibet lo advirtieron desde mucho antes del día de la votación para otorgar esos juegos, efectuada el 13 de julio de 2001 en Moscú: el gobierno chino no tenía la menor intención de cambiar sus actitudes para con el resto del mundo, sus promesas de apertura al mundo eran totalmente huecas.
Los jefes de misión de la candidatura ofrecieron que los juegos podrían llevar a progresos en materia de derechos humanos y otras cuestiones. Como buenos políticos, no nos dijeron mentiras. Sólo verdades a medias.
La actitud que han asumido respecto al ganador del Premio Nobel, Liu Xiaobo, ha confirmado lo que ellos mismos dijeron en alguna fase de ese proceso: “Los Derechos Humanos en China son diferentes a los del resto del mundo”.
China recibió la sede apenas en la segunda ronda de votaciones, dejando atrás las candidaturas de Osaka (Japón), Estambul (Turquía), París (Francia) y Toronto (Canadá).
Amnistía Internacional lo confirmó en un análisis presentado a menos de 10 días de la ceremonia inaugural: “Las autoridades chinas han roto su promesa de mejorar la situación de los derechos humanos en el país y traicionado los valores fundamentales del olimpismo. No existe ningún progreso para cumplir estas promesas, sólo se ha continuado el deterioro. A menos que las autoridades hagan un drástico cambio de dirección, el legado de la Olimpíada de Beijing no será positivo para los derechos humanos en China”.
Particularmente me ofendió la declaración de la cancillería de aquel país, Jiang Yu, cuando declaró, después de calificar la ceremonia como “una farsa política”, que “no representa el deseo de la mayoría de las personas del mundo, especialmente de los países en vías de desarrollo”. Fue esta declaración la que me motivó a escribir esto.
¿A qué horas el gobierno Hu Jintao nos preguntó a los países en vías de desarrollo nuestra opinión? Si no les importan las opiniones de su propio pueblo, ¿pueden tener la desfachatez de decir que representan mi opinión y la suya, amable lector?
Podrá usted estar de acuerdo con ellos, y está usted en todo su derecho, pero, ¿realmente usted cree que mantienen encarcelado a Liu Xiaobo, y en arresto domiciliario a su esposa, porque USTED así lo exige?
Claro, a lo mejor China frena sus exportaciones de fayuca a nuestro país, o peor aún, exigen sus derechos de pago de regalías por nuestro propio himno nacional o por nuestra imaginería de la Virgen de Guadalupe, que en algún momento reclamaron como propias, pero ni me pueden impedir cantar mi himno ni me pueden cobrar por mi devoción guadalupana. Ni a mí, ni a usted, ni a ningún mexicano con un orgullo tan legítimo de ser mexicano como el que ellos tienen, muy respetable por cierto, de ser chinos.
Pero ¿realmente una cúpula puede determinar qué debe pensar un chino, o más aun, que es ser un chino y qué no?
Para echarle tierra al asunto. China creo su premio “Confucio” y se lo otorgó al presidente de Taiwán, quien dijo “gracias, pero no, gracias”. ¿Acaso nadie les ha dicho que lo primero que Taiwán exige, es su reconocimiento como una nación independiente por parte de la China Continental? ¿Por qué cree usted que Taiwán no desfila con su lábaro patrio en las olimpíadas? Por esto.
Tal vez no estaba tan mal aquella señorita panameña cuando dijo que Confucio había sido el creador de la confusión… aunque más bien creo que es el gobierno chino el que está demostrando eso, no Confucio.
No nos engañe usted, señor Rogge: el otorgar la sede de los Juegos Olímpicos del 2008 a la ciudad de Beijing obedeció a tres factores fundamentales, el económico, el financiero y el monetario. No nos venda la idea de que hubo factores deportivos (si bien no se puede negar el poderío deportivo de ese país) involucrados en ese proceso.
Esa silla vacía en Oslo, primera vez que esto sucede desde 1936, cuando otro autócrata (Adolfo Hitler) impidió la presencia de otro disidente “criminal” (Carl von Ossietzky), debería tener un significado particularmente especial para usted, señor Rogge.
Esperemos que la conclusión no sea la misma que hace 74 años, pero el bien del mundo entero.
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miércoles, 8 de diciembre de 2010
Luge: 100 victorias os contemplan
Dentro del mundo del deporte siempre existe algo más allá de la victoria, más allá del campeonato, más allá del dominio, que llama la atención de las instituciones deportivas para buscar la trascendencia: la “dinastía”.
Actualmente, en pocos lugares puede hablarse de un dominio tan apabullante y definitivo como el del luge femenil alemán.
Cierto, no somos un país muy interesado en los deportes invernales, nuestro propio clima no nos lo permite, pero ¡caray! Hay disciplinas en las que podríamos trascender y crear escuela, y por nuestra sacrosanta “grilla” hemos pasado de largo esas oportunidades.
Cada cuatro años, durante la olimpiada de invierno, tal vez le haya llamado la atención el evento del luge, ese pequeño trineo sobre el cual se deslizan uno o dos atletas, sin mayor protección que un casco y un entallado traje de neopreno, en aras de la bendita “aerodinámica” para alcanzar la mayor velocidad posible.
En las dos últimas citas olímpicas (Turín 2006 y Vancouver 2010), la disciplina logró mayor resonancia por sus espectaculares y en ocasiones mortales accidentes, que por sus propios resultados. Sin embargo, este deporte, por fortuna, nos ha brindado las emociones y dramatismo propias de cualquier disciplina competitiva. Es de las pocas disciplinas deportivas en donde ha sido necesario llevar los cronometrajes hasta las milésimas de segundo para dirimir los vencedores.
En la rama varonil, fue famosa durante años la rivalidad entre el alemán Georg Hackl y el italiano Armin Zoeggeler; en la rama femenil, la actual vencedora del Campeonato Muindial es la estadounidense Erin Hamlin, pero cuando se trata de la Copa del Mundo… ni hablar, nadie ha logrado desplazar, en los últimos 13 años, a las competidoras alemanas.
El pasado 5 de diciembre, sobre la pista de Winterberg, la actual campeona olímpica, Tatjana Hüfner, se llevó el triunfo con un crono acumulado de 1:54.699, superando por 614 milésimas a su compatriota Natalie Geisenberger.
Lo extraordinario, es que esta ha sido la victoria número 100 de manera consecutiva para las alemanas en eventos de la Copa del Mundo, algo así como la “temporada de liga” que año con año reúne a los mejores exponentes del deporte. La edición 2010-11 consiste de 9 eventos.
La Copa Mundial de Luge se disputa desde la temporada 1977-78, y desde un principio incluyó el singles femenil. La primera edición fue dominada por las alemanas occidentales (porque el país aun estaba dividido) Regina König y Andrea Fendt.
Luego de tres años de dominio de la austríaca Angelika Schafferer, las luguistas de la RDA hicieron su espectacular aparición en el panorama, encabezadas por Ute Weiss, Steffi Martin y Bettina y Cerstin Schmidt. A diferencia de las atletas y nadadoras de la época, en apariencia al menos, las competidoras de luge de la Alemania Oriental tuvieron un mejor historial en materia de dopaje, y varias de ellas efectuaron con éxito la transición para representar a la Alemania Reunificada a partir de la temporada 1989-90.
El primer equipo quedó integrado por las representantes de la RDA, Susi Erdmann y Gabrielle Kohlisch, y de la RFA, Jana Bode.
En 1997-98, la italiana Gerda Weissensteiner se convirtió en la última mujer no alemana en ganar la Copa del Mundo, y de hecho la última en ganarles un evento de la misma. Tan apabullante se volvería el dominio germano, que Gerda decidió efectuar el cambio al bobsled en 1982.
Sylke Otto, Silke Kraushaar y Barbara Niedernhuber se encargaron de extender el dominio alemán durante los siguientes siete años. La austríaca Angelika Neuner sería la última competidora no germana hasta la fecha en alcanzar un “lugar de pódium” en la Copa, al clasificarse tercera en la temporada 2000-01. De ahí en adelante, los tres primeros lugares.
Aquel brillante equipo alemán fue remplazado por Tatjana Hüfner, Natalie Geisenberger y Anke Wischnewski, quienes mantienen el dominio abrumador de su país en la disciplina.
Y aunque atletas como la norteamericana Hamlin o la canadiense Alex Gough buscan poner fin al monopolio teutón, la verdad es que, al parecer, se requerirán aún mayores esfuerzos para lograrlo.
Actualmente, en pocos lugares puede hablarse de un dominio tan apabullante y definitivo como el del luge femenil alemán.
Cierto, no somos un país muy interesado en los deportes invernales, nuestro propio clima no nos lo permite, pero ¡caray! Hay disciplinas en las que podríamos trascender y crear escuela, y por nuestra sacrosanta “grilla” hemos pasado de largo esas oportunidades.
Cada cuatro años, durante la olimpiada de invierno, tal vez le haya llamado la atención el evento del luge, ese pequeño trineo sobre el cual se deslizan uno o dos atletas, sin mayor protección que un casco y un entallado traje de neopreno, en aras de la bendita “aerodinámica” para alcanzar la mayor velocidad posible.
En las dos últimas citas olímpicas (Turín 2006 y Vancouver 2010), la disciplina logró mayor resonancia por sus espectaculares y en ocasiones mortales accidentes, que por sus propios resultados. Sin embargo, este deporte, por fortuna, nos ha brindado las emociones y dramatismo propias de cualquier disciplina competitiva. Es de las pocas disciplinas deportivas en donde ha sido necesario llevar los cronometrajes hasta las milésimas de segundo para dirimir los vencedores.
En la rama varonil, fue famosa durante años la rivalidad entre el alemán Georg Hackl y el italiano Armin Zoeggeler; en la rama femenil, la actual vencedora del Campeonato Muindial es la estadounidense Erin Hamlin, pero cuando se trata de la Copa del Mundo… ni hablar, nadie ha logrado desplazar, en los últimos 13 años, a las competidoras alemanas.
El pasado 5 de diciembre, sobre la pista de Winterberg, la actual campeona olímpica, Tatjana Hüfner, se llevó el triunfo con un crono acumulado de 1:54.699, superando por 614 milésimas a su compatriota Natalie Geisenberger.
Lo extraordinario, es que esta ha sido la victoria número 100 de manera consecutiva para las alemanas en eventos de la Copa del Mundo, algo así como la “temporada de liga” que año con año reúne a los mejores exponentes del deporte. La edición 2010-11 consiste de 9 eventos.
La Copa Mundial de Luge se disputa desde la temporada 1977-78, y desde un principio incluyó el singles femenil. La primera edición fue dominada por las alemanas occidentales (porque el país aun estaba dividido) Regina König y Andrea Fendt.
Luego de tres años de dominio de la austríaca Angelika Schafferer, las luguistas de la RDA hicieron su espectacular aparición en el panorama, encabezadas por Ute Weiss, Steffi Martin y Bettina y Cerstin Schmidt. A diferencia de las atletas y nadadoras de la época, en apariencia al menos, las competidoras de luge de la Alemania Oriental tuvieron un mejor historial en materia de dopaje, y varias de ellas efectuaron con éxito la transición para representar a la Alemania Reunificada a partir de la temporada 1989-90.
El primer equipo quedó integrado por las representantes de la RDA, Susi Erdmann y Gabrielle Kohlisch, y de la RFA, Jana Bode.
En 1997-98, la italiana Gerda Weissensteiner se convirtió en la última mujer no alemana en ganar la Copa del Mundo, y de hecho la última en ganarles un evento de la misma. Tan apabullante se volvería el dominio germano, que Gerda decidió efectuar el cambio al bobsled en 1982.
Sylke Otto, Silke Kraushaar y Barbara Niedernhuber se encargaron de extender el dominio alemán durante los siguientes siete años. La austríaca Angelika Neuner sería la última competidora no germana hasta la fecha en alcanzar un “lugar de pódium” en la Copa, al clasificarse tercera en la temporada 2000-01. De ahí en adelante, los tres primeros lugares.
Aquel brillante equipo alemán fue remplazado por Tatjana Hüfner, Natalie Geisenberger y Anke Wischnewski, quienes mantienen el dominio abrumador de su país en la disciplina.
Y aunque atletas como la norteamericana Hamlin o la canadiense Alex Gough buscan poner fin al monopolio teutón, la verdad es que, al parecer, se requerirán aún mayores esfuerzos para lograrlo.
martes, 7 de diciembre de 2010
Futbol Americano: Se apagaron las luces, se acabó la fiesta…
Los aficionados jóvenes de los Vaqueros de Dallas, sin duda alguna recuerdan la figura de Troy Aikman; los un poco más crecidos, de seguro recuerdan al original “Capitán Regreso”, Roger Staubach. Aquellos que ha tenido la fortuna de seguir al “Equipo de América” desde su nacimiento mismo, sin lugar a dudas deben de recordar la figura de “Dandy” Don Meredith y su inconfundible número 17.
Pocos son los jugadores que pueden presumir el haber jugado toda su carrera en el futbol americano cerca de casa, como Meredith, quien jugó desde High School en Dallas, y a nivel colegial jugó con los Mustangs de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde alcanzó la nominación All-America dos años consecutivos (1958-59).
Fue tomado en la tercera ronda del draft de 1960 por los Osos de Chicago, al igual que por los Texanos de Dallas de la recién formada AFL. Eventualmente, los Osos lo negociaron a la franquicia de expansión de los Vaqueros de Dallas.
Luego de tres temporadas como suplente de Eddie LeBaron, en 1963 el coach Tom Landry finalmente le dio la titularidad como mariscal de campo del equipo de la “Estrella Solitaria”, al cual guía a sus primeras temporadas ganadoras e incluso a la antesala misma de los dos primeros Super Bowls.
Aquellos dos partidos de campeonato de la NFC pasaron a la historia. El primero, celebrado en el Cotton Bowl de Dallas, fue una tremenda batalla ofensiva que los Empacadores de Green Bay se llevaron por 34-27; el segundo, disputado entre los mismos equipos, fue el memorable “Ice Bowl” (el Tazón del Hielo), disputado a una temperatura en el orden de los 40 grados centígrados bajo cero (más de 10 grados por debajo de la Olimpíada de Invierno más gélida de toda la historia) en Lambeau Field, y donde a 5 segundos del final Bart Starr logró el touchdown con el que los Packers volvieron a imponerse, 21-17.
Luego de perder la semifinal de conferencia del año siguiente ante los Cafés de Cleveland (20-31), Meredith anunció sorpresivamente su retiro para dejar las riendas en manos de un joven pasador de la Universidad de California llamado Craig Morton, en tanto Roger Staubach cumplía su cuarto de cinco años de servicio militar obligatorio en la Marina, antes de convertirse en una leyenda con los Vaqueros.
Meredith llegó en 1970 al equipo de transmisiones de la cadena ABC para los partidos de lunes por la noche, donde hizo equipo con el serio Howard Cossell y el analista Frank Gifford (quien jugó toda su carrera con los Gigantes de Nueva York). Meredith se convirtió en la parte amena e irreverente de un elenco que se hizo clásico en la televisión estadounidense.
Para cuando los partidos se definían, Meredith hizo famosa una estrofa tomada de una canción de su amigo Willie Nelson, un reconocido cantante de música country: “Apaguen las luces, se acabó la fiesta”.
Su última transmisión fue con motivo del Super Bowl XIX (San Francisco 38, Miami 16), que fue por cierto el primer Súper Tazón que ABC transmitiera.
En 1976 fue el segundo inducido al anillo de honor del hoy desaparecido Texas Stadium (después del corredor Don Perkins), y en 2007 el Salón de la Fama del Futbol Profesional le otorgó el trofeo “Pete Rozelle” por su trayectoria informativa.
Apenas antier, “Dandy Don” Meredith falleció víctima de un derrame cerebral en Santa Fe, Nuevo México, donde vivió los últimos 25 años en compañía de su tercera esposa. Descanse en paz.
Pocos son los jugadores que pueden presumir el haber jugado toda su carrera en el futbol americano cerca de casa, como Meredith, quien jugó desde High School en Dallas, y a nivel colegial jugó con los Mustangs de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde alcanzó la nominación All-America dos años consecutivos (1958-59).
Fue tomado en la tercera ronda del draft de 1960 por los Osos de Chicago, al igual que por los Texanos de Dallas de la recién formada AFL. Eventualmente, los Osos lo negociaron a la franquicia de expansión de los Vaqueros de Dallas.
Luego de tres temporadas como suplente de Eddie LeBaron, en 1963 el coach Tom Landry finalmente le dio la titularidad como mariscal de campo del equipo de la “Estrella Solitaria”, al cual guía a sus primeras temporadas ganadoras e incluso a la antesala misma de los dos primeros Super Bowls.
Aquellos dos partidos de campeonato de la NFC pasaron a la historia. El primero, celebrado en el Cotton Bowl de Dallas, fue una tremenda batalla ofensiva que los Empacadores de Green Bay se llevaron por 34-27; el segundo, disputado entre los mismos equipos, fue el memorable “Ice Bowl” (el Tazón del Hielo), disputado a una temperatura en el orden de los 40 grados centígrados bajo cero (más de 10 grados por debajo de la Olimpíada de Invierno más gélida de toda la historia) en Lambeau Field, y donde a 5 segundos del final Bart Starr logró el touchdown con el que los Packers volvieron a imponerse, 21-17.
Luego de perder la semifinal de conferencia del año siguiente ante los Cafés de Cleveland (20-31), Meredith anunció sorpresivamente su retiro para dejar las riendas en manos de un joven pasador de la Universidad de California llamado Craig Morton, en tanto Roger Staubach cumplía su cuarto de cinco años de servicio militar obligatorio en la Marina, antes de convertirse en una leyenda con los Vaqueros.
Meredith llegó en 1970 al equipo de transmisiones de la cadena ABC para los partidos de lunes por la noche, donde hizo equipo con el serio Howard Cossell y el analista Frank Gifford (quien jugó toda su carrera con los Gigantes de Nueva York). Meredith se convirtió en la parte amena e irreverente de un elenco que se hizo clásico en la televisión estadounidense.
Para cuando los partidos se definían, Meredith hizo famosa una estrofa tomada de una canción de su amigo Willie Nelson, un reconocido cantante de música country: “Apaguen las luces, se acabó la fiesta”.
Su última transmisión fue con motivo del Super Bowl XIX (San Francisco 38, Miami 16), que fue por cierto el primer Súper Tazón que ABC transmitiera.
En 1976 fue el segundo inducido al anillo de honor del hoy desaparecido Texas Stadium (después del corredor Don Perkins), y en 2007 el Salón de la Fama del Futbol Profesional le otorgó el trofeo “Pete Rozelle” por su trayectoria informativa.
Apenas antier, “Dandy Don” Meredith falleció víctima de un derrame cerebral en Santa Fe, Nuevo México, donde vivió los últimos 25 años en compañía de su tercera esposa. Descanse en paz.
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lunes, 6 de diciembre de 2010
NCAA: Oficial, Auburn y Oregon van por el campeonato
Rara es la vez que el Bowl Championship Series (BCS) tiene la fortuna de que exactamente dos equipos dentro de las seis conferencias que la integran terminen el torneo con marca perfecta. 2010 es uno de esos extraños casos, el cual sin duda le facilita la vida enormemente.
Cierto, un Oregon contra Auburn no tiene el impacto publicitario que tendría un USC contra Alabama, pero en términos de merecimientos durante el 2010, no se podía solicitar un mejor juego de campeonato.
Los Tigres de Auburn tienen un solo campeonato nacional reconocido en su historia, en 1957, bajo la dirección del coach Ralph “Shug” Jordan. Recibieron también alguna consideración en 1913, entre ellas la del exigente Reporte Billingsley, cuando eran dirigidos por “Iron Mike” Donahue, pero ese año la gran mayoría de los votos fueron para la Universidad de Harvard.
Ha sido en los últimos 30 años, a partir de que Pat Dye toma las riendas del equipo, entre 1981 y 1992, que Auburn se ha consolidado como un invitado consistente en el Top-25, y un reconocido proveedor de corredores a la NFL, como Brandon Jacobs, Rudi Johnson, Joe Cribbs, Lionel “Little Train” James; y por supuesto, no podíamos olvidar a uno de los dos ganadores del trofeo Heisman con que Auburn ha contado en su historia, el incomparable Bo Jackson (1985), una figura al que una lesión de cadera le impidió dejar marcas increíbles tanto en el futbol americano como en el beisbol. El otro ganador del Heisman fue el QB Pat Sullivan en 1971.
Por supuesto, tampoco podemos olvidar al extraordinario backfield de los Tigres en 2004, cuyos integrantes siguen actualmente en la NFL, y fueron los tres tomados en la primera ronda del draft: el QB Jason Campbell (Oakland) y los corredores Ronnie Brown (Miami) y Carnell “Cadillac” Williams (Tampa Bay).
Sin embargo, el programa de Auburn ha vivido casi toda su historia bajo la sombra del poderoso equipo de la Universidad de Alabama, por lo que quizás sus logros en los últimos años no han recibido el reconocimiento debido.
Para los Patos de Oregon, 2010 representa la primera oportunidad, en toda su historia, de buscar un campeonato nacional.
Lo más cerca que han estado de ello fue en 2001, cuando terminaron en el segundo lugar de las listas finales del BCS. Una inoportuna derrota a media campaña ante los Cardenales de Stanford (42-49) terminaría costándoles el título, pese a vencer en el Fiesta Bowl por 38-16 a los Búfalos de Colorado, debido a que los Huracanes de Miami terminaron como único invicto del BCS, venciendo en el Rose Bowl a Nebraska, 37-14.
Oregon ha conseguido 9 campeonatos de la Conferencia de la Costa del Pacífico y su sucesora, el Pac-10, de la cual fueron miembros fundadores en 1915. De ellos, únicamente cuatro han sido no compartidos, y tres de ellos han caído dentro de la actual década: 2001, 2009 y 2010.
En toda su historia sólo han ganado una vez el Rose Bowl, en 1917. Era apenas la tercera edición del clásico de año nuevo cuando vencieron 14-0 a Penn State.
A diferencia de Auburn, Oregon se ha caracterizado más por mandar quarterbacks a la NFL, y dejemos de lado a fiascos de los últimos años como Joey Harrington, Akili Smith o A.J. Feeley. ¿Qué tal les suenan los nombres de Norm van Brocklin y Dan Fouts?
Además, aunque no tiene el palmarés de la Universidad de Miami en Ohio, Oregon también cuenta con un interesante legado de coaches para las filas colegiales y profesionales, en el que se encuentran dos de los timoneles que, irónicamente, más hicieron por preservar la tradición de la rival Univesidad del Sur de California tras la II Guerra Mundial: John McKay y John Robinson.
Otros estrategas surgidos de Oregon incluyen a June Jones (el principal exponente de la ofensiva run-and-shoot), Norv Turner, Jack Patera y Gunther Cunningham.
En los próximos días comentaremos algo más sobre los principales jugadores de uno y otro equipo. Por lo pronto, vaya preparando motores para el duelazo que nos espera el próximo 10 de enero en Glendale, Arizona.
Cierto, un Oregon contra Auburn no tiene el impacto publicitario que tendría un USC contra Alabama, pero en términos de merecimientos durante el 2010, no se podía solicitar un mejor juego de campeonato.
Los Tigres de Auburn tienen un solo campeonato nacional reconocido en su historia, en 1957, bajo la dirección del coach Ralph “Shug” Jordan. Recibieron también alguna consideración en 1913, entre ellas la del exigente Reporte Billingsley, cuando eran dirigidos por “Iron Mike” Donahue, pero ese año la gran mayoría de los votos fueron para la Universidad de Harvard.
Ha sido en los últimos 30 años, a partir de que Pat Dye toma las riendas del equipo, entre 1981 y 1992, que Auburn se ha consolidado como un invitado consistente en el Top-25, y un reconocido proveedor de corredores a la NFL, como Brandon Jacobs, Rudi Johnson, Joe Cribbs, Lionel “Little Train” James; y por supuesto, no podíamos olvidar a uno de los dos ganadores del trofeo Heisman con que Auburn ha contado en su historia, el incomparable Bo Jackson (1985), una figura al que una lesión de cadera le impidió dejar marcas increíbles tanto en el futbol americano como en el beisbol. El otro ganador del Heisman fue el QB Pat Sullivan en 1971.
Por supuesto, tampoco podemos olvidar al extraordinario backfield de los Tigres en 2004, cuyos integrantes siguen actualmente en la NFL, y fueron los tres tomados en la primera ronda del draft: el QB Jason Campbell (Oakland) y los corredores Ronnie Brown (Miami) y Carnell “Cadillac” Williams (Tampa Bay).
Sin embargo, el programa de Auburn ha vivido casi toda su historia bajo la sombra del poderoso equipo de la Universidad de Alabama, por lo que quizás sus logros en los últimos años no han recibido el reconocimiento debido.
Para los Patos de Oregon, 2010 representa la primera oportunidad, en toda su historia, de buscar un campeonato nacional.
Lo más cerca que han estado de ello fue en 2001, cuando terminaron en el segundo lugar de las listas finales del BCS. Una inoportuna derrota a media campaña ante los Cardenales de Stanford (42-49) terminaría costándoles el título, pese a vencer en el Fiesta Bowl por 38-16 a los Búfalos de Colorado, debido a que los Huracanes de Miami terminaron como único invicto del BCS, venciendo en el Rose Bowl a Nebraska, 37-14.
Oregon ha conseguido 9 campeonatos de la Conferencia de la Costa del Pacífico y su sucesora, el Pac-10, de la cual fueron miembros fundadores en 1915. De ellos, únicamente cuatro han sido no compartidos, y tres de ellos han caído dentro de la actual década: 2001, 2009 y 2010.
En toda su historia sólo han ganado una vez el Rose Bowl, en 1917. Era apenas la tercera edición del clásico de año nuevo cuando vencieron 14-0 a Penn State.
A diferencia de Auburn, Oregon se ha caracterizado más por mandar quarterbacks a la NFL, y dejemos de lado a fiascos de los últimos años como Joey Harrington, Akili Smith o A.J. Feeley. ¿Qué tal les suenan los nombres de Norm van Brocklin y Dan Fouts?
Además, aunque no tiene el palmarés de la Universidad de Miami en Ohio, Oregon también cuenta con un interesante legado de coaches para las filas colegiales y profesionales, en el que se encuentran dos de los timoneles que, irónicamente, más hicieron por preservar la tradición de la rival Univesidad del Sur de California tras la II Guerra Mundial: John McKay y John Robinson.
Otros estrategas surgidos de Oregon incluyen a June Jones (el principal exponente de la ofensiva run-and-shoot), Norv Turner, Jack Patera y Gunther Cunningham.
En los próximos días comentaremos algo más sobre los principales jugadores de uno y otro equipo. Por lo pronto, vaya preparando motores para el duelazo que nos espera el próximo 10 de enero en Glendale, Arizona.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
Futbol: la sorpresa katarí
Después de todos los dimes y diretes desplegados durante las últimas semanas, al menos nadie podrá acusar a la FIFA de falta de optimismo, después de otorgar la sede de la Copa Mundial del 2022 al pequeño Emirato de Katar, que derrotó a países con mucho mayor poderío económico actual que ellos, como Estados Unidos, Japón, Australia y Corea del Sur.
De todos los candidatos para albergar el magno evento del futbol mundial dentro de 12 años, Australia y el propio Katar eran los únicos que aún no han organizado un Mundial.
Sin embargo, Katar organizó con éxito el Mundial Sub-20 de 1995, en cuya final Argentina superó 2-0 a Brasil. Aunque no ha jugado todavía un mundial de mayores, destacan dos apariciones en semifinales en mundiales con límite de edad.
En el Mundial Sub-20 de 1981, los kataríes se proclamaron subcampeones, derrotando en cuartos de final a Brasil y en semifinales a Inglaterra, antes de caer en la gran final ante Alemania, 4-0. 10 años después llegaron a semifinales del Mundial Sub-17 celebrado en Italia, a pesar de perder contra México en la fase de grupos, perdiendo la semifinal ante el eventual campeón, Ghana, por 4-2 en serie de penalties.
FIFA, con la designación, confía en que todas las promesas de desarrollo tecnológico ofrecidas por el Comité Organizador, en base a una inversión de más de 54 mil millones de dólares, podrán vencer a temperaturas ambiente que, en las fechas en que por lo general se efectúa el mundial. Llegan al orden de los 48 grados centígrados.
Más aún, en una época en la que el solo futbol no ha sido capaz de demostrar que puede controlar la agresividad de las aficiones de dos equipos antagónicos, particularmente a la hora de los “clásicos”, FIFA apuesta porque el fundamentalismo islámico no haga las pasiones religiosas todavía más difíciles de controlar de lo que son hoy en día. Más aún, confían en que una eventual calificación de Israel no complique aun más esta situación. El comité organizador promete que Israel será bienvenido… hoy.
Por otro lado, Katar es una nación de apenas 1.7 millones de habitantes, y como citó uno de los líderes de la candidatura estadounidense, el ex internacional Eric Wynalda, si la organización tiene éxito, podrían esperar el doble de esa cifra en turistas, incluso para una nación que hoy promedia un crecimiento económico de 17% anual, podría ser demasiado.
En fin, FIFA ya otorgó la sede y ahora corresponde a Katar cumplir con lo prometido. FIFA no retira una sede mundialista desde que Colombia renunció a la sede de 1986 por los problemas de guerrilla que entonces la aquejaban, lo que abrió la puerta a nuestro país para ser el primero en la historia en recibir dos fases finales de Copa del Mundo. Esperemos que no sea el caso para esta nación islámica.
Por otro lado, Blatter dio una “cachetada con guante blanco” a Vladimir Putin al dar a Rusia la sede del Mundial 2018, luego de que el hombre del poder en la nación más grande del mundo rechazara asistir a la presentación definitiva de su candidatura, precisamente por todo el “sospechosismo” levantado en el proceso previo a la designación de sedes.
Total, para el futbol anglosajón, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, el 2 de diciembre de 2010 quedó en la historia como un “jueves negro”.
De todos los candidatos para albergar el magno evento del futbol mundial dentro de 12 años, Australia y el propio Katar eran los únicos que aún no han organizado un Mundial.
Sin embargo, Katar organizó con éxito el Mundial Sub-20 de 1995, en cuya final Argentina superó 2-0 a Brasil. Aunque no ha jugado todavía un mundial de mayores, destacan dos apariciones en semifinales en mundiales con límite de edad.
En el Mundial Sub-20 de 1981, los kataríes se proclamaron subcampeones, derrotando en cuartos de final a Brasil y en semifinales a Inglaterra, antes de caer en la gran final ante Alemania, 4-0. 10 años después llegaron a semifinales del Mundial Sub-17 celebrado en Italia, a pesar de perder contra México en la fase de grupos, perdiendo la semifinal ante el eventual campeón, Ghana, por 4-2 en serie de penalties.
FIFA, con la designación, confía en que todas las promesas de desarrollo tecnológico ofrecidas por el Comité Organizador, en base a una inversión de más de 54 mil millones de dólares, podrán vencer a temperaturas ambiente que, en las fechas en que por lo general se efectúa el mundial. Llegan al orden de los 48 grados centígrados.
Más aún, en una época en la que el solo futbol no ha sido capaz de demostrar que puede controlar la agresividad de las aficiones de dos equipos antagónicos, particularmente a la hora de los “clásicos”, FIFA apuesta porque el fundamentalismo islámico no haga las pasiones religiosas todavía más difíciles de controlar de lo que son hoy en día. Más aún, confían en que una eventual calificación de Israel no complique aun más esta situación. El comité organizador promete que Israel será bienvenido… hoy.
Por otro lado, Katar es una nación de apenas 1.7 millones de habitantes, y como citó uno de los líderes de la candidatura estadounidense, el ex internacional Eric Wynalda, si la organización tiene éxito, podrían esperar el doble de esa cifra en turistas, incluso para una nación que hoy promedia un crecimiento económico de 17% anual, podría ser demasiado.
En fin, FIFA ya otorgó la sede y ahora corresponde a Katar cumplir con lo prometido. FIFA no retira una sede mundialista desde que Colombia renunció a la sede de 1986 por los problemas de guerrilla que entonces la aquejaban, lo que abrió la puerta a nuestro país para ser el primero en la historia en recibir dos fases finales de Copa del Mundo. Esperemos que no sea el caso para esta nación islámica.
Por otro lado, Blatter dio una “cachetada con guante blanco” a Vladimir Putin al dar a Rusia la sede del Mundial 2018, luego de que el hombre del poder en la nación más grande del mundo rechazara asistir a la presentación definitiva de su candidatura, precisamente por todo el “sospechosismo” levantado en el proceso previo a la designación de sedes.
Total, para el futbol anglosajón, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, el 2 de diciembre de 2010 quedó en la historia como un “jueves negro”.
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