lunes, 12 de julio de 2010

Sudáfrica 2010: Todavía hay finales felices

En 19 mundiales que se han celebrado a lo largo de 80 años, únicamente un guardameta, el italiano Dino Zoff, en 1982, había recibido la Copa del Mundo como capitán del monarca.
Ciertamente, Iker Casillas tiene algo muy especial que contar a sus nietos.
Mucho se habla de la deuda que el futbol tiene con los holandeses desde la década de los 70s. La verdad, es que el mundial estaba en deuda con los ibéricos desde 1934.
España tenía muy probablemente el mejor equipo del mundo en 1934, y muchos de sus astros terminarían refugiándose en nuestro país y siendo figuras que tendieron el puente para que nuestro futbol brincara, una década después, de la época amateur al profesionalismo.
Ricardo Zamora era unánimemente reconocido como el mejor portero del mundo, titulo que ostentaba desde 14 años antes cuando, con apenas 19 de edad, llevó a España a la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920. En aquel equipo militaba un joven delantero llamado Rafael Moreno, cuyo nombre no dice mucho pero cuyo apodo sigue haciendo historia en el futbol de su país: “Pichichi”.
Entre sus astros en el campo figuraban Martí Ventolrá (cuyo hijo José representó a nuestro país en el Mundial de México ’70), José Iraragorri, Isidro Lángara (quien se quedó con el récord absoluto de goles anotados en una sola temporada en la era de los torneos largos en nuestro país); Luis Regueiro (cuyo hijo nos representó en Inglaterra ’66), Jacinto Quincoces, Leonardo Cilaurren, Ciriaco Errasti, entre otros.
En un Mundial no politizado, la siembra era ideal para un duelo entre los que eran considerados en aquel momento los dos mejores equipos de Europa fuera de las islas británicas: España contra el “Wunderteam” de Austria, que dirigía Hugo Meisl y contara en Matthias Sindelar como una de las máximas figuras de su tiempo.
Sin embargo, SÍ era un mundial politizado por el dictador Benito Mussolini, y la suerte quiso que Italia y España se enfrentaran en la segunda ronda, y no había manera de que España superara esa aduana. España igualó 1-1 con Italia, y para dirimir la eliminatoria se jugó un segundo partido al día siguiente, en el que los locales ganaron 1-0 para encaminarse rumbo al título que “Il Duce” había decidido mucho antes de arrancar el evento, gracias a dos arbitrajes descaradamente localistas.

LA ESPAÑA DEL 2010
A diferencia de la Hungría de 1954, o la Holanda de 1974-78, España fue el mejor equipo del mundo en el cuatrienio de 2006 a 2010, y ellos sí obtuvieron la copa del mundo que los otros dos no lograron.
Fue triste ver a Holanda apostando al “ablande”, al juego sucio desde un principio, bajo la complacencia de un árbitro inglés que quién sabe cómo fue nominado, cuando los referees británicos tienen fama de permitir golpes criminales en instancias críticas (y si no me creen, pregúntenle a Patrick Battiston… y ahora a Xavi Alonso).
Cierto, España podrá ser el campeón que menos goles ha anotado en la historia (sólo 8, contra los 11 que anotó Brasil en Estados Unidos ’94), pero antes de esta final llegó con tres tiros a gol por cada dos de los holandeses a lo largo de todo el torneo.
España nunca traicionó a su estilo ni a su etiqueta. Fue refrescante ver cómo Carles Puyol, al término de cada eliminatoria ganada por los ibéricos, antes que nada iba a dar la mano, uno por uno a sus rivales derrotados.
España merecía más goles, pero hizo los suficientes para ser campeón del mundo.
El Mundial de Alemania 2006 fue un festival de futbol defensivo y marrullero, y por ello Italia fue un digno campeón.
En un Mundial donde las individualidades altamente publicitadas no fueron suficiente, y fueron los cuatro equipos que mejor englobaron el concepto de conjunto los que llegaron a semifinales, no hubo más justo campeón para Sudáfrica 2010 que “La Furia Roja”.

¿Y PARA DENTRO DE 4 AÑOS?
Me gustaría pensar que Brasil 2014 pueda ser el inicio del fin para el “Coutinhismo” y la resurrección del futbol-arte que la verde-amarelha legó al mundo hasta 1970, con un breve intento de regreso en 1982 y 1986. Hoy Brasil es un equipo con chispazos de arte, pero no el equipo artístico de sus más gloriosos tiempos, y ese sería uno de los retos para su mundial, dentro de cuatro años.
Pero, para ser honestos, lo dudo mucho. Mientras la FIFA siga terca a pensar que las reglas de 1880 pueden seguir funcionando hoy en día, los jugadores seguirán estando por encima del reglamento, y el juego “práctico” seguirá siendo el gran ganador.
Ojalá, en esta última apreciación, pueda yo estar muy equivocado.

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