miércoles, 8 de diciembre de 2010

Luge: 100 victorias os contemplan

Dentro del mundo del deporte siempre existe algo más allá de la victoria, más allá del campeonato, más allá del dominio, que llama la atención de las instituciones deportivas para buscar la trascendencia: la “dinastía”.
Actualmente, en pocos lugares puede hablarse de un dominio tan apabullante y definitivo como el del luge femenil alemán.
Cierto, no somos un país muy interesado en los deportes invernales, nuestro propio clima no nos lo permite, pero ¡caray! Hay disciplinas en las que podríamos trascender y crear escuela, y por nuestra sacrosanta “grilla” hemos pasado de largo esas oportunidades.
Cada cuatro años, durante la olimpiada de invierno, tal vez le haya llamado la atención el evento del luge, ese pequeño trineo sobre el cual se deslizan uno o dos atletas, sin mayor protección que un casco y un entallado traje de neopreno, en aras de la bendita “aerodinámica” para alcanzar la mayor velocidad posible.
En las dos últimas citas olímpicas (Turín 2006 y Vancouver 2010), la disciplina logró mayor resonancia por sus espectaculares y en ocasiones mortales accidentes, que por sus propios resultados. Sin embargo, este deporte, por fortuna, nos ha brindado las emociones y dramatismo propias de cualquier disciplina competitiva. Es de las pocas disciplinas deportivas en donde ha sido necesario llevar los cronometrajes hasta las milésimas de segundo para dirimir los vencedores.
En la rama varonil, fue famosa durante años la rivalidad entre el alemán Georg Hackl y el italiano Armin Zoeggeler; en la rama femenil, la actual vencedora del Campeonato Muindial es la estadounidense Erin Hamlin, pero cuando se trata de la Copa del Mundo… ni hablar, nadie ha logrado desplazar, en los últimos 13 años, a las competidoras alemanas.
El pasado 5 de diciembre, sobre la pista de Winterberg, la actual campeona olímpica, Tatjana Hüfner, se llevó el triunfo con un crono acumulado de 1:54.699, superando por 614 milésimas a su compatriota Natalie Geisenberger.
Lo extraordinario, es que esta ha sido la victoria número 100 de manera consecutiva para las alemanas en eventos de la Copa del Mundo, algo así como la “temporada de liga” que año con año reúne a los mejores exponentes del deporte. La edición 2010-11 consiste de 9 eventos.
La Copa Mundial de Luge se disputa desde la temporada 1977-78, y desde un principio incluyó el singles femenil. La primera edición fue dominada por las alemanas occidentales (porque el país aun estaba dividido) Regina König y Andrea Fendt.
Luego de tres años de dominio de la austríaca Angelika Schafferer, las luguistas de la RDA hicieron su espectacular aparición en el panorama, encabezadas por Ute Weiss, Steffi Martin y Bettina y Cerstin Schmidt. A diferencia de las atletas y nadadoras de la época, en apariencia al menos, las competidoras de luge de la Alemania Oriental tuvieron un mejor historial en materia de dopaje, y varias de ellas efectuaron con éxito la transición para representar a la Alemania Reunificada a partir de la temporada 1989-90.
El primer equipo quedó integrado por las representantes de la RDA, Susi Erdmann y Gabrielle Kohlisch, y de la RFA, Jana Bode.
En 1997-98, la italiana Gerda Weissensteiner se convirtió en la última mujer no alemana en ganar la Copa del Mundo, y de hecho la última en ganarles un evento de la misma. Tan apabullante se volvería el dominio germano, que Gerda decidió efectuar el cambio al bobsled en 1982.
Sylke Otto, Silke Kraushaar y Barbara Niedernhuber se encargaron de extender el dominio alemán durante los siguientes siete años. La austríaca Angelika Neuner sería la última competidora no germana hasta la fecha en alcanzar un “lugar de pódium” en la Copa, al clasificarse tercera en la temporada 2000-01. De ahí en adelante, los tres primeros lugares.
Aquel brillante equipo alemán fue remplazado por Tatjana Hüfner, Natalie Geisenberger y Anke Wischnewski, quienes mantienen el dominio abrumador de su país en la disciplina.
Y aunque atletas como la norteamericana Hamlin o la canadiense Alex Gough buscan poner fin al monopolio teutón, la verdad es que, al parecer, se requerirán aún mayores esfuerzos para lograrlo.

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