Anoche, me resultó muy reconfortante ver a un Bud Grant entero, a sus 83 años de edad, cargado en hombros por sus ex pupilos de los Vikingos de Minnesota, al aire libre en el Estado de la Universidad de Minnesota, a menos de cinco grados bajo cero, como sus Vikingos tantos años jugaron en aquella extraordinaria, para la historia de la franquicia púrpura, década de los 70s.
Por ello, me causó tanto impacto el enterarme esta mañana que, a los mismos 83 años de edad, y luego de una prolongada enfermedad, ha fallecido Enzo Bearzot.
Curiosamente fallece un 21 de diciembre, exactamente en el aniversario 42 de la muerte de Vittorio Pozzo.
Fueron 44 años los que el pueblo italiano tuvo que esperar, desde que Pozzo guiara a los azzurri a la conquista del bicampeonato en Francia ’38, para que Bearzot los llevara a reconquistar la supremacía del futbol mundial.
Pero en cierto sentido, ese título fue por muchos aspectos más meritorio. No hubo detrás un dictador ordenando “si usted no gana, que Dios lo ampare”, ni allanando el camino en base a arbitrajes amañados y permitiendo el juego sucio; hubo en cambio un sonado escándalo de apuestas que amenazó con desmantelar al equipo que, en todo caso, fue una decepción para la prensa local durante la Eurocopa de 1980, donde los italianos fueron anfitriones y tuvieron que conformarse con un cuarto lugar, quedando detrás de la desconocida Bélgica en su grupo eliminatorio, y perdiendo el tercer puesto en una prolongada tanda de penalties ante Checoslovaquia.
En medio, Italia tuvo que sufrir la devastación de una Guerra Mundial en la que estuvo del lado perdedor, la tragedia aérea de Superga en la que perdieron a la base del equipo que pudo darles la propiedad de la Copa Jules Rimet, 20 años antes de que fueran los brasileños los que finalmente la conquistaron, a costa de ellos mismos en la gran final disputada en el Estadio Azteca.
Ello sin contar con las acérrimas críticas del resto del mundo futbolístico por la creación y desarrollo del infausto sistema táctico del “catenaccio”, del cual, al paso de los años, se derivaría la inmortal frase de un igualmente célebre entrenador mexicano: “El que quiera divertirse en el futbol, mejor que se vaya al circo”.
La Italia de Bearzot calificó al mundial de España ’82, el primero en dar 24 boletos a la fase final en vez de los 16 que eran tradicionales, en el segundo lugar del Grupo 5 de la eliminatoria europea, por detrás de Yugoslavia.
Tras las críticas por ello, por convocar a Paolo Rossi pese a un año de inactividad por el escándalo de apuestas, y una primera fase mundialista que lograron librar con tres magros empates, y ni siquiera por diferencia de goles, sino por un gol más a favor que Camerún (mismo que le fue robado a los africanos en su partido ante Polonia), Bearzot fue de los primeros entrenadores en crear la figura del “silencio notocioso”, convirtiendo a la concentración de su equipo en un auténtico “bunker”, pero decidido a flotar o hundirse con sus decisiones.
Nadie daba la más mínima oportunidad a Italia en el Grupo “C” de la segunda fase, disputado en el diminuto (para las exigencias de un Mundial) Estadio de Sarriá, en Barcelona, y donde quedaron emparejados con los campeones mundiales de Argentina, dirigidos por César Luis Menotti y ya contando con Diego Maradona, y el únánime favorito para llevarse la corona, Brasil, dirigido por Telé Santana y que en la primera fase lograra tres victorias, con 10 goles a favor y sólo dos en contra.
Luego de un triunfo ante Argentina por 2-1 que ya parecía suficientemente milagroso, enfrentaron a Brasil con el hándicap de que un empate daba el pase a semifinales a los amazónicos… tal como en 1950, cuando un empate les daba la Copa del Mundo ante Uruguay.
Y como en 1950, recibiendo un gol en los instantes finales, Brasil regresó a casa con las manos vacías. Paolo Rossi anotó tres goles esa tarde para llevar a los azzurri a la semifinal, y dos más en esa instancia ante Polonia, con la que habían empatado a cero en la primera fase, para estar, contra todo pronóstico y toda lógica, en la gran final ante la República Federal de Alemania, que se había llevado la Eurocopa anterior en el propio territorio italiano, y que en la semifinal ante Francia demostró que apelaría a lo que fuera para coronarse, como la artera agresión de Harald Schumacher a Patrick Battiston dejó más que claro.
Sin embargo, una vez que Rossi abrió el camino con su sexto gol consecutivo, mismo que le dio el campeonato de goleo individual del torneo, sólo hubo un equipo en la cancha. De la mano del veterano arquero Dino Zoff, la RFA se convirtió en el primer equipo en ser dejado en cero en una final de Mundiales. Italia ganó 3-0, y conquistó así uno de los más improbables títulos mundiales en la historia.
Bearzot se retiraría de la selección tras el fracaso en la defensa de su título en México ’86. No regresó al futbol hasta 2002, cuando fue nombrado presidente del Sector Técnico de la Federación Italiana de Futbol (FIGC), cargó que dejó en 2005.
Descanse en paz.
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