Me gustaría pensar que, por lo menos, el señor Jacques Rogge se tomó la molestia de viajar a Oslo, Noruega, para la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz 2010. Es lo menos que podría hacer después de que el Gobierno de la República Popular de China pusiera tan en evidencia la falsedad de las razones por las que, supuestamente, fue conferida a esa nación la sede de los Juegos Olímpicos del 2008 a la Ciudad de Beijing.
Su presencia sería demasiado reconocible como para que ningún medio informativo, hasta el momento, la haya comentado.
Muchos luchadores por la independencia del Tibet lo advirtieron desde mucho antes del día de la votación para otorgar esos juegos, efectuada el 13 de julio de 2001 en Moscú: el gobierno chino no tenía la menor intención de cambiar sus actitudes para con el resto del mundo, sus promesas de apertura al mundo eran totalmente huecas.
Los jefes de misión de la candidatura ofrecieron que los juegos podrían llevar a progresos en materia de derechos humanos y otras cuestiones. Como buenos políticos, no nos dijeron mentiras. Sólo verdades a medias.
La actitud que han asumido respecto al ganador del Premio Nobel, Liu Xiaobo, ha confirmado lo que ellos mismos dijeron en alguna fase de ese proceso: “Los Derechos Humanos en China son diferentes a los del resto del mundo”.
China recibió la sede apenas en la segunda ronda de votaciones, dejando atrás las candidaturas de Osaka (Japón), Estambul (Turquía), París (Francia) y Toronto (Canadá).
Amnistía Internacional lo confirmó en un análisis presentado a menos de 10 días de la ceremonia inaugural: “Las autoridades chinas han roto su promesa de mejorar la situación de los derechos humanos en el país y traicionado los valores fundamentales del olimpismo. No existe ningún progreso para cumplir estas promesas, sólo se ha continuado el deterioro. A menos que las autoridades hagan un drástico cambio de dirección, el legado de la Olimpíada de Beijing no será positivo para los derechos humanos en China”.
Particularmente me ofendió la declaración de la cancillería de aquel país, Jiang Yu, cuando declaró, después de calificar la ceremonia como “una farsa política”, que “no representa el deseo de la mayoría de las personas del mundo, especialmente de los países en vías de desarrollo”. Fue esta declaración la que me motivó a escribir esto.
¿A qué horas el gobierno Hu Jintao nos preguntó a los países en vías de desarrollo nuestra opinión? Si no les importan las opiniones de su propio pueblo, ¿pueden tener la desfachatez de decir que representan mi opinión y la suya, amable lector?
Podrá usted estar de acuerdo con ellos, y está usted en todo su derecho, pero, ¿realmente usted cree que mantienen encarcelado a Liu Xiaobo, y en arresto domiciliario a su esposa, porque USTED así lo exige?
Claro, a lo mejor China frena sus exportaciones de fayuca a nuestro país, o peor aún, exigen sus derechos de pago de regalías por nuestro propio himno nacional o por nuestra imaginería de la Virgen de Guadalupe, que en algún momento reclamaron como propias, pero ni me pueden impedir cantar mi himno ni me pueden cobrar por mi devoción guadalupana. Ni a mí, ni a usted, ni a ningún mexicano con un orgullo tan legítimo de ser mexicano como el que ellos tienen, muy respetable por cierto, de ser chinos.
Pero ¿realmente una cúpula puede determinar qué debe pensar un chino, o más aun, que es ser un chino y qué no?
Para echarle tierra al asunto. China creo su premio “Confucio” y se lo otorgó al presidente de Taiwán, quien dijo “gracias, pero no, gracias”. ¿Acaso nadie les ha dicho que lo primero que Taiwán exige, es su reconocimiento como una nación independiente por parte de la China Continental? ¿Por qué cree usted que Taiwán no desfila con su lábaro patrio en las olimpíadas? Por esto.
Tal vez no estaba tan mal aquella señorita panameña cuando dijo que Confucio había sido el creador de la confusión… aunque más bien creo que es el gobierno chino el que está demostrando eso, no Confucio.
No nos engañe usted, señor Rogge: el otorgar la sede de los Juegos Olímpicos del 2008 a la ciudad de Beijing obedeció a tres factores fundamentales, el económico, el financiero y el monetario. No nos venda la idea de que hubo factores deportivos (si bien no se puede negar el poderío deportivo de ese país) involucrados en ese proceso.
Esa silla vacía en Oslo, primera vez que esto sucede desde 1936, cuando otro autócrata (Adolfo Hitler) impidió la presencia de otro disidente “criminal” (Carl von Ossietzky), debería tener un significado particularmente especial para usted, señor Rogge.
Esperemos que la conclusión no sea la misma que hace 74 años, pero el bien del mundo entero.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Olímpicos: Las Razones del 2008
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