Después de la Olimpíada, los Juegos Asiáticos son el evento deportivo que más atletas congrega. 10 mil atletas se dieron cita para la edición de este año, efectuada en Guangzhou, China.
Tal y como se esperaba, los anfitriones barrieron con la oposición y se llevaron de calle la punta del medallero, con 199 medallas de oro, 119 de plata y 98 de bronce, para un apabullante total de 416 que casi duplica al total alcanzado por el segundo lugar, Corea del Sur (76-65-91=232). Japón se conformó con la tercera posición en el medallero (48-74-94=216).
Los tres gigantes deportivos del lejano oriente fueron los únicos países que rebasaron la cosecha de 80 medallas.
Sin embargo, quizás lo más alentador de este evento fueron los fantásticos resultados obtenidos en materia de dopaje. Entre los 10 mil atletas participantes, únicamente se dieron a conocer dos casos de dopaje positivo. Ambos fueron representantes de la ex República Soviética de Uzbekistán, un judoka y un luchador, y ambos lo fueron por una sustancia que, de confirmarse una nueva lista que la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) publicaría el año entrante, entraría en la categoría de “sustancias susceptibles de consumo involuntario”, y por lo mismo recibirían sanciones menores.
Será interesante, al menos para Alberto Contador, el saber si el tan perseguido Clembuterol llegará a formar parte de dicha lista.
Quizás por el mayor cuidado de no incurrir en prácticas de dopaje, solamente se establecieron tres récords mundiales durante estos juegos. Yo digo que bien vale la pena a cambio de la salud (objetivo básico de la promoción de la actividad física, después de todo) de los atletas involucrados, pero me temo que muchos medios informativos verán este hecho desde la perspectiva de la “poca espectacularidad” de unos juegos sin récords.
Más grave resultó el caso de la taekwondoína taiwanesa Yang Shu-chun, la cual fue descalificada tras su pelea con la vietnamita Thi Hau Vu, al descubrirse que llevaba sensores especiales en sus talones que le acreditaban puntos adicionales. Es algo que en uno de los pocos deportes en los que nuestro país tiene una presencia destacable a nivel mundial, como lo es el Tae Kwon Do, debe llamar la atención de los directivos involucrados.
Tal parece que el “dopaje tecnológico”, que fuera consignado en la natación y sobre el cual existen fuertes sospechas en el ciclismo, podría ser una amenaza adicional sobre la cual el olimpismo tiene que empezar a trabajar ya.
Pese a todo, y considerando el hecho de que se inició un conflicto armado entre las dos Coreas en pleno desarrollo de estos juegos, creo que el balance resulta muy esperanzador, en un momento en que el continente más extenso del mundo necesita precisamente eso.
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