Cuando yo tenía apenas 8 años de edad hice mis primeros recuerdos sobre el beisbol de las Grandes Ligas, y tuve la oportunidad de empezar a conocer este bello deporte en la época de la “Gran Máquina Roja”.
Pese a que han pasado ya tres décadas y media de aquel tiempo, todavía recuerdo aquella alineación que incluía a Johnny Bench, Dan Driessen, Joe Morgan, Pete Rose, César Gerónimo, David Concepción, Ken Griffey Sr., Tany Pérez, George Foster y los pitchers Don Gullett, Jack Billingham y Pedro Borbón.
Si bien siendo un niño de 8 años era algo que no podía apreciar en su momento, la experiencia me ha mostrado que coordinar la cantidad de egos que un equipo así puede albergar no es fácil para la inmensa mayoría de los managers.
Claro, estamos hablando de la época en que, cuando el salario del jardinero Dave Parker alcanzó el monto de un millón de dólares anuales, fue una noticia que llenó horas y horas y páginas y páginas de los medios deportivos (cuando todavía podíamos esperar un 30% de cobertura deportiva para el futbol y 70% para otros deportes, a diferencia del 90 a 10 de la actualidad).
Pero como les decía, no cualquier manager podía manejar un lineup de semejante talla, y ahí fue donde surgió la figura de Sparky Anderson.
Nacido el 22 de febrero de 1934 en el poblado de Bridgewater, Dakota del Sur, Anderson no tuvo una carrera muy afortunada como pelotero. De hecho, sólo jugó una temporada completa en Grandes Ligas, formando parte de los Filis de Filadelfia en 1959.
Sin embargo, fue lo suficientemente bueno en ligas menores para ser inducido al Salón de la Fama del beisbol de Canadá, donde vivió dos etapas en Clase AAA: en 1956 con los Reales de Montreal (el mismo equipo del que salió Jackie Robinson) y en el cierre de su carrera como beisbolista, con las Hojas de Maple de Toronto (1960-63).
Con este último equipo tuvo su primera oportunidad como Manager, pero su temperamento volátil casi hizo que su leyenda muriera antes de empezar. Fue en 1965 cuando conoció al entonces Gerente General de los Cardenales de San Luis, Bob Howsam, quien le dio una nueva oportunidad de dirigir con los Cardenales de Rock Hill, iniciando un período donde ganó cuatro campeonatos con cuatro equipos diferentes de cuatro circuitos distintos: Rock Hills (1965) en la Liga de las Carolinas Occidentales, los Cardenales de San Petersburgo (1966) en la Liga del Estado de Florida, los Rojos de Modesto (1967) en la Liga de California y los Turistas de Asheville (1968) en la Liga del Sur.
Apenas terminada la temporada de 1969, Howsam dio una enorme sorpresa al contratar como nuevo Manager de los Rojos de Cincinnati a Anderson. Su nominación fue recibida por la prensa local con la simple frase “¿Sparky qué?”
Los Rojos, miembros de la Liga Nacional desde 1890, no habían logrado un campeonato desde 1940 (4-3 sobre los Tigres de Detroit), y en los siguientes 30 años su única aparición en play-off fue una derrota en la Serie Mundial de 1961 (1-4 ante los Yankees de Nueva York).
En su paso de 9 años por los Rojos, Anderson ganó cuatro campeonatos de la Liga Nacional (1970, ’72, ’75 y ’76) y dos Series Mundiales (4-3 a los Medias Rojas de Boston en 1975, 4-0 a los Yankees en el ’76).
Los Rojos no han tenido, en sus casi 130 años de historia, otro manager con más de un campeonato, y sin embargo, luego de terminar las temporadas de 1977 y ’78 en segundo lugar de su división, el nuevo Gerente General, Dick Wagner, decide despedirlo para “sacudir al equipo”.
Tan efectiva fue la sacudida, que los Rojos sólo llevan cuatro apariciones en play-off (las mismas que logró Anderson en 9 campañas) y un banderín en los siguientes 32 torneos.
Un manager de su calidad no pasó mucho tiempo en el desempleo, y en 1979 llega a los Tigres de Detroit, para consolidar un buen trabajo de reconstrucción iniciado por su antecesor, Ralph Houk, y que trajo a los felinos talentos como Kirk Gibson, Jack Morris y la llave de doble play más longeva de la historia: Lou Whitaker y Alan Trammell.
En 1983 los Tigres estaban de regreso en la pelea, pero no había muchos elementos para esperar el gran inicio de campaña que ofrecieron en 1984: ¡35 victorias en los primeros 40 partidos del torneo! Se llevaron de punta a punta el banderín de la División Este y la mejor marca de la Liga Americana (104-58, un récord de victorias en la historia de la franquicia), venciendo en la Serie de Campeonato a los Reales de Kansas City.
En la Serie Mundial de ese año se definiría cuál sería el primer manager en la historia en ganar Clásicos de Otoño en ambas ligas mayores. De hecho, Dick Williams ya había vencido a Sparky Anderson en la Serie Mundial de 1972, cuando los Atléticos de Oakland vencieron a los Rojos en siete partidos. Esta vez, Anderson no dio oportunidad al ahora timonel de los Padres de San Diego. Los Tigres se coronaron en cinco partidos, y todo México pudo festejar la coronación de “El Buitre de Tecamachalco”, Aurelio López, quien durante la temporada fuera un tanto eclipsado por el taponero boricua Willie Hernández, pero dio una postemporada sensacional.
Curiosamente, la Serie Mundial de 2006 definiría al segundo manager campeón en ambas ligas, cuando se enfrentaron Tony LaRussa (campeón en 1989 con los Atléticos) y Jim Leyland (en 1997 con los Marlins de Florida), dirigiendo respectivamente a los Cardenales de San Luis y los Tigres de Detroit. Esta vez, LaRussa fue el ganador.
Anderson se mantuvo como timonel de los felinos hasta el estallido de la huelga de 1994, y se dice que la razón principal de su despido fue el negarse a dirigir un equipo de “esquiroles” durante la pretemporada de 1995. Al momento de su retiro era el tercer manager con más victorias en la historia (2,194, sólo detrás de Connie Mack y John McGraw), y hoy es el sexto.
Es el único manager que es el máximo ganador en la historia de dos franquicias diferentes (863 triunfos con los Rojos, y 1,331 con los Tigres), y el primero que superó las 850 victorias en ambas ligas. Fue hasta el año 2000 cuando el Comité de Veteranos del Salón de la Fama determinó su ingreso en Cooperstown.
Anderson fue un hombre agradecido y modesto hasta el fin. El día de su ingreso en Cooperstown, pidió a Howsam ser quien lo “apadrinara”, e incluso ese día se negó a entrar al inmueble del Salón, por considerar que su trayectoria no estaba a la altura de los inmortales ahí entronizados.
Fue una dolorosa sorpresa el enterarme de que había ingresado en un hospicio en Thousand Oaks, California, el miércoles pasado, para apenas un día después anunciarse su muerte.
Los que somos aficionados a los Rojos de Cincinnati, que incluso en el último campeonato del equipo tuvimos que soportar la ignominiosa época de Marge Schott al frente del equipo, sabemos todo lo que la figura de Sparky Anderson representa para la historia de esta franquicia.
Por eso aprovecho para dar mil gracias por todo al maestro Sparky Anderson.
viernes, 5 de noviembre de 2010
¡Mil gracias, Sparky!
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