En el mismo día en que nos dejó uno de nuestros más brillantes escritores contemporáneos, Carlos Monsiváis, en el Hospital de la Universidad de Virginia, en Charlottesville, falleció el basquetbolista sudanés Manute Bol, a los 47 años de edad.
Y en cierto sentido, hay un cierto paralelismo en la vida de estas dos figuras: ambos buscaron ser cronistas y levantar conciencia en el mundo de las tragedias que aquejaban a sus propias tierras, ambos de modos no tan explícitos como los de un periodistas, y ambos sacrificando en ocasiones su propio bienestar para hacer más evidentes estas condiciones de desigualdad.
Por supuesto, aquí terminan las comparaciones. El maestro “Monsi” tuvo un compromiso de toda la vida con las letras. Manute lo tuvo con las duelas y con su labor humanitaria, la cual quizás llevó más allá de lo que su propio bienestar permitía.
Fue durante un viaje a su Sudán natal, que Bol contrajo una afección renal, y las medicinas que le dieron allá para aliviar su problema, derivaron en un muy doloroso problema en la piel, condiciones que se entremezclaron y agravaron hasta llevarlo a la muerte.
EL GIGANTE GENTIL
Bol era un hombre con un sentido del humor extraordinario. Una de sus mejores anécdotas era recordar que, con sus 2.38 metros de estatura, jamás alcanzó a ser tan alto como su abuelo, quien llegó a la extraordinaria altura de 2.42 metros.
Bol se acercó en los últimos años de su vida a una organización llamada “Sudan Sunrise”, al cual busca una reconciliación a nivel nacional, ahora que, el año entrante, Sudán del Sur encarará un referéndum para definir su independencia de la parte norte del país, un hecho cuyas consecuencias son en este momento impredecibles.
Fue Sudan Sunrise la empresa que financió el último viaje de Bol a su tierra natal. Janis Ricker, vocera del organismo, ha declarado que buscarán llevar adelante el último gran proyecto en la vida de este jugador, que era construir 41 escuelas diseminadas por todo el territorio sudanés.
Bol era reconocido por su extraordinario sentido del humor. Uno de sus primeros compañeros en la NBA, Jeff Ruland, lo recuerda como “Una bella persona, alguien junto a quien nunca parabas de reírte. Gustaba de contar cómo había matado a un león con una lanza en Sudán, pero yo siempre estuve seguro de que lo hizo con uno de sus tiros libres”.
Manute Bol es, a la fecha, el único jugador con más bloqueos que puntos anotados en la historia de la NBA. Tal vez no tuvo una carrera digna del salón de la fama, pero cualquier buen aficionado de los 76ers de Fiadelfia jamás olvidará su enorme, aunque aparentemente frágil, imagen.
Con el golpeo que tiene la NBA, parece increíble que alguien con extremidades tan delgadas haya podido llegar a esta liga, ya no digamos jugar 10 temporadas, como él lo logró.
Descanse en paz.
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