miércoles, 2 de junio de 2010

Ken Griffey Jr.: Una carrera de contrastes

En su momento, Ken Griffey Jr. fue visto como un predestinado a ser el más grande beisbolista de todos los tiempos. Fue tanta la expectación que levantó el inicio de su carrera, que un periodista consideró que sería el único pelotero que llegaría a formar parte del equipo ideal de dos siglos diferentes, el XX y el XXI, por los números que dejaría.
Sin embargo, hay veces que las aparentes bendiciones conllevan maldiciones ocultas y viceversa. Pocas vidas deportivas vivieron tan profundamente esta situación que la de Ken Griffey II, conocido por muchos de sus aficionados, y los de su padre, simplemente como “Junior”.

DEL TAL PADRE, TAL HIJO
Ken Griffey Sr. Fue miembro de la “Gran Máquina Roja”, el temible line up que conformaron los Rojos de Cincinnati a mediados de la década de los 70s, bajo la dirección del manager Sparky Andersson. Griffey era el jardinero izquierdo titular de aquel equipo, compartiendo el outfield con el venezolano César Jerónimo y George Foster, mientras que el infield titular era una galería de estrellas conformada por Atanasio “Tany” Pérez, Joe Morgan, David Concepción y Pete Rose, con un suplente de lujo en Dan Driessen. Aquellos Rojos ganaron las Series Mundiales de 1975 (4-3 sobre los Medias Rojas de Boston) y 1976 (4-0 a los Yankees de Nueva York).
En 1976, Griffey tuvo todo para ser champion bat de la Liga Nacional, pero prefirió guardarse el último día para “asegurar” la corona. Bill Madlock, de los Cachorros de Chicago, le hizo pagar al conectar cuatro imparables el último día para quitarle el liderato.
Griffey Sr. Fue uno de los últimos miembros de aquel gran equipo en dejar Cincinnati en 1981, jugando 10 años más en los que pasó por las franelas de los Yankees, los Bravos de Atlanta, un segundo período con los Rojos, y finalmente jugando sus últimos partidos con los Marineros de Seattle, donde haría historia al conformar la primera mancuerna de padre e hijo en alinear para un mismo equipo en las ligas mayores.

EL PREDESTINADO
Ken Griffey Jr. llegó a los Marineros como la primera selección global del draft de 1987, militando en el equipo grande entre 1989 y 1999. En esos años, pese a que el equipo logró reunir a figuras muy queridas para la afición local como Randy Jonson, Edgar Martínez, Jay Buhner y, en 1995, un joven infielder llamado Alex Rodríguez, Griffey Jr. fue sin duda el líder y gran ídolo de la afición en Seattle, que luego de muchos sinsabores pudo por fin ver a un equipo ganador.
El 14 de septiembre de 1990, Junior y su padre vivieron uno de los más grandes momentos en la historia, al ser la primera dupla padre-hijo en conectar jonrones en un mismo partido, y no se conformaron con ello, sino que lo hicieron en turnos al bat consecutivos en un duelo ante los Serafines de California.
Luego de que Griffey Sr. Se retiró como pelotero en 1991, Junior siguió evolucionando hasta ser reconocido por muchos como uno de los mayores astros de su tiempo. Fue campeón jonronero de la Liga Americana en cuatro ocasiones (1994, ’97, ’98 y ’99), además de que en todos y cada uno recibió el premio “Guante de Oro” por su impecable fildeo. En esa primer etapa tuvo 1,752 cuadrangulares, 398 cuadrangulares, 1,152 carreras producidas y 167 bases robadas.
En 1997 fue nominado el Jugador Más Valioso (MVP) de la Liga Americana, al tener un impresionante total de 147 carreras producidas y 56 cuadrangulares, con un promedio de bateo de .304.
Tras la temporada de 1999, Griffey empezó a sentir añoranza por regresar a la ciudad donde nació, Cincinnati, y fue cambiado a los Rojos por cuatro jugadores. Lejos estaba de saber que eso, lejos de ser la bendición que él esperaba, iniciaría un inesperadamente prematuro ocaso en su carrera. Las lesiones que nunca sufrió en Seattle, prácticamente desde un inicio marcaron su carrera en la franela donde su padre triunfara. Entre 2002 y 2004, Griffey se perdió 260 de 486 juegos posibles con los Rojos debido a una gran variedad de lesiones. En 2004 se convirtió en el vigésimo jugador en llegar a la cifra mágica de 500 home runs en su carrera, y lo hizo en el día del padre de ese año ante los Cardenales de San Luis. Ese día, curiosamente, igualó la marca de su padre de 2,143 imparables en su carrera.
En 2005 estuvo sano hasta el 22 de septiembre, y tuvo números lo suficientemente buenos para ser designado el “Retorno del Año” en la Liga Nacional; sin embargo, lesiones en su pierna izquierda volvieron a mandarlo a la banca, y de ahí al quirófano.
El 22 de junio de 2007, luego de que iniciaran los juegos interdigas en temporada regular, los Rojos visitaron el Safeco Field de Seattle por primera vez, y Griffey Jr. fe recibido como un auténtico ídolo por el público de los Marineros. Poco después de eso, manifestaría su deseo de terminar su carrera con la franela de los Marineros. El 19 de septiembre de ese año, una nueva lesión terminó con su temporada. El 31 de julio de 2008, los Rojos lo negociaron a los Medias Blancas de Chicago. El 30 de octubre de ese año, luego de la temporada, los “patipálidos” lo dejaron en libertad, siendo agente libre por primera vez en su carrera.

REGRESO A CASA
Tras un fuerte intento de los Bravos de Atlanta por firmarlo, el 18 de febrero de 2009 Griffey Jr. aceptó un contrato para regresar a Seattle, equipo que guardó la franela número 24 durante los 9 años que estuvo fuera, confiando en que sería él quien regresaría a tomarla.
El 15 de abril de 2009, Griffey se convirtió en el primer jugador en la historia en conectar 400 jonrones con un equipo (Seattle) y 200 con otro (Cincinanti).
Más importante que su bateo, fue su influencia en los vestidores lo que resultó más valioso para los Marineros, que tras varios años de tener en Ichiro Suzuki a su “estrella solitaria”, finalmente regresaron a ser un rival respetable.
Finalmente, hace unas horas, Griffey anunció su retiro con carácter de inmediato. No habrá tour de despedida ni largos discursos para el quinto máximo jonronero de todos los tiempos (630), y en especial, un jugador al que jamás se le encontró evidencia alguna de haber utilizado sustancias prohibidas, en una época donde muchos de sus contemporáneos levantaron fuertes sospechas, muchas de ellas bien fundadas, de hacerlo.
Probablemente el mejor homenaje a su despedida lo hizo un comentario de su compañero de equipo Milton Bradley, al decir “en un día como éste, debería llover en Seattle”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Espero sus comentarios a las notas publicadas en este blog. Eso sí, espero que todo comentario sea efectuado con el mismo respeto que ofrezco en mis columnas, ya sea para las mismas o para los comentarios de otros visitantes. ¡Gracias de antemano por su ayuda!