Antes de Martina Navratilova, el tenis femenino era menospreciado por la falta de atletisismo de sus practicantes, acusado de ser un juego de débiles servicios e incesantes peloteos desde el fondo de la cancha.
Después de Martina, fue necesario inventar nuevos eufemismos para ocultar el hecho de que el tenis femenino es menospreciado por mero sexismo.
Si bien Billie Jean King ya había demostrado que las mujeres podían desarrollar un atractivo juego de red, esto no se generalizó con ella, sino hasta que Martina y Chris Evert se convirtieron para el tenis de damas en lo que Larry Bird y Magic Johnson fueron para la NBA: la rivalidad que forjó a la liga, en el caso de ellas la Women’s Tennis Association (WTA).
Fue Navratilova quien aceleró la velocidad y ritmo del tenis femenino a niveles inimaginables antes. Bajo su influencia surgieron las tenistas como Gabriela Sabatini, Jennifer Capriati, Natalia Zvereva y la siguiente gran camada que afirmó el nuevo estilo de tenis para siempre, encabezada por Mónica Seles, Steffi Graf y una niña bautizada en su honor: Martina Hingis.
Navratilova ganó su primer título de Grand Slam en 1974, y el último en 2006, 32 años después, apenas a un mes de cumplir los 50 años de edad. Es una de sólo tres tenistas en la historia (todas mujeres) que han logrado la hazaña de ganar por lo menos una edición de cada uno de los cuatro máximos torneos del tenis mundial en cada una de sus tres modalidades (singles, dobles y mixtos) a lo largo de su carrera, y ennumerar sus demás logros nos haría triplicar el espacio de esta columna.
En 1975 le fue retirada la nacionalidad checa cuando pidió asilo en los Estados Unidos, alcanzando la nacionalidad de este segundo país en 1981, y se ha caracterizado por ser una activa defensora de los derechos de los animales y de la comunidad gay, así como una feroz crítica de los regímenes comunistas que ella conoció durante su infancia y juventud. Poca gente más autorizada para comentar el tema que ella.
Hace unas horas, Martina Navratilova hizo público el hecho de que padece cáncer de mama, por fortuna de una variedad no muy invasiva y en una etapa muy temprana, por lo que se someterá a seis semanas de radioterapia y se espera que con ello pueda dejar atrás la enfermedad del todo.
ACTIVISTA AL FIN
Navratilova reconoció en un principio que pensaba mantener su caso en privado, pero finalmente decidió que sería mucho mejor para otras mujeres el hacer pública su condición.
“Fue algo impactante para mí. Fue mi 9/11”, reconoció la tenista en entrevista con el comunicador Larry King.
En entrevista para el Daily Telegraph de Londres, Navratilova reconoció que su mal fue detectado luego de que tardó 4 años entre su última mamografía y la actual, y que por ello quiere urgir a todas las mujeres a no dejar de hacerse chequeos, por lo menos anuales, para la detección temprana de las diversas formas de cáncer.
“Lo más impactante para mí ha sido la pérdida de control. Soy una atleta, y como tal he tenido gran cuidado de mi cuerpo a lo largo de los años. Me he mantenido en buena forma, pero esto ne hizo notar que no tienes el control de tu cuerpo ni de tu vida. Algunas cosas son incontrolables, y eso es devastador”, señaló.
La variedad de cáncer que padece Navratilova se conoce como “Carcinoma ductal in situ” (DCIS por sus siglas en inglés) y, detectado en la etapa en que le fue detectado a Navratilova, es curable en más del 98% de los casos. Por el contrario, si se deja sin atención, 30 por ciento de las afectadas pueden desarrollar cáncer de mama generalizado en un promedio de 10 años.
Hoy, Martina seguirá activa en esta nueva cruzada, la de hacer que las mujeres tomen conciencia de la importancia de la detección temprana del cáncer. “Tengo una tribuna y la obligación de usarla. Jamás volveré a dejar pasar cuatro años entre chequeos de nuevo”.
Martina iniciará su tratamiento de radioterapia en París, lo cual aprovechará para trabajar como analista de una cadena televisiva de los Abiertos de Francia (Roland Garros) e Inglaterra (Wimbledon).
Una vez más, Martina Navratilova pone un ejemplo de fortaleza que va más allá de los límites de lo deportivo.
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