Hace unos días platicábamos de la gran polémica que a últimas fechas han levantado las territorialmente pequeñas, pero económicamente fuertes, naciones árabes de Bahrein y Qatar, con su agresiva política de contratación y naturalización de atletas africanos para mejorar la imagen de su deporte.
Y es que ambos emiratos se han dado cuenta del tremendo potencial que hoy en día posee el deporte como herramienta de publicidad y fomento turístico de un país, en ocasiones llegando incluso al ámbito de la política internacional.
Hoy en día, Bahrein ya cuenta con un gran premio de Fórmula-1, mientras que Qatar organiza grandes eventos tenísticos e incluso ya fue sede de los Juegos de Asia en el 2006, los cuáles transcurrieron con éxito y sin mayores incidentes.
Ahora, este país se lanza a la búsqueda de obtener la sede de la Copa Mundial de Futbol del año 2022, y para ello han hecho un espectacular anuncio: en caso de obtener la sede, tienen la economía y el proyecto para desarrollar el primer mundial totalmente bajo techo y con clima controlado artificialmente de la historia.
El clima ha sido desde siempre, sin duda, un gran problema para que las naciones árabes puedan ser anfitrionas de grandes eventos internacionales. Durante las fechas en que se celebrará el mundial de Sudáfrica, el clima en Qatar podría registrar temperaturas del orden de los 50 grados centígrados.
Sin embargo, el sheik Mohammed bin Hamad bin Khalifa al Thani, hijo del emir de Qatar y actual cabeza del Comité Organizador de la candidatura qatarí para el mundial dentro de 12 años, anuncia una inversión de cuatro mil millones de dólares en la construcción de 9 estadios nuevos y la remodelación de 3 ya existentes, los cuales contarán con sistemas de alta tecnología que mantendrán el clima al interior de los inmuebles en el orden de 27 grados Celsius durante los juegos del Mundial.
Se considera que el clima fue un punto importante para que la candidatura de la capital Doha en pos de los Juegos Olímpicos del 2016 no llegara a la recta final del proceso que asignó esos juegos a Río de Janeiro.
EL FACTOR POLÍTICO
Por supuesto, los factores político y el religioso, se quiera o no, han pesado en contra de los países árabes para tratar de organizar eventos internacionales.
Particularmente el caso de Israel se mantiene como una “espina en el zapato” para que los organismos mundiales confíen a países árabes la organización de eventos. El año pasado se levantó una honda polémica cuando a la tenista israelí se le negó una visa para poder participar en un torneo celebrado en Dubai, Emiratos Árabes Unidos; eso sin mencionar el hecho de que Israel, que calificó al Mundial México ’70 como representante de la Confederación Asiática, hace décadas que juega sus eliminatorias futbolísticas en la Unión Europea de Futbol Asociación (UEFA), debido a la hostilidad del mundo árabe hacia su existencia misma.
Sin embargo, Nasser Al Khater, director de comunicación del Comité Organizador, ha prometido que cualquier nación que califique al Mundial será bienvenido en su territorio.
Otras situaciones, como la prohibición a la venta de bebidas alcohólicas o las estrictas prohibiciones a la presencia de mujeres en las tribunas de los eventos deportivos masivos, también pesan en la reticencia de los organismos deportivos mundiales. Estos factores serán aún más difíciles de superar que los climáticos, ya que aquí se habla de cuestiones de índole religiosa, que por lo mismo será mucho más difícil que no sólo los organismos locales, sino el público local, acepte su modificación hacia estándares más “universales”.
¿Usted qué opina? ¿Un país árabe tendrá lo necesario para recibir a la gente de todo el mundo, ya sea en un Mundial o en una Olimpíada?
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