martes, 20 de abril de 2010

Un nuevo dominó en la NCAA

Durante los próximos días, las máximas autoridades deportivas de las seis conferencias afiliadas al Bowl Championship Series (BCS), la alianza que busca anualmente mecanismos para generar un campeón nacional indiscutible en el futbol americano colegial de los Estados Unidos, se reunirán en Scottsdale, Arizona, para discutir tópicos de interés y perfeccionar un sistema que, si bien ha permitido una mayor comercialización del juego, no ha demostrado ser más efectivo que el viejo sistema de nominación por medio de listas en base a votos de periodistas y otros expertos.
La reunión de este año presenta un mayor interés que de costumbre, pues desde diciembre pasado se anunció que dos de las principales conferencias del BCS que hasta la fecha se han negado a expandir su membresía a 12 instituciones, los 10 Grandes (Big Ten) y los 10 del Pacífico (Pac-10), podrían sumarse en breve a la fórmula que ha demostrado ser tan rentable para otras conferencias de la Alianza, como la del Sureste (SEC), Costa del Atlántico (ACC) y 12 Grandes (Big-XII).
La del Gran Este (BEC) que luego de ser depredada por la ACC sufrió enormidades para reunir siquiera una alineación de 8 equipos en los emparrillados y 16 en las duelas de básquetbol, podría de nuevo estar en un lío si, como se rumora, uno de sus equipos sería el principal objetivo del Big Ten.

SIN LA VENIA DE SAN PATRICIO…
Para la mayoría de los expertos, la posibilidad de que Notre Dame dejara su status de equipo independiente para unirse a los 10 Grandes ha sido un sueño desde hace más de una década. Sin embargo, la tradición de este equipo le ha permitido ser virtualmente una conferencia de un solo equipo, en términos de comercialización, calendarización y hasta de ciertas canonjías. Sin embargo, estos privilegios no se han visto respaldados con un número de victorias acorde a esa tradición en ese período, y si las “vacas flacas” se siguen acumulando, los Irlandeses Pëleadores podrían verse bajo el viejo cliché de que “cuando pudo no quiso, y cuando quiso ya no pudo”.
Exceptuando el futbol americano, donde los auriazules insisten en ser un equipo independiente, todos sus demás programas deportivos forman parte de la Conferencia del Gran Este (BEC). El actual, desde luego, no parece un buen momento para sumarse a ese sector, por lo que las opciones sólo parecen ser el Big Ten o seguir como independientes.
En ese caso, todo indica que la opción más probable sería uno de tres miembros de la BEC: Pittsburgh, Syracuse o Rutgers. La primera ya tendría una rivalidad enconada con el más novel miembro de los 10 Grandes, Penn State; mientras que las otras dos instituciones serían vistas como un intento de conquistar el mercado de Nueva York, donde hasta ahora el futbol americano colegial juega un plano secundario ante el baloncesto, jugado a nivel de División I por un mucho mayor número de instituciones, algunas tan reconocidas en las duelas y marginales o inexistentes en los emparrillados como Georgetown, St. John’s, Seton Hall, Manhattan, George Washington o Siena.
Rutgers ofrece dos ventajas sobre Syracuse, en mi opinión: el hecho, desde luego, de ser la cuna del futbol americano colegial, y también que el Estado de Nueva Jersey es una de las cinco más reconocidas canteras de jugadores para la NCAA, junto con Florida, Texas y California.
En caso de darse este movimiento, la BEC tendrá nuevamente que hacer grandes esfuerzos para mantenerse dentro del BCS, y ya se habla de que Central Florida y Memphis, esta última institución una potencia basquetbolera a últimas fechas, serían opciones interesantes.
Una tercera opción, según varios círculos, sería que Missouri brincara del Big-XII al Big Ten, lo que haría muy tentador para esta última el buscar la afiliación de la Universidad Cristiana de Texas (TCU), uno de los programas más exitosos fuera del BCS en la última década.

PARA CERRAR EL CIRCULO
Si esta última opción fuera el camino a seguir por los 10 Grandes, sólo quedarían tres programas que constantemente han puesto en duda los esfuerzos del BCS en los últimos años: Boise State, Utah y Brigham Young.
Varios expertos creen que una eventual expansión de los 10 del Pacífico podría incluir a las dos primeras instituciones arriba citadas, y que con ello ya prácticamente no había dudas sobre los merecimientos de las seis conferencias afiliadas al BCS para monopolizar las aspiraciones al título nacional.
Terminar con la rivalidad entre Utah y BYU parecería una medida poco inteligente, y si de por sí las instituciones del Pac-10 sufren cuando tienen que efectuar el viaje al recóndito poblado de Pullman para enfrentar a Washington State, ¿cuánto más complicado no les sería tener que ir hasta Boise, Idaho, para enfrentar a los Broncos, bajo la recesión económica que todavía no se ha solventado del todo, y menos aún en California, cuyos problemas económicos durante la administración Schwarzenegger son de sobra conocidos?
En lo personal, por cuestiones geográficas, de talento y de potencial, creo que instituciones como Fresno State y San Diego State, e incluso San José State, serían opciones mucho más naturales para una eventual expansión hacia el Pac-12.
La Estatal de Fresno ha tenido momentos realmente brillantes en los últimos 20 años, mientras que los Aztecas de SDSU son, en cierto sentido, el “Rutgers” del Pacífico: un gigante dormido esperando despertar.
Ante estos movimientos, sean cuales sean los que se den, todo indica que las conferencias “menores”, como la Atlética del Oeste (WAC), la de las Montañas del Oeste (MWC), la Conferencia USA (C-USA) y la del Cinto del Sol (SBC) serían las grandes perdedoras, y posiblemente también el Gran Este (BEC) se les sume. La conferencia Mid-America (MAC) parece no tener mayor problema, ni hacia delante ni hacia atrás, en su actual alineación de 14 equipos.
Desde hace tiempo me parece que, si el BCS no contempla abrirse a todas las conferencias de la antes llamada División 1-A, hoy conocida como “Subdivisión de Tazones”, al menos debería ser un requisito que todas las conferencias miembros tuvieran 12 integrantes, con sus respectivas separaciones en dos divisiones y un juego de campeonato, para que todas compitan en igualdad de condiciones deportivas. Eso sin mencionar los grandes beneficios económicos que dichas finales reportarían a las arcas de las, de por sí, más poderosas conferencias del futbol americano colegial.
Veamos que nos depara en los próximos días la “Cumbre de Scottsdale”.

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