Hace poco menos de tres años, el 25 de junio de 2007, el mundo del deporte se estremecía ante el doble homicidio y suicidio del luchador profesional Chris Benoit, quien luego de asesinar a su esposa e hijo se quitó la vida en uno de los aparatos de su gimnasio particular en su hogar de Fayetteville, Georgia.
Hace unas horas, una sensación muy similar nos recorrió a todos al enterarnos del asesinato y suicidio perpetrados por el joven púgil venezolano Edwin Valero, quien tenía todas las condiciones para pasar a la historia como el mejor boxeador, libra por libra en la historia de su país.
El pugilista, apodado “El Inca” en su país, impuso un récord histórico al ganar sus primeras 18 peleas profesionales por nocaut en el primer episodio, hasta que el 25 de marzo del 2006 Genaro Trazancos sobrevivió hasta el segundo round. Esta marca databa del año 1905.
El 5 de agosto de ese mismo 2006, Edwin se proclamó campeón mundial superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) tras derrotar en el décimo asalto a Vicente Mosquera, titulo que perdió al dejarlo vacante para ascender a la división de peso ligero.
Ahí, el 4 de abril de 2009, Valero conquistó el cinturón verde del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), venciendo por nocaut en el segundo asalto a Antonio Pitalúa. Efectuaría dos defensas exitosas de este cetro, ante Héctor Velásquez y Antonio De Marco, para dejar una foja profesional inmaculada de 27 triunfos en 27 salidas con 27 nocauts…. Apenas a los 28 años de edad.
UNA TRAGEDIA TOTALMENTE EVITABLE
Durante el pasado 18 de abril se informaba del arresto de Valero, quien había confesado al personal del hotel donde se hospedaba que acababa de asesinar a su joven esposa de 24 años, Jennifer Carolina Viera de Valero, con un arma blanca que hasta la noche de este lunes no había sido localizada.
Menos de 24 horas después se informaba del suicidio por ahorcamiento en su celda en las instalaciones de la policía de Carabobo, mientras esperaba proceso. Fue el mismo método elegido por Benoit para quitarse la vida.
Apenas tres semanas antes, Valero había sido arrestado luego de que su esposa ingresara en un hospital con una costilla fracturada. Tras amenazarla a ella, a empleados del hospital donde era atendida, e incluso resistirse al arresto, Jennifer se negó a presentar cargos bajo una excusa clásica de las mujeres maltratadas: se lastimó al rodar por unas escaleras.
Valero salió de prisión el 7 de abril pasado, a pesar de que un examen médico determinó que al momento de su arresto tenía elevados niveles de alcohol y drogas psicotrópicas en su sangre, gracias a que dos “amigos” se encargaron de pagar su fianza.
11 días después, Valero y su mujer están muertos, dejando en la orfandad a dos infantes de 8 y 5 años de edad.
Y hoy que en México se empiezan a legalizar las drogas porque “no se podía abrir el ‘Gran Debate Nacional’ sobre las mismas si no se legalizaban”, yo pregunto: ¿Quién le explicará a los hijos de la pareja que papá mató a mamá porque estaba enfermo? Y no lo entrecomillo con toda intención, porque no soy nadie para juzgar si la drogadicción es o no es una enfermedad, pero sus consecuencias, no sólo para los consumidores, sino principal y más dramáticamente para quienes los rodean, también deberían estar en el centro del debate.
¿Quién le dice a los familiares y amigos de Jennifer Viera de Valero, o a los de Nancy Toffoloni-Benoit y su pequeño hijo Daniel, que simplemente murieron por “estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”?
¿Cuántas Jennifers y cuántas Nancys más necesitan nuestros sistemas de justicia para darse cuenta de la magnitud del problema que tenemos entre manos?
Soy un convencido de que es deber de los padres de familia el detener el avance de la marcha de la drogadicción a nivel mundial, y para ello el ejemplo no puede ser considerado menos importante que las palabras. Sólo con ese ejemplo, algún día nuestras sociedades, y la sociedad humana en general, podremos recuperar la cordura y tranquilidad de que alguna vez gozamos.
Tanto Edwin Valero como Chris Benoit fueron hombres a quienes deportes de combate dieron la oportunidad de una vida mejor, como a varios que sí lograron capitalizarla y a muchos otros que no lo lograron.
Tanto en el caso de Benoit como el de Valero, hubo sustancias dopantes que precipitaron los hechos que llevaron a su ruina y deceso, y ninguno de los dos fue capaz de irse sólo, sin afectar a segundos ni terceros. Esos son factores innegables, y las consecuencias hablan por sí solas.
lunes, 19 de abril de 2010
Edwin Valero: ¿Y los derechos de Jennifer?
Etiquetas:
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