jueves, 1 de abril de 2010

Dwyane Wade: Otro feo divorcio

Pat Riley dirigió en una primera etapa al Miami Heat durante 8 temporadas, en las cuales jamás llegó a una final de la NBA y su equipo se convirtió en un cliente frecuente de su anterior equipo, los Knicks de Nueva York, en la postemporada.
Apenas dejó la dirección del equipo para concentrarse en sus deberes como Gerente General, consiguió en la quinta selección global del draft colegial a un inesperado superestrella llamado Dwyane Wade –guardia tirador egresado de la Universidad de Marquette, en Milwaukee-, cambió a varios jóvenes estelares (Caron Butler, Lamar Odom, Brian Grant y una primera selección de draft) a Los Angeles para conseguir a Shaquille O’Neal, y su coach asistente de muchos años, Stan van Gundy, dirigió un ciclónico cierre de temporada para llevar al Calor a una marca de 42-40 tras un inicio de temporada de 0-7 y un sorpresivo boleto a la postemporada.
Un año después, ya con 21 juegos disputados en la campaña, Riley dio “las gracias” a Van Gundy para tomar él mismo las riendas del equipo y conseguir su quinto anillo de campeón, primero en la historia de la franquicia, al superar en seis partidos a los Mavericks de Dallas en la gran final de la temporada 2005-06.
Sin embargo, a pesar del éxito conseguido, Riley no estaba satisfecho con el carácter de su nueva estrella, Wade. Le parecía demasiado “buena gente”. Un jugador que ayudaba a sus rivales a levantarse después de un contacto propio del juego. Eso no era lo que Riley buscaba. A su nuevo astro le faltaba el “instinto asesino” de las grandes estrellas del deporte americano.
Pat Riley no quería un nuevo James Worthy. Quería un nuevo Dennis Rodman.
Lamentablemente, todo indica que lo ha logrado.
Riley dirigió al Heat dos temporadas más, con marcas de 44-38 y un desastroso 15-67 en su último año, y marca de 0-4 en postemporada tras ese campeonato.

DEL TRABAJO AL HOGAR
Tras un estricto régimen de burlas en los entrenamientos cada vez que Wade tenía desplantes de deportivismo (o según Riley, de “blandenguería”), Wade se convirtió en la máquina que Riley deseaba, e incluso en el líder del equipo que devolvió a los Estados Unidos el oro olímpico en Beijing 2008 y que fue conocido como el “Redeem Team” (El equipo de la redención).
Sin embargo, iniciando este torneo, Riley se quejó de que su astro regresó fuera de forma de su receso post-olímpico, y eso se reflejó en estadísticas ligeramente peores que el año anterior y un pobre paso del equipo al arranque del torneo. Riley demandó más de su astro declarando: “Nadie quiere más a Wade que yo, ni nadie será más honesto con él que yo”.
Lamentablemente, fuera de la cancha Wade vive ahora una tormentosa demanda de divorcio por parte de su ex esposa Siohvaughn Funches-Wade desde el 2007. Ella lo acusa de “extrema y recurrente crueldad mental” y de contagiarle la enfermedad del herpes debido a una relación extramarital, mientras que el astro de la NBA pretende retirarle a ella la patria potestad de los dos hijos de la pareja, alegando que ella debería ser evaluada sicológicamente y que estaba “siguiendo vías alternas de culto totalmente alejadas de lo establecido”.
La abogada Eunice Ward, miembro de la firma de abogados que representa a Siohvaughn Wade, comentó en un e-mail dirigido a la agencia Associated Press (AP) lo siguiente: “Nuestra cliente cree que estos diversos papeles (la demanda de custodia hecha por Dwyane) son una venganza por sus legítimos reclamos presentados el 19 de marzo de 2010 en la Corte de Relaciones Domésticas, en relación a una Orden de Restricción relacionada a los abusos del señor Wade a partir del 2006”.
A mí me brincó esta última fecha: 2006, el año en que Riley inició los entrenamientos especiales para “fortalecer el carácter” de su nuevo astro. Por supuesto, no queremos decir que Riley deba ser señalado como culpable de la situación marital de Wade, per sí que tal vez debería sentarse a reflexionar si puede considerarse a sí mismo "nulamente culpable" de lo sucedido.
Lamentablemente ese parece ser el espíritu del deporte americano en los últimos años: si tenemos que arruinar tu vida familiar y personal con tal de que vendas boletos, que así sea.
No importa a cuantas mujeres e hijos tengamos que arruinarles la vida por el camino, mientras tú nos ganes partidos, vendas boletos, pactes comerciales y consigas anillos, que así sea.
Wade podría sumarse a una muy lamentable lista de astros deportivos que han arruinado prometedoras vidas personales y hasta deportivas en aras de ese “instinto asesino”. Y Riley no tiene ningún anillo que demuestre que valió la pena generar este “nuevo Wade” para suplir al anterior.
¿Y después de todo, era tan despreciable la figura de James Worthy al compararla con Dennis Rodman?
Alguna vez se publicó en Magazine Deportivo: Pat Riley eligió renunciar a ser el “Tom Landry” para convertirse en el “Buddy Ryan” de la NBA, y cualquiera que compare las trayectorias de ambos estrategas en la NFL sabe que esta elección no podía dejarle nada bueno a Riley, sin duda uno de los mejores entrenadores que la NBA haya tenido, y por méritos propios.

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