“No necesitas odiarlas para ganarles”.
Es una frase que ganó mi admiración a la tenista belga Kim Clijsters… y por supuesto, le ganó también el menosprecio de la prensa deportiva de los Estados Unidos.
¿Acaso ella ignoraba el proverbio de que “los chicos buenos siempre terminan últimos”? ¿No reconocía el hecho irrefutable de que todo –y los expertos lo repiten: TODO- gran campeón DEBE tener un “instinto asesino”? ¿No acaso, por las mismas fechas en que Kim decía aquella frase, Serena Williams era la figura más dominante del tenis mundial, y se ganaba a la prensa deportiva de su país al indicar que su meta era aplicar la “filosofía deportiva (?)” de Mike Tyson al tenis?
Serena incluso trató de popularizar el uso de ropa de cuero negro en el “deporte blanco”… aunque sus resultados durante ese período, si bien superiores a los de Kim, tampoco abrieron una brecha insalvable sobre la tenista flamenca.
Sin embargo, su estilo de juego, con los “splits” que se convirtieron en prácticamente una imagen distintiva, empezó a generarle lesiones, particularmente en tobillos, muñecas e incluso en un músculo de la cadera.
Sin embargo, luego de perder casi todo el 2004 por lesiones, en 2005 conquistó por primera vez una final de singles de Grand Slam, el Abierto de Estados Unidos, superando en la final a la francocanadiense Mary Pierce.
Ese año, merced a que dominó la temporada norteamericana (de hecho se convirtió en la segunda mujer en lograr el “doblete” de ganar consecutivamente los torneos de Indian Wells y Key Biscaine), tras su victoria en el US Open recibió un bono que duplicó su premio en este último torneo. El cheque que recibió por 2.2 millones de dólares es el más elevado jamás recibido por una mujer atleta en cualquier evento deportivo hasta la fecha.
Sin embargo, las lesiones regresarían, así como el deseo de realizarse como mujer, y así, en mayo de 2007 Kim anunció su retiro de las canchas.
UN RETORNO INOLVIDABLE
Dos años después, luego de jugar un duelo de exhibición al lado de Tim Herman ante los esposos Agassi, Kim decidió emprender lo que ella misma llamó una “segunda carrera” más que un retorno en el tenis. Y luego de apenas dos torneos, Kim dejó boquiabierto al mundo cuando conquistó por segunda vez el US Open, venciendo en la final a la danesa Carolina Wozniacki por 7-5 y 6-3. Sin embargo, es aún más recordado su triunfo en semifinales, cuando logró que su rival perdiera totalmente el control e incluso amenazara de muerte a una juez de silla por una falta de pie. Ello le costó un punto cuando tenía match point en contra.
Quien más podía ser esa rival, si no Serena Williams…
Esta victoria no sólo le significó ser la primera jugadora que gana un torneo de Grand Slam sin siembra ni ranking WTA, sino que además se convirtió en la primer madre en ganar uno de los Cuatro Grandes desde que Ivonne Goolagong ganara la final de Wimbledon en 1980.
Luego de que su triunfo le valiera automáticamente regresar al Top-20 del ranking mundial, Kim Clijsters se ha consolidado una vez más como una de las mejores tenistas del orbe. Y prueba de ello fue su victoria del día de hoy, cuando no sólo derrotó, sino que hizo ver mal a Venus Williams en la final de Key Biscaine, 6-2, 6-1, en apenas 58 minutos de juego. Más emocionante por mucho fue su triunfo semifinal ante su compatriota Justine Henin, quien también estaba retirada pero decidió regresar tras el triunfo de Kim en el US Open 2009. Los parciales de esa semifinal fueron 6-2, 6-7 y 7-6.
Pese a todo lo que ha vivido, Kim Clijsters ha confirmado conservar ese carisma que le ha permitido ser reconocida como una de las jugadoras más queridas de la gira WTA. Hace unas semanas recibió el trofeo Karen Krantzcke al Espíritu Deportivo… Por séptima ocasión en su carrera. Ha sido además en seis ocasiones la deportista femenina del año en Bélgica.
Si eso no es una Gran Campeona, no entiendo qué es lo que la prensa deportiva quiere encontrar.
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