En los últimos años, se habla mucho de la crisis que se vive en el arbitraje en casi todos los deportes profesionales, y que está causando que cada vez menos personas se arriesguen –porque hay que decirlo, se ha convertido en un auténtico riesgo- a ejercer esta actividad.
Y es necesario reconocer que los medios de comunicación, particularmente los electrónicos con la gran cantidad de recursos técnicos con que cuentan, y de los cuales también hacen eco los medios escritos, juzgan con gran ligereza la actuación de muchos jueces, sin tomar en cuenta ángulos de visión ni la velocidad normal a la que estos jueces tienen que trabajar.
Por ello, resulta increíble que hace menos de 10 años, un réferi de boxeo estaba oficiando una pelea de campeonato mundial a los 81 años de edad.
Arthur Mercante Sr, quien se estima dirigió 145 peleas solamente de campeonato mundial, se retiró juzgando la pelea por el título minimosca avalado por la Federación Internacional de Boxeo (IBF) en la que Ricardo “Finito” López derrotó por nocaut técnico en el octavo round al sudafricano Zolani Petelo, en el histórico Madison Square Garden (MSG) de Nueva York, en una pelea preliminar dentro de la cartelera que encabezaron Bernard Hopkins y Félix “Tito” Trinidad, apenas 18 días después de los atentas terroristas que derribaron las Torres Gemelas de la “Gran Manzana”.
No fue un final nada malo para una carrera que inició en 1954 al recibir su licencia como ábritro profesional, y cuya primera oportunidad estelar se dio el 20 de junio de 1960 en el ya desaparecido estadio Polo Grounds, y que resultó ser la pelea de revancha entre Floyd Patterson e Ingemar Johansson, uno de los más impresionantes nocauts en la historia del boxeo, y donde Patterson derribó el famoso mito de que “ellos nunca vuelven”, al ser el primer excampeón de peso completo que logró recuperar el título mundial.
Antes de eso, durante la segunda guerra mundial prestó servicio en la Marina de su país en 1942, y el capitán a su cargo fue nada menos que Gene Tunney, el excampeón de peso completo famoso por ganar la pelea de “La Cuenta Larga” ante Jack Dempsey.
LA PELEA DEL SIGLO
Sin embargo, Mercante será siempre recordado por fungir como tercero sobre el ring en el combate que casi todos reconocen como la mejor pelea del Siglo XX: la primera parte de la trilogía entre Muhammad Alí y “Smokin” Joe Frazier, el 8 de junio de 1971 en el MSG.
Aquella pelea levantó una expectación que no se veía en el mundo del pugilismo desde el combate entre Joe Louis y Max Schmelling, y probablemente se debió al hecho de que por primera vez se enfrentaban un excampeón invicto y un campeón invicto en la máxima categoría. Ambos púgiles recibieron bolsas de 2.5 millones de dólares, un récord para su tiempo, mientras que los boletos en ringside alcanzaron un precio, también histórico en ese momento, de 150 dólares. El réferi solamente cobró 750 dólares por su participación.
Frazier ganó aquella pelea por decisión unánime en 15 episodios, y más tarde se sabría que Alí peleó los últimos rounds con la mandíbula fracturada.
El 22 de enero de 1973, Mercante sería también el tercero en discordia cuando Frazier perdió el título completo ante George Foreman, por KO apenas en el segundo round en Kingston, Jamaica. Asimismo, ofició la última pelea celebrada en el original Yankee Stadium, cuando Alí defendió exitosamente el título ante Ken Norton en 1976.
En otras divisiones, una de las peleas que él más recordaba, según su propia autobiografía intitulada “Dentro de las Cuerdas”, fue otro de los más salvajes nocauts de la historia, cuando Marvin Hagler derribó a Tommy Hearns por el título mundial medio, el 15 de abril de 1985 en el Caesar’s Palace de Las Vegas.
Mercante Sr. Formó parte de la Clase 1995 del Salón de la Fama del Boxeo Internacional, con sede en Canastota, Nueva York. En esa misma clase ingresaron al recinto de los inmortales los púgiles Max Baer, Masahiko “Fighting” Harada, el argentino Pascual Pérez y el boricua Wilfredo Gómez.
Este 10 de abril, a los 90 años de edad, Arthur Mercante Sr falleció durante el sueño en su hogar en Westbury, Nueva York, a los 90 años de edad.
Y será difícil encontrar un réferi con una carrera tan dilatada si los medios de comunicación no asumen una posición más autocrítica respecto de sus comentarios hacia las figuras de autoridad.
Cierto, a nadie nos gustan, pero estoy convencido que los oficiales han prevenido más tragedias en el deporte de las que han causado. ¿Usted no?
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