Posiblemente desde los tiempos de Bill “Bird” Fydrich, el beisbol de las grandes ligas no veía un lanzador que desplegara tanto júbilo y entusiasmo por el trabajo monticular como el pitcher dominicano José Lima. Como Fydrich, tuvo un muy breve período de esplendor en la gran carpa, pero éste bastó para que la afición los recordara muchos años después de que tal destello se hubiera extinguido.
Y también como Fydrich, José Lima tuvo una vida muy corta. Apenas a los 37 años de edad, José Lima Jr. falleció víctima de un infarto fulminante en su hogar en Los Angeles, donde se preparaba para inaugurar su propia escuela de béisbol.
DE ASTRO A DODGER
José Desiderio Rodríguez Lima, apodado "Mambo" por su afición a los ritmos de su patria, nació el 30 de septiembre de 1972 en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, y llegó a las ligas mayores en 1994, con los Tigres de Detreoit. De 1997 a 2001 militó con los Astros de Houston, franela con la que vivió su mejor etapa dentro de las Ligas Mayores, donde tuvo marca de 46 victorias por 42 derrotas. Su mejor temporada la vivió en 1999, con un récord de 21 triunfos por 10 derrotas, una efectividad de 3.58 y su nominación al Juego de Estrellas de ese año.
A inicios del 2001 regresó para una segunda etapa con los Tigres de Detroit, pero fue tan malo su desempeño, ganando 9 juegos y perdiendo 17, que los felinos, en ese entonces uno de los peores equipos de la Liga Americana, lo cortaron. Un decepcionado Lima veía en ello uno de los más rotundos fracasos de su carrera.
Sin embargo, al año siguiente recibió una nueva oportunidad por otro de los peores equipos del joven circuito, los Reales de Kansas City, donde a pesar del pobre nivel del equipo tuvo una foja de ocho triunfos por tres derrotas en 2003, lo que le significó una oportunidad de regreso a la Liga Nacional, con los Dodgers de Los Ángeles.
Si con los Astros vivió sus mejores temporadas, sin duda con los Dodgers fue que José Lima vivió su mayor momento de gloria.
Este se produjo el 9 de octubre de 2004durante la Serie Divisional de la Liga Nacional en que los Dodgers, luego de perder los dos primeros partidos en el Estadio Busch, recibían a los Cardenales de San Luis encarando la eliminación. Con todo en contra, Lima abrió el partido y lanzó una blanqueada de cinco imparables, completando el partido para llevarse la victoria mientras todo el público en Dodger Stadium coreaba su nombre. Entre 1988 y 2008, esa fue la única victoria en play-offs obtenida por el cuadro angelino.
Su enorme entusiasmo, e incluso su talento artístico, pues llegó a cantar el Himno Nacional de Estados Unidos previo a un partido, le ganaron u8n lugar especial en el corazón del público angelino.
Aquel fue el último gran momento de su carrera en la gran carpa. Al año siguiente regresó con los Reales, con una marca de 5 triunfos por 16 derrotas y una efectividad de 6.99 que es la más alta en la historia para cualquier lanzador que haya iniciado al menos 30 partidos en una temporada. Al año siguiente apenas tuvo cuatro aperturas, y todas resultaron derrotas para su equipo, los Mets de Nueva York.
EL EXODO FINAL
Para la temporada 2007, Lima llegó en medio de una fuerte polémica a la Liga Mexicana de Béisbol, pues originalmente los Sultanes de Monterrey buscaron su contratación, pero al existir un tope salarial, no pudieron llegar a un arreglo con su representante. Sorpresivamente, Lima apareció con la franela de los Saraperos de Saltillo, ganando 13 partidos y perdiendo cuatro en la temporada, con una efectividad de 3.60. Los Sultanes exigieron una investigación de cómo habían logrado los Saraperos firmar a Lima sin violar el reglamento salarial, perdiendo esa demanda, pero se cobraron de otro modo, ya que eliminaron a los Saraperos en la final de la Zona Norte de esa campaña.
Después de ello, Lima jugaría una temporada en la Liga profesional de Corea del Sur, y otra más en una liga independiente de Estados Unidos, la Goleen Baseball League (GBL), con un equipo llamado la Armada de Long Beach que dirigía el ex liga mayorista Garry Templeton. En esa misma liga, su última parada en la pelota veraniega fue con los Capitals de Edmonton.
Eso fue en la pelota veraniega, porque en invierno era un asiduo participante en la liga de su país, donde vistió las franelas de los Leones de Escogido y, principalmente, de las Águilas Cibaeñas, tuvo marca de 31 triunfos y 22 derrotas y promedio de carreras limpias admitidas de 2.92 en 13 temporadas en la pelota dominicana, ganando cuatro campeonatos nacionales con los aurinegros del Cibao.
Fue una enorme sorpresa para todos el enterarse de la muerte del serpentinero dominicano. Y no es para menos. La vida parecía sonreírle en todos sentidos, sobre todo ante la inminente apertura de su propia escuela de béisbol.
“un periodista me comentó la noticia mientras tomaba práctica de bateo, y el bat se me cayó. Quedé petrificado”, comentó su compatriota José Guillén, quien hoy milita con los Reales de Kansas City.
Descanse en paz.
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