Arvydas Sabonis tenía 31 años de edad cuando finalmente pudo debutar en la NBA, y logró rendir siete temporadas sobre rodillas muy maltrechas para los Trail Blazers de Portland. A sus 34 años de edad, Marion Jones recibe una nueva oportunidad dentro del deporte, cuando de manera sorpresiva logró pasar todos los cortes de la pretemporada y quedar en el roster definitivo para la temporada de la WNBA con el Shock de Tulsa.
Jones tuvo que esperar por una nueva oportunidad en el deporte durante poco más de dos años y medio, pero fueron más de 16 años para que fueran las duelas de baloncesto las que la tuvieran de vuelta.
UNA NOVATA FENOMENO
Marion Jones fue una fenomenal atleta preparatoriana en el Estado de California, siendo monarca estatal en los 100 metros planos cuatro años consecutivos, y también destacando en las duelas de básquetbol, lo que le valió una beca deportiva en la Universidad de Carolina del Norte.
Los “Tar Heels”, nombre dado por los europeos a una tribu indígena que ocupó aquel estado antes de la colonización anglosajona, y que literalmente podría traducirse por “Talones de Brea”, eran ya una de las más tradicionales potencias dentro del baloncesto varonil de la NCAA, pero su equipo femenil estaba muy lejos de esos niveles. De hecho, todo el basquetbol femenil de la Conferencia de la Costa del Atlántico (ACC) estaba muy lejos del nivel de sus contrapartes varones. Ningún equipo de esta agrupación había logrado disputar un juego de campeonato.
Sin embargo, la entrenadora Sylvia Hatchell llegó con la disposición de cambiar todo eso en 1986, cuando llegó al timón del conjunto femenil.
Luego de cuatro años difíciles, para la temporada 1993-94 tenía ensamblado un gran equipo con dos jugadoras de cuarto año Tonya Sampson y Sylvia Crawley, y dos de tercero, Charlotte Smith y Stephanie Lawrence. Hacía falta solamente una armadora, una guardia-punta que pudiera controlar el juego, y tal responsabilidad recayó en la novata Marion Jones.
La joven estadounidense-beliceña no decepcionó, demostrando la rapidez que en su momento la haría la máxima figura del atletismo mundial, pero también, como lo diría en su momento la entrenadora de la Universidad de Purdue, Lin Duna, “por su velocidad, rapidez extrema, su habilidad para anticiparse y bloquear las líneas de pase”.
En ese 1993-94, Jones impuso un nuevo récord de robos para una novata en una temporada en la NCAA. Las Tar Heels terminaron la campaña con una marca de 27-2, sufriendo sus únicas dos derrotas ante las “Lady Cavaliers” de la Universidad de Virginia, de las cuales se vengaron para ganar el título de la ACC, el primero en la historia del programa femenil. Por ello, la coach Hatchell consideró ofensivo el que fueran sembradas apenas en el tercer lugar del torneo regional del Este, por debajo de Connecticut y Vanderbilt.
UNC abrió su participación apaleando 101-53 a Georgia Southern, con 19 puntos de Jones; luego ganaron un juego altamente físico ante Old Dominion por 62-52; en la tercera ronda, pese a la suspensión de su estrella Charlotte Smith, las de celeste y blanco superaron a Vanderbilt, 73-69, para buscar el pase al Final Four ante las Huskies de Connecticut, que contaban ya con el coach Geno Auriemma, quien eventualmente haría de este equipo una potencia nacional, y contaba con una figura que haría época en Rebecca Lobo. Con Smith de regreso, Carolina del Norte ganó 81-69 para llegar por primera vez en su historia al “Gran Baile” femenil, el cual se celebró ante llenos absolutos en el Coliseo de Richmond, Virginia.
En su semifinal nacional, UNC derrotó a Purdue por 89-74, con una memorable actuación de Marion, quien tuvo 19 puntos, seis robos y cinco asistencias.
La gran final enfrentó a UNC contra el Tecnológico de Louisiana, una de las más grandes potencias en la liga antecesora de la NCAA, la AIAW, la cual coordinó el basquetbol universitario femenil de 1972 a 1982. Lousiana Tech ganó el campeonato de la AIAW en 1981, venciendo 79-59 a Tennessee, al que sumó dos campeonatos de la NCAA en 1982 (76-62 sobre Cheyney State) y 1988 (56-54 sobre Auburn), además de los subcampeonatos de 1979, 1983 y 1987. Era pues, una de las mayores potencias del básquetbol femenil universitario en su momento, y buscaban lo que ya sabían sería una de sus últimas oportunidades de alcanzar la máxima gloria, antes de que universidades con el respaldo económico de más exitosos programas varoniles las mandaran al “montón” de la NCAA.
Y las “Lady Techsters” estuvieron a punto de lograrlo… de hecho, a menos de un segundo. Pam Thomas, una jugadora de apenas 1.55 de estatura, encestó a 15 segundos del final para poner al Tec en ventaja de 59-57. Luego un dramático rebote y dos tiempos fuera, con siete décimas en el reloj, Charlotte Smith encestó un triple que dio a UNC el que, hasta la fecha, es el único campeonato en su historia dentro del baloncesto femenil.
Entre los números que UNC honró por su aporte al deporte institucional, se encontraban el número 23 de Smith (uno de sólo dos números retirados a las Lady Tar Heels), el 34 de Tonya Sampson, el 00 de Sylvia Crawley… y el 20 que portaba Marion Jones.
Este último fue bajado de la galería de pendones de la arena “Dean Smith”, luego de que Marion se declarara culpable de perjurio ante una corte federal, tras haber negado su uso de sustancias prohibidas reiteradas veces.
Luego de perder las cinco medallas que ganara en Sydney 2000, caer en desgracia y en la ruina económica, e incluso haber sido dejada en libertad por las Estrellas de Plata de San Antonio, equipo que anunció originalmente su firma para la pretemporada, es innegable que la presencia de Jones influyó notablemente para que el Shock, que dejó su sede original en Detroit para mudarse a la capital de Oklahoma, agotara el boletaje para su juego de debut en su nueva sede, ante las Linces de Minnesota. Al final, las Linces se impusieron 80-74 en la inauguración de la temporada 2010 de la WNBA. Jones apenas jugó poco más de 3 minutos saliendo de la banca, registrando únicamente una falta en su contabilidad. En su próxima salida, Tulsa visitará al Cielo de Chicago.
Pese a que recibirá el salario mínimo ofrecido por la liga, 35 mil dólares, la hoy mamá de tres hijos y casada con el velocista de Barbados, Obadele Thompson, Jones ve en su reaparición en el deporte la oportunidad de enseñar una valiosa lección a sus hijos y a toda la juventud que siga sus actuaciones. “Mi marido y yo enseñamos en nuestro hogar que todos cometemos errores, y es lo que haces después del error lo que finalmente determinará la manera en que la gente te juzgará”.
Ante los rumores de que su presencia no es más que un truco publicitario de una WNBA que sufre por sobrevivir en medio de la gran recesión económica, Jones simplemente comenta: “Me habría encantado poder hacer esto calladamente, pero cuando se trata de mí, nada puede ser realmente callado”.
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