martes, 25 de mayo de 2010

Super Bowl XLVIII: Retorno a las raíces

Por lo general, procuro en la medida de lo posible dejar la decisión de una cuestión polémica en manos de ustedes, amables lectores. En este caso, solicitando su comprensión, debo decir que la idea me agrada sobremanera.
Por supuesto, usted tendrá razón al decirme que lo más probable es que ese día yo estaré sentado en la sala de mi casa, viendo el partido a no menos de 14 o 15 grados centígrados y con una chamarra siendo más que suficiente para protegerme del frío, pero para quienes recordamos algo del futbol americano que se jugaba a mediados de los 70s, e incluso para los aficionados actuales que han visto partidos en Buffalo o Denver, la idea podría permitirnos regresar a aquellas estampas de jugadores luchando contra los elementos para sacar adelante un partido de fuerte golpeo.
Además, así disfrutaremos del juego la mayoría de los cientos de millones de aficionados que vemos el Super Bowl sin esperanza alguna de algún día conseguir un boleto o una acreditación.
Hace unas horas, la NFL determinó que el Super Bowl del año 2014 se efectuará en el nuevo estadio Meadowlands, sede de los Gigantes y los Jets de Nueva York a partir de la próxima temporada, y de inmediato la determinación ha levantado un acalorado debate, entre aquellos que defienden la postura del retorno a los orígenes del juego, y aquellos que consideran una tontería el arriesgar el evento deportivo más importante en el deporte estadounidense, un día en el que millones de dólares circulan vertiginosamente en torno al evento, a que un mal clima dé un resultado decepcionante.
Lo que es cierto, es que muchas de las más grandes historias que han hecho de la NFL lo que es, se han presentado en medio de condiciones inclementes.

HISTORIAS MEMORABLES
Hasta la fecha, la enorme mayoría de los Super Bowls se han jugado en el sur de Estados Unidos, para huir de los climas gélidos del norte durante el invierno. Los pocos que se han efectuado en el norte, se han realizado en ciudades con estadios techados (Detroit en dos ocasiones y Minnesota en una).
Sin embargo, antes de que existiera el Super Bowl, era costumbre que la sede del juego de campeonato de la NFL se alternara, un año en la sede del campeón de la Conferencia Este y otro en casa del monarca del Oeste, y ello dio lugar a grandes historias en partidos bajo clima hostil.
La primera se produjo el 9 de diciembre de 1934 en el Polo Grounds de Nueva York, en el juego que pasó a la historia como “El partido de los Sneakers”. 37 años antes de los Delfines de Miami, los Osos de Chicago iban en pos de la primer temporada perfecta en la historia de la NFL, y parecían destinados a lograrlo al tener una ventaja de 13-3 al entrar al último cuarto, sobre un campo congelado debido al aguaniev que cayó insistentemente sobre el Estadio en las horas previas al juego, Ante la falta de tracción, el coach Steve Owen mandó a su utilero a buscar tenis de baloncesto (sneakers) para suplir los tradicionales tachones al medio tiempo, y la diferencia en tracción resultó determinante para que los Gigantes anotaran 27 puntos sin respuesta en el cuarto final para llevarse la victoria por 30-13. Esos 27 puntos en un solo período fueron un récord de postemporada en la NFL, hasta que los Pieles Rojas de Washington anotaran 35 a los Broncos de Denver en el segundo cuarto del Super Bowl XXII, 53 años después.
El siguiente gran juego pasó a la historia como el “Blizzard Bowl”, efectuado el 19 de diciembre de 1948 en el Shibe Park de Filadelfia, bajo una ventisca de tal magnitud que incluso los aficionados y los jugadores tuvieron que ayudar a retirar la lona que amenazaba con salir disparada de las manos de los encargados del terreno debido a la fuerza de los vientos. Todos los intentos por remover la nieve para que por lo menos fueran visibles las marcas de yardaje fueron infructuosos, y los árbitros tuvieron que dirigir aquel partido como mejor pudieron. Esa vez repitieron los finalistas del año anterior, las Aguilas de Filadelfia y los Cardenales de Chicago, que un año antes se coronaron campeones en el Comiskey Park por 28-21. Esta vez el triunfo fue para las Aguilas, 7-0, con la única anotación marcada en el último cuarto por el primero corredor que hizo de la elusividad una herramienta indispensable para un corredor, el “Demonio de La Ceiba” Steve Van Buren. Más de 36 mil aficionados soportaron el clima para ver la primer coronación en la historia de sus Aguilas.
Fuera del frío en el Yankee Stadium, el clima fue bastante benévolo para la gran final celebrada el 28 de diciembre de 1958, pero el duelo entre los Potros de Baltimore y los locales Gigantes de Nueva York pasó a la historia como “El Juego más Grande jamás jugado”. En tiempo extra, con una carrera de una yarda de Alan Ameche y una actuación fenomenal del pasador Johnnny Unitas, los Potros dieron la campanada y vencieron a los locales por 23-17. Hasta la fecha, este partido se reconoce como el primer paso que llevó a la NFL, de ser una comparsa del futbol colegial, a transformarse en la industria deportiva más importante de los Estados Unidos.
El 30 de diciembre de 1962, los Empacadores de Green Bay derrotaron a los Gigantes por 16-7 para coronarse bicampeones de la NFL, en un juego que fue significativo por dos razones: fue la última final de futbol americano disputada en los confines del Yankee Stadium original, y también el primer partido documentado por NFL Films, que a la larga dotaría a esta liga de un acervo fílmico sin equivalentes en la historia del deporte mundial, y que hoy se reconoce como parte esencial en el éxito de la liga.
Con la llegada del Super Bowl, se cuidó más que las finales se celebraran en sedes de clima cálido, pero todavía se vivieron grandes partidos de postemporada disputados pese al clima.
¿Quién podrá jamás olvidar el “Tazón del Hielo”, celebrado el 31 de diciembre de 1967 en el Lambeau Field de Wisconsin, bajo un clima 20 grados centígrados más bajo que el de la Olimpíada de Invierno con más frío en la historia (Lillehammer ’94), y donde los Empacadores de Green Bay vencieron 21-17 a los Vaqueros de Dallas?
Recordamos también dos juegos de play-off en la temporada 1975-76. El primero en Minnesota, cuando los Vaqueros de Dallas le sacaron el juego de la bolsa a los Vikingos de Minnesota con el recordado “pase del Ave María” de Roger Staubach a Drew Pearson para un triunfo dramático por 17-16; una semana después, sobre una auténtica pista de hielo en el Estadio de los Tres Ríos, los Acereros de Pittsburgh superaron en un duelo de brutal golpeo a los Raiders de Oakland, 16-10.
También está el duelo divisional de la AFC, el 4 de enero de 1981, en el Estadio Municipal de Cleveland, cuando una pobre decisión de Brian Sipe permitió a los Raiders vencer a los Cafés por 14-12 para completar el “Milagro Plunkett” con la conquista del Super Bowl XV; cómo olvidar el “doble milagro” de Adam Vinatieri, con dos goles de campo increíbles bajo una ventisca brutal, el 19 de enero de 2002, para que los Patriotas de Nueva Inglaterra vencieran 16-13 a los Raiders y marcaran el inicio de su propia “época de oro”.
Ejemplos hay muchos más. Cierto, el clima hostil ha dado a la NFL gran cantidad de juegos “trabados” y poco espectaculares, pero no se puede negar que la nieve ha sido la esencia misma del futbol americano, parte insustituible de su grandeza.
Quienes tengan la oportunidad en ese aún lejano día, ¡prepárense y disfruten del juego!

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