martes, 11 de mayo de 2010

Atletismo: El contrataque de Graham

Tal interminables como parecen ser los casos de dopaje que siguen aflorando en diversas ediciones olímpicas, parecen ser las respuestas a varias de las sanciones que se han implantado respecto de los mismos.
Apenas ayer, en una corte federal de Carolina del Norte, el ex entrenador Trevor Graham presentó una demanda en contra de la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos (USADA), por un monto total de 30 millones de dólares. En respuesta a la sanción que la propia agencia le impuso con carácter de por vida para desempeñarse como entrenador atlético, debido a que varios de sus pupilos fueron involucrados en los casos de dopaje protagonizados por el tristemente célebre caso del laboratorio BALCO. Entre los nombres de tales pupilos figuran los de Marion Jones, C.J. Hunter, Justin Gatlin y Tim Montgomery.
En entrevista a la agencia internacional AP, Graham indica que la USADA “me suspendió sin concederme una audiencia y negándose a hacerlo”.
El entrenador de origen jamaicano agrega que la agencia “continúa destruyendo mi nombre ante la opinión pública como si yo hubiera sido encontrado culpable por la USADA, y hasta la fecha no se me ha encontrado culpable. [De hecho] No he sido procesado”.

¿BLANCO DE UNA VENGANZA?
Trevor Graham fue un destacado atleta en su natal Jamaica, llegando de hecho a ser parte del equipo olímpico que participó en los Juegos de Seúl ’88. Formó parte del relevo 4x400 que ganó la medalla de plata en esos juegos, participando de un heat eliminatorio y de la semifinal, pero no de la carrera definitiva.
Graduado del Colegio de San Agustín, en 1993 estableció “Sprint Capitol USA” en las instalaciones de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (NCSU), donde, además de los cuatro atletas arriba citados, forjó a otros destacados velocistas de Norteamérica y el Caribe, como Chandra Sturrup, Jerome Young y Antonio Pettigrew.
En junio de 2003, una jeringa fue mandada de manera anónima a la USADA. Al interior de la misma se encontraba un esteroide sintético llamado Tetrahidrogestrinona (THG), que desataría el más famoso caso en la historia de la lucha contra el dopaje en el deporte mundial. Tiempo después, se revelaría que fue Graham quien realizó el envío.
Tres años después, en julio de 2006, un entrenador asistente llamado Angel Guillermo Heredia declaró haber trabajado para Graham de 1996 al 2000 y ser él mismo quien le proveyó de sustancias dopantes ilegales. A fines del mismo mes, la Fedración Internacional de Asociaciones Atléticas (IAAF) ya amagaba con sancionar a Graham con una suspensión de dos años si la USADA no tomaba sus propias acciones. Apenas tres días después, el Comité Olímpico de Estados Unidos (USOC) determinaba vetar a Graham de acceder a cualquier instalación atlética bajo su jurisdicción, dado el elevado número de sus pupilos que habían dado doping positivo.
Casi dos años después, el entrenador fue encarcelado bajo cargo de perjurio ante investigadores federales, pero dos jurados no pudieron alcanzar un veredicto unánime respecto de su caso, por lo que fue sentenciado a un año de arresto domiciliario.
Hoy, Graham exige tan cuantiosa indemnización al no haber recibido una oportunidad de audiencia ante la USADA y ante la Asociación Americana de Arbitraje, hechos que niega la vocera de la agencia, Erin Hannan. “Este es obviamente otro intento del Sr. Graham para privar a atletas limpios de los limitados recursos de la USADA, al forzarnos a defendernos de esta demanda sin base alguna, de la cual ni siquiera hemos sido notificados”.
Desde su llegada al timón del Comité Olímpico Internacional (COI), el belga Jacques Rogge se ha propuesto imponer mano dura en contra del dopaje, lo cual sin duda es algo muy loable, pero es de reconocer que su deseo de “ejemplificar” su tesón, desde un principio lo llevó a pasar por alto procedimientos antes de establecer los nuevos mecanismos respectivos. Sin ir más lejos, durante la primer competencia mundial sancionada por Rogge, los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006, el dirigente reconoció haber retirado medallas a varios atletas por haber dado positivos de sustancias que todavía no se encontraban oficialmente dentro de la lista de sustancias dopantes del COI ni de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA).
¿Podrá ser el caso de Trevor Graham uno de esos en que los organismos internacionales y locales se preocuparon más por dar un ejemplo y sentar un precedente que por establecer un procedimiento adecuado?
Obviamente, aquí no tenemos las herramientas para establecer la razón de una u otra de las partes. Esperemos que, pese a las inconsistencias que ya plagan este proceso desde hace años, finalmente se llegue a conclusiones correctas y se castigue y exonere a quienes sea necesario para tratar de avanzar en la lucha contra el dopaje.

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