Hace unas horas, la Suprema Corte de los Estados Unidos falló a favor de una empresa llamada “American Needle” en contra de la Nacional Football League (NFL), en la cual buscaban dejar establecido que la liga debe verse como “una asociación no incorporada de 32 equipos de futbol americano profesional con propietarios independientes”, y no como una sola entidad, pidiendo que se declarara ilegal un acuerdo de exclusividad que la NFL tiene pactado con la famosa firma Reebok por 10 años, por un monto de 250 millones e dólares y que expira este año.
En primera instancia esto podría no parecer gran cosa, y de hecho podrían pasar muchos años más de pleitos legales antes de que esta situación pueda causar algún cambio significativo en la situación actual de la NFL, pero a futuro podría traer consecuencias que harían tambalear una estructura organizacional que ha distinguido a este circuito como un ejemplo no sólo dentro de los Estados Unidos, sino a nivel mundial, algo que resulta por demás extraordinario, si consideramos que nos referimos a una disciplina que, fuera de las tres naciones de Norteamérica, era prácticamente desconocida en el resto del mundo hace apenas 40 años.
DE LA “REGLA HALAS” A LA “ENMIENDA TAGLIABUE”
Un error común de ciertos sectores del poder judicial, es pretender juzgar ciertas cosas bajo un mismo rasero, cuando hay una historia detrás que debería considerarse en aspectos como el deporte.
Mucho se critica a la NFL de impedir que cualquier persona mayor de 18 años tenga total libertad de buscar una oportunidad de ingresar a la liga, como ocurre en el beisbol, sin ver el hecho de que el beisbol NO nació como un deporte estudiantil, a diferencia del futbol americano. Si el futbol americano hubiera buscado la consolidación del profesionalismo de la misma manera que el béisbol, la inmensa popularidad del futbol colegial a fines del siglo XIX y principios del XX habría matado, o por lo menos retrasado por varias décadas, el surgimiento del futbol americano profesional. Y tal vez habría nacido con un profundo cisma en el seno mismo del futbol universitario.
Del mismo modo, hasta la fecha, el beisbol universitario no tiene ni por asomo el mismo peso que tienen el futbol americano y el basquetbol en el ánimo de los aficionados y los medios de comunicación estadounidenses porque, seamos sinceros, aunque ellos mismos lo nieguen, el beisbol colegial carece del peso específico como semillero de las ligas profesionales que los otros dos deportes indudablemente poseen.
Fue por esa situación que el beisbol, y no el futbol americano, fue el primer deporte profesional que recibió una excepción a las reglas antimonopolio en el año de 1922, cuando el propietario de un equipo de una finada liga rival llamada la “Liga Federal”, perdió una demanda en contra de las Ligas Nacional y Americana. La NFL entonces tenía apenas dos años de existencia, y ocupaba minúsculos espacios en los medios de comunicación. Las ligas mayores encararon nuevas demandas similares en 1952 y 1972, y en ambas fue ratificada su excepción antimonopolio.
En 1925, luego de un escándalo por una disputa entre los Gigantes de Nueva York y los Osos de Chicago por la firma del primer gran estrella colegial que aceptó sumarse a la NFL, Harold “Red” Grange, la NFL estableció la llamada “regla Halas”, la cual estableció que un jugador universitario no podía ingresar a la NFL hasta haber culminado sus cuatro años de estudios universitarios, y en caso de renunciar a ellos, debía esperar a que su generación se graduara. Habría sido totalmente insano obligar al beisbol, con un sistema de ligas menores ya bien establecido a esas alturas, a tomar una medida de este tipo, pero para el futbol americano profesional, esa medida no sólo era importante, sino vital.
Sin embargo, esta ley tuvo el efecto colateral de que llegaran al futbol americano personas con un perfil de estudios mucho más elevado que en el beisbol. Mientras que los peloteros necesitaban buscar acomodo en ligas invernales de otros países para subsistir durante los recesos de temporada, el futbolista pasaba seis meses dedicado al futbol y otros seis en actividades para las cuales su universidad, al menos en teoría, lo había preparado.
Por supuesto, la NFL encaró el desafío de más ligas rivales que la MLB, pero en cierto sentido el respeto a la “Regla Halas” le valió un reconocimiento tácito como receptora de la excepción antimonopolio, el cual se consolidó con el acuerdo de fusión NFL-AFL, pactado el 8 de junio de 1966 y llevado a la práctica a partir de la temporada de 1970.
Ello empezó a cambiar cuando en 1990, para ganarse el respaldo de la Asociación de Jugadores (NFLPA), el aspirante a sucesor del Alto Comisionado Pete Rozelle, Paul Tagliabue, prometió relajar la regla y permitir que un jugador esperara tres años tras su salida de la preparatoria para llegar a la NFL, o recibir un permiso especial del Alto Comisionado para llegar antes, el cual por lo general sólo se otorga cuando el jugador ya ha completado sus estudios universitarios prematuramente, como fueron en su momento los casos del QB Bernie Kosar y del liniero defensivo Amobi Okoye.
En 2004 se produjo el caso de Maurice Clarett, quien tras un año como colegial buscó demandar a la NFL para acceder al draft. Su solicitud no prosperó, y su desastrosa vida personal terminó tras las rejas. Lamentablemente, hubo columnistas que acusaron a la NFL, la NCAA y hasta a la afición por la desgracia de Clarett.
Lo que nadie entre la prensa especializada del futbol americano en Estados Unidos quiere ver, es que por años casos como el consumo de mariguana de Bob Hayes y el escándalo de apuestas que involucró a Alex Karras y Paul Hornung en los 70s, fueron los más graves casos de “conducta en detrimento de la imagen de la liga” que la NFL encaró por décadas. Hoy son cotidianos, tanto en la NFL como en la NCAA, los casos de detrimento a sus imágenes no sólo como ligas, sino como instituciones.
Si la demanda que hoy enfrenta la NFL prospera en su contra, y los equipos reciben por separado la oportunidad de negociar su mercadotecnia por separado, la cual hoy concentran en la oficina del Alto Comisionado, ello significará la conformación de una élite como la que vemos en muchas ligas de futbol soccer del planeta, diseñadas para el lucimiento de entre dos y cinco equipos y el resto fungiendo como meras comparsas.
Digamos adiós al futbol americano en mercados como Green Bay, Jacksonville o incluso Nueva Orleáns, como ya sucedió en el beisbol en Brooklyn o Montreal, en el hockey sobre hielo en Hartford, Quebec o Winnipeg, o en el basquetbol en Seattle o Vancouver.
El futbol americano tuvo sus particulares orígenes que llevaron a su muy particular desarrollo. No es justo juzgarlo bajo el mismo rasero que al béisbol. Sí hay que vigilar su correcto y legal funcionamiento, de acuerdo, pero no forzarlo en un molde en el que no cabe.
Y además me pregunto, ¿por qué firmas como “American Needle” no tomaron en su momento el riesgo de unirse y apoyar ligas emergentes como la USFL? ¿Será por no querer tomar el riesgo de verdaderamente emprender, y en cambio tratar de arrebatar las rebanadas de un “pastel” más que probado?
lunes, 24 de mayo de 2010
NFL: Una pequeña derrota, ¿un gran cambio?
Etiquetas:
antimonopolio,
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