domingo, 30 de mayo de 2010

Gimnasia: ¿Hasta donde empujar?

Siempre será una cuestión muy subjetiva, y muy difícil de juzgar, más aún cuando las exigencias del deporte de alto rendimiento actual están demandando que los atletas de prácticamente cualquier disciplina se inicien desde cada vez más temprana edad.
Ello resulta particularmente cierto en disciplinas donde la flexibilidad juega un papel preponderante, como el patinaje artístico, los saltos ornamentales (clavados) o, en este caso, la gimnasia.
¿Hasta qué punto la motivación por llevar a un atleta al máximo de sus capacidades puede confundirse con la obstinación, o peor aún, la soberbia?
¿Hasta qué punto puede pedírsele a una muchacha que inició en el deporte a los nueve años de edad (o menos), que tenga la capacidad de saber cuándo decirle a sus entrenadores que no?
La difícil situación actual de la gimnasta británica en el retiro, Rebecca Owen, es hoy un recordatorio, para practicantes y atletas por igual, de qué tan delgada puede resultar esta línea.

NI OLIMPICOS NI MATERNIDAD
El pasado sábado Rebecca Owen, hoy de 23 años de edad, anunció que demandará a sus ex entrenadores, Colin Still y su esposa Christine, por las lesiones que la forzaron al retiro y que hoy la tienen padeciendo de severos problemas de espalda, que le impiden permanecer sentada o parada por largos períodos de tiempo.
El motivo principal de la demanda, se debe a que recientemente se le informó a la ex gimnasta que ha quedado permanentemente incapacitada para tener un parto natural.
“Esto ha arruinado mi vida”, comentó Owen al rotativo Daily Mail de Londres. “Siempre soñé con tener muchos hijos, pero incluso si pudiera llevar un bebé en brazos, y los doctores me han dicho que será muy doloroso, pues mi espalda está demasiado débil, no seré capaz de tener un parto natural. Y no sé cómo podría cuidar de un bebé, si agacharme y estirarme me es prácticamente imposible”, agregó.
Becky Owen fue una de las gimnastas más prometedoras del Reino Unido en su tiempo, en una generación que incluyó a la actual campeona mundial, Elizabeth Tweddle.
A los 11 años de edad, Owen sufrió una fractura por estrés en la espalda baja efectuando un ejercicio llamado “salto whip”, que la forzó a retirarse por completo del deporte por espacio de seis meses.
Sin embargo, y este es el meollo de su demanda, en cuanto regresó los entrenadores del equipo nacional británico, Colin Still y su esposa, la forzaron a incluir el mismo ejercicio en su rutina y a repetirlo de 10 a 15 veces al día.
“La gente habla con frecuencia de la manera en que se trata a las gimnastas en Europa oriental, pero aquí las cosas no son muy diferentes. Los niños son empujados más allá de sus límites y se les obliga a actuar bajo presión y dolor”.
Owen tuvo que retirarse del deporte competitivo en 2003, justo antes de buscar un lugar en el selectivo para los Olímpicos de Atenas 2004, para someterse a nueva operación de espalda.

HASTA EN LAS MEJORES FAMILIAS
Los esposos Still no son en absoluto coaches improvisados ni mucho menos. De hecho, Colin dirigió al equipo nacional del Reino Unido en las olimpíadas de Los Angeles ’84, Seúl ’88 y Barcelona ’92. Además de dirigir a País de Gales en los Juegos de la Mancomunidad Británica en 1998, y al de Escocia en 2002, año en que Owen ganó sus dos medallas de plata, en la prueba por equipos y en ejercicios a manos libres, para Inglaterra.
Por su parte, su esposa Christine dirigió a Becky Owen desde los 9 años de edad, como entrenador del Club Gimnástico Park Wrekin.
Un detalle notable que aparece en una biografía de la gimnasta, publicada en el sitio web “The British Gymnastics Net”, comenta que Becky no tenía la flexibilidad propia de una gimnasta con un elevado potencial de élite, pero que suplió esta carencia con determinación y temperamento.
¿Hasta qué punto esa determinación y temperamento impidieron ver a Becky Owen el ver que, por forzarse a ir más allá de sus límites para alcanzar a gimnastas de mayor flexibilidad natural, podría sufrir secuelas a largo plazo como las que vive actualmente?
Eso es algo que los médicos, y ahora los jueces, tendrán que determinar, pero es justo que los pequeños gimnastas del mundo, incluido nuestro país, y sobre todo sus padres de familia, tienen el derecho de conocer y sopesar antes de decidir hasta qué punto forzar a sus hijos dentro del alto rendimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Espero sus comentarios a las notas publicadas en este blog. Eso sí, espero que todo comentario sea efectuado con el mismo respeto que ofrezco en mis columnas, ya sea para las mismas o para los comentarios de otros visitantes. ¡Gracias de antemano por su ayuda!