Reconozco que he sido bastante crítico de la gestión de Jacques Rogge al frente del Comité Olímpico Internacional (COI) en cuanto a la aplicación de su plan antidopaje, pero también reconozco que, desde mi particular punto de vista, ha tenido grandes aciertos en sus intentos de evitar que el olimpísmo se convierta en una actividad restringida a un puñado de países que sean los únicos que puedan pagar los altos costos que la organización de una olimpíada implica.
Por ello me dio mucho gusto cuando Singapur fue designada sede de la Primera Olimpíada Juvenil Mundial; y más el día de hoy, al surgir la noticia de la inauguración del primer Centro Olímpico de Desarrollo Juvenil, primera etapa de un proyecto llamado “Deportes por la Esperanza”, que buscará fomentar el deporte en varios de los países más pobres del orbe, y cuya primera sede es la ciudad de Lusaka, capital de Zambia.
Si pobreza es lo que buscaba el COI, baste decir que, según cifras de la ONU, el 55% de la población de este país tiene que sobrevivir con un ingreso promedio menor a los 25 pesos mexicanos al día, pese a que este país es uno de los principales productores de cobre en el mundo.
Este centro requirió de tres años en su construcción y tuvo un costo de 10 millones de dólares. Fue construído en un terreno de 14 hectáreas donado por el gobierno que encabeza el presidente Rupiah Banda, e incluye instalaciones para la práctica del atletismo, basquetbol, boxeo, levantamiento de pesas, balonmano y hockey sobre pasto, además de un gimnasio de usos múltiples.
Ahora el reto será la correcta utilización de este centro para que no se convierta en un “elefante blanco”, según advirtió Patrick Chamunda, miembro del Comité Directivo del COI.
La actual titular del Comité Olímpico Nacional de Zambia (NOCZ), Miriam Moyo, señaló que la apertura de este centro debe constituir un parteaguas en la historia del deporte en su nación, y que en su país hay varios atletas con el potencial de ser medallistas olímpicos, pero que no han tenido las oportunidades adecuadas para desarrollar sus carreras.
“Es obvio que este centro ayudará a Zambia a mejorar sus posibilidades [de ganar medallas] en los Juegos de Africa, de la Mancomunidad Británica y Olímpicos”, agregó el presidente Banda.
En su historial olímpico, Zambia suma hasta la fecha únicamente dos medallas.
La primera de ellas fue de bronce, conseguida en Los Angeles ’84 por el boxeador Keith Mwila, quien en la categoría minimosca (menos de 48 kilogramos) derrotó al taiwainés Cheng Pao Ming y al japonés Mamoru Kuroiwa antes de caer en semifinales ante el italiano Salvatore Todisco.
La segunda medalla para la antigua Rhodesia del Norte fue ganada por el velocista Samuel Matete, quien obtuvo plata en los 400 metros con vallas durante la olimpíada de Atlanta ’96 con un crono de 47.78 segundos, a 24 centésimas del ganador, el estadounidense Derrick Adkins.
El deporte más popular del país es el futbol, pero éste sufrió un duro golpe en 1993, cuando varios integrantes de la generación futbolística más promisoria en su historia fallecieron en un accidente aéreo frente a las costas de Libreville, Gabón, el 28 de abril de 1993, mientras efectuaba un viaje con destino a Senegal, dentro de las eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos ’94.
Matete urgió a las nuevas generaciones de deportistas zambianos a hacer buen uso de las instalaciones y seguir el ejemplo de las generaciones anteriores, que prácticamente sin recursos lograron algunos éxitos resonantes. “Una instalación de este tipo impactará de manera positiva las vidas de nuestros jóvenes atletas que aspiran a ser los mejores. El entrenamiento y la exposición a la pista sintética serán una gran diferencia”.
Después de 19 años, Matete sigue en poder del récord africano de los 400 metros con obstáculos, implantado en Suiza en 1991, con un crono de 47.10 segundos; por cierto, en ese mismo año ganó la prueba en el Campeonato Mundial de Atletismo celebrado en Tokio, así que sin duda sabe de lo que habla.
Esperemos que este primer “piloto” del programa tenga éxito, para que el COI pueda seguir llevando este proyecto a otros países que realmente lo necesitan, y sobre todo, que las autoridades deportivas de nuestro país tomen conciencia de su responsabilidad y trabajen en serio, antes de que sea el COI el que tenga que venir a ponernos instalaciones deportivas aquí, algo que sería vergonzoso dados los recursos, infraestructura deportiva, potencial y afición de nuestro país.
jueves, 13 de mayo de 2010
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